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Postmodernidad: ¿Muerte o nacimiento del Quijote?

“En un mundo donde lo que cuenta es el resultado, los ideales caballerescos resultan ineficaces y se proclama que su valor es una ficción….Don Quijote grita la imposibilidad de vivir sin sueños”

Alicia Susana Montes de Faisal

(“El texto como fuente de goce y apertura”)

Cuando uno se asoma, aunque sea brevemente al mundo del Quijote no puede evitar una serie de reflexiones, un montón de preguntas retóricas que van y vienen sin encontrar soluciones, al contrario, son interrogantes casi dolorosos.. tan dolorosos como este mundo postmoderno en el que nos encontramos “deliciosamente”atrapados. Estamos en una época finisecular, al borde del tercer milenio, rodeados de shoppings, de dinero al instante (tarjeta de por medio), de eterna belleza y juventud de acuerdo a lo que reza la publicidad nuestra de cada día, casi un Paraíso, sin embargo en el fondo todos sabemos que detrás de esa felicidad light el individuo se halla fundamentalmente solo entre otros individuos; que ésta no es más que una realidad que se volatiliza, que pierde sus contornos nítidos, que se mediatiza confundiéndose con la visión distorsionada que crea la informática y la televisión y que en el fondo de toda esta sofisticada escenografía nos encontramos metidos en una severa CRISIS y mucho más grave de lo que podemos suponer porque se encuentra muy bien enmascarada. Al menos la generación de nuestros padres (Jóvenes del Mayo Francés, admiradores de los Beathes, o ávidos “arreglamundos” desde la mesa de un café de la calle Corrientes) tenía una ilusión pero nosotros qué…

¿Cómo se relaciona todo lo dicho con el CABALLERO DE LA TRISTE FIGURA?

¿Acaso nuestro mundo actual no tiene algunas semejanzas con la España de Cervantes de hace casi cuatrocientos años atrás? En algún punto se nos ocurre que es así, por eso la frase de Susana Montes nos arrojó en esta suerte de comparaciones…¿Qué haría hoy Don Quijote en la Argentina de los noventa?

Analicemos un poco la España cervantina. En efecto, se trataba de una época en la que, como hoy, poco quedaba del generoso entusiasmo de las generaciones precedentes, quienes habían expulsado a los Moros, unificado la Península y descubierto América, convirtiendo de ese modo a España en reina del viejo Continente, claro que todo ese apogeo había ido declinando, así del brillante reinado de Carlos I, el reino en donde nunca se ponía el sol, se pasó al reinado de Felipe II y luego al opaco reinado de Felipe III , poco antes de que Cervantes publicara su libro en 1605. Pero el autor del Quijote no sólo vivió en una época de fuerte desilución sino que tuvo además razones estrictamente personales para sumergirse en ella. Permítasenos recorrer algunos momentos claves de su vida que sirvan para corroborar nuestra idea.

Nacido durante el declinante esplendor del reinado de Carlos V, educado en una España que conservaba todavía vestigios del humanismo de Erasmo, seducido por la gloria de la Italia del XVI, presente en el triunfo de la Cristiandad sobre los Turcos en Lepanto y plenamente consciente de su propia capacidad, lejos de ser reconocido y premiado fue bastante maltratado por la vida.

Recordemos, por ejemplo, que las cartas elogiosas de sus superiores por heroísmo en Lepanto le valieron el encarcelamiento y trabajos forzados en Argel, donde fue hecho cautivo por piratas que exigieron un rescate altísimo ya que suponían que el genial escritor era una pieza política clave. Al recuperar su libertad un gobierno indiferente lo recompensó no con un alto puesto administrativo como era de esperar (y como el propio Cervantes esperaba) sino con un cargo administrativo menor. No sólo su carrera, también su vida doméstica se vio afectada. Por otra parte, sus obras teatrales iban a ser eclipsadas por la obra del increíble Lope de Vega. En medio de todos esos tropiezos Cervantes creará al inmortal Don Quijote, que se convertirá en algo parecido a un “Best-seller”; claro, que lamentablemente según cuenta la historia literaria los bolsillos de Don Miguel no fueron precisamente los que se vieron beneficiados por las ventas…

Cuando entramos en contacto con Don Quijote no se nos ocurre ni por un momento que estamos frente a un HEROE, a un caballero todopoderoso, al contrario, nos sentimos frente a un simple hidalgo de mediana edad, ni príncipe ni villano, natural del centro de España, nos sentimos frente a un hombre común, hasta que como sabemos “del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio”… quien sabe si nosotros, hijos de la informática al fin, no terminaremos del mismo modo que Don Quijote tanta INTERNET y REALIDAD VIRTUAL de por medio, quién sabe si nosotros no tendremos que salir a buscar a un Sancho que nos ayude a encontrar los ideales perdidos en un mundo seco de valores e ilusiones…

Hablando de Sancho, ¿Es realmente la figura opuesta al Quijote?¿Todo lo idealizado pertenece al caballero de la triste figura y todo lo realista, prosaico y práctico está resumido en la figura de Sancho?

¿Si nuestro práctico amigo Sancho hubiese sido tan pragmático como dicen, se hubiese aventurado a correr toda clase de aventuras al lado de Don Quijote? Seguramente, no.

Aún Sancho Panza, tan lejos de la “onda diet”, quién seguramente sería discriminado por estar lejos de la anorexia, nos muestra la necesidad de construir un sueño a través del gobierno de la ínsula, ¿Acaso nosotros no necesitaríamos volver a creer aunque sea por un día que el mundo puede cambiar a pesar de la fuerte corrupción? Si reflexionamos sobre los personajes cervantinos comprenderemos que no se trata de seres marginales como lo era por ejemplo el Lazarillo, o un hippie de la década de los 60, o un revolucionario de los 70, se trata más bien de hombres comunes con un común denominador: la ausencia de un sueño, la imperiosa necesidad de fabricarlo cueste lo que cueste. En realidad si lo pensamos detenidamente las cosas fueron más complicadas para Sancho que para el Quijote, ya que este último apeló a su propia locura generada por el exceso de lectura pero Sancho ni siquiera sabía leer, de manera tal que buscar otra realidad dentro de los que nos ofrece la cotidiana realidad no debe haber sido nada simple. Tomemos el conocido episodio de los molinos de viento por ejemplo. El ingenioso Hidalgo pudo consolarse persuadiéndose de que un mago envidioso había convertido los gigantes en molinos:

“El mismo sabio Frestón que me robó el aposento y los libros ha vuelto estos gigantes en molinos para quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene, más al cabo han de poder poco sus malas artes contra la bandad de mi espada…”

Frente a esta realidad Sancho pudo haber salido corriendo, sin embargo decide permanecer al lado del Quijote venciendo todas sus dudas racionales y aceptando lo que el Hidalgo dice. Más que oponerse estas figuras parecen complementarse, en una compleja realidad, después de todo ni siquiera en el cibernético mundo de hoy nadie es absolutamente materialista, ni absolutamente idealista, salvo algún robot o algún ángel (Si es que existen de verdad)…

W. Allen, brillante como siempre, en “LA ROSA PURPURA DEL CAIRO” nos muestra las contradicciones entre la ficción y la realidad, Borges nos quiere hacer creer muchas veces (tal vez infinitas veces) que no somos otra cosa que el producto de la afiebrada mente de un Ser que nos piensa (acaso somos todos personajes de la increíble y ominosa historia de la Humanidad), Cervantes mucho, pero mucho antes intentó hablarnos, a través de sus personajes de la dualidad humana…

A pesar de todo, de este siglo XX que llega a su fin, de los valores perdidos, del dinero plástico y de los controles remotos, mientras exista un solo hombre existirá el maravilloso sueño de correr sin más detrás de los gigantescos molinos de viento y gracias a ese gesto los QUIJOTES nunca morirán… en buenahora!!!

Lic. Estela Quiroga

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