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Posts Tagged ‘psicoanalisis’

La importancia del vínculo fraterno

abril 25, 2008 2 comentarios

por Lic. Danie A Fernández

En la clínica psicoanalítica, frecuentemente, se hace gran hincapié en los vínculos parentales. Sin embargo muchas veces se comete el grave error de descuidar otro tipo de vínculo igual de trascendente: el vínculo fraterno. Y es debido a la profunda relevancia de dicho vínculo que resultaría conveniente, al menos en parte, hacer ciertas menciones al respecto.
En principio, podemos recordar que ya desde los tiempos primordiales de la Biblia, los padecimientos de José (hijo predilecto de Jacob) por causa de sus hermanos nos dan muestra de un exceso de celos fraternos y de sus severas consecuencias. Y justamente Freud (1939/1997) hacía referencia a la saga de José, poniéndola de ejemplo para hacernos notar hasta qué punto podían conducir los celos entre hermanos. También el mito de Caín y Abel es otro ejemplo bíblico de un vínculo fraterno trágico. Y sobre este mito, Aguinis M. (1988 citado en Kancyper, 2004) reflexiona que ha sido objeto de estudios a lo largo de innumerables generaciones no sólo por sus enseñanzas o por la turbación que produce, sino también por los enigmas que encierra. Podríamos pensar que, tanto el caso de José y sus hermanos como el ejemplo de Caín y Abel, son muestras claras de lo que afirma Kancyper L. (2004) al decir que los resentimientos que surgen a partir de la dinámica vincular fraterna suelen tener tal relevancia en algunos sujetos, que hasta pueden determinar, en gran medida, el destino de sus vidas y de sus descendientes.
Por lo hasta aquí expresado, no es difícil entonces suponer la existencia de un complejo fraterno. Recordemos que por complejo se entiende un «conjunto organizado de representaciones y de recuerdos dotados de intenso valor afectivo, parcial o totalmente inconscientes» (Laplanche J. & Pontalis J., 1993, p. 55). Y Kancyper (2004) se ocupará del estudio del complejo fraterno y lo definirá como un «conjunto organizado de deseos hostiles y amorosos que el niño experimenta respecto de sus hermanos» (p. 243). Este complejo mencionado tiene fundamental importancia sobre la estructuración de la vida psíquica, dado que suele recubrir parcial o totalmente la estructura edípica, generando confusión, superponiendo roles y, como consecuencia, perturbando gravemente al proceso de la identidad. No se trata de declarar la caducidad del complejo de Edipo, que constituye el complejo genuino de la neurosis. De lo que se trata, más bien, es de descomprimir este último y articularlo con las especificidades de las estructuras narcisista y fraterna. Entre estas tres estructuras, se trama una combinatoria singular y original que determina en cada sujeto la plasmación de una irrepetible e inacabada identidad. Podríamos decir que el complejo fraterno y el edípico se articulan y refuerzan entre sí. Laplanche (citado en Kancyper, 2004) anuncia que el triángulo de rivalidad fraterna está conformado por el niño/a, los padres y el hermano/a (mientras que el triángulo edípico está formado por el niño/a, el padre y la madre), y refiere a que no debe ser considerado cronológicamente anterior al triángulo sexual del Edipo.
Dando cuentas del complejo fraterno, Kancyper (2004) explica cómo el hijo preferido se convierte en un injusto hermano usurpador, pues monopoliza las mejores condiciones del medio familiar al apoderarse del sector más valioso del proyecto identificatorio parental. Esta situación desencadena sentimientos de rivalidad, celos y envidia (estructura que nos remite nuevamente al relato bíblico de José y sus hermanos). Instala, además, al hermano desposeído en el lugar de un rencoroso ciudadano de segundo grado, al que injustamente le han sido cercenados los derechos y las posibilidades de desarrollo por culpa del hijo elegido. Desde este indigno lugar, el hermano damnificado extrae un autolegalizado derecho a la represalia sobre el hermano beneficiado. Ese lugar le concede un incuestionable sentimiento de superioridad para punir y atormentar. A su vez, el hermano preferido padece de sobresaltos, de remordimientos, como consecuencia de los reproches proferidos por el hermano injuriado (en la realidad material) y por sus propias fantasías furtivas.
La protesta fraterna, que para Kancyper (2004) consiste en una agresión franca y un rechazo indignado por parte de un hermano hacia otro (quien según el primero estaría ocupando injustamente un lugar más favorecido), se puede entender desde la lógica del narcisismo. Es decir que el hermano que se cree damnificado no oculta su hostilidad, sencillamente, porque la presencia del otro es vivida como la de un rival e intruso que atenta contra la legitimidad de sus derechos. Y esta rivalidad entre hermanos tiene tal relevancia, que ya Freud (1920/1997) en «Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina «consideró que podía, incluso, influir en la determinación de la elección de objeto sexual y en el ámbito de la elección vocacional.
El complejo fraterno al que hace referencia Kancyper (2004) cumple con cuatro funciones íntimamente relacionadas:
Función sustitutiva: Esta función se presenta como una alternativa para reemplazar y compensar funciones parentales fallidas. Esta función sustitutiva ya la describe Freud (1916/1997) en «Desarrollo de la libido y organizaciones sexuales», donde pone de ejemplo al niño que toma a la hermana como objeto de amor en sustitución de la madre, debido a que esta última le sería infiel con el padre. Y también Freud, en ese mismo texto, ejemplifica la función sustitutiva al explicar cómo una niña puede encontrar en el hermano mayor un sustituto del padre (quien ya no se ocupa de ella con la ternura de los primeros años), o cómo puede esa misma niña tomar a un hermanito menor como sustituto del bebé que en vano deseó del padre.
Función defensiva: Esta función se manifiesta cuando el complejo fraterno encubre situaciones conflictivas edípicas y/o narcisistas no resueltas. En muchos casos, sirve para eludir y desmentir la confrontación generacional, así como para obturar las angustias. Esta función defensiva se ve facilitada por el desplazamiento. Y defiende de las angustias y sentimientos hostiles relacionados con los progenitores, justamente, porque dichas angustias y sentimientos son desplazados sobre los hermanos.
Función elaborativa: Esta función actúa colaborando en la elaboración del complejo de Edipo y del narcisismo.  Así como el complejo de Edipo pone límite a la ilusión de omnipotencia del narcisismo, también el complejo fraterno participa en la tramitación y el desasimiento del poder vertical detentado por las figuras edípicas. El sujeto que permanece fijado a traumas fraternos, no logra una adecuada superación de la conflictiva edípica y permanece en una atormentada rivalidad con sus semejantes.
Función estructurante: El complejo fraterno cumple un papel estructurante en la organización de la vida anímica del individuo, de los pueblos y de la cultura. Influye sobre la génesis y el mantenimiento de los procesos identificatorios en el yo y en los grupos, en la constitución del superyó e ideal del yo, y en la elección del objeto de amor.

Cada hermano, desde su diferente lugar en el orden de nacimiento, porta además diversas protestas fraternas. Incluso en la observación cotidiana, se detecta cómo el anuncio del nacimiento de un hermano provoca una súbita herida narcisista acompañada de encarnizadas protestas y rivalidades. Esa posición que ocupará el niño dentro de la serie de nacimientos guarda tal trascendencia, que ya Freud (1916 citado en Kancyper, 2004) señalaba que dicha posición era un factor relevante para la conformación de la vida ulterior y que siempre era preciso tomarla en cuenta en la descripción de una vida. También Adler A. (citado en Coscio y Sánchez, 1999) opinaba que el orden y la relación con los hermanos en la constelación familiar, eran factores que influían en el desarrollo del carácter y generaban conflictos debido a la lucha por el poder dentro de la familia.
Acerca del primogénito, Kancyper (1989) dice que «es el primer heredero que anuncia la muerte a la inmortalidad de su progenitor y sobrelleva una mayor ambivalencia y rivalidad por parte del padre» (p. 35). Este padre, a través del primogénito, procuraría según Kancyper (2004) recuperar el estado llamado de omnipotencia del narcisismo infantil. Investiría así a ese primogénito como su doble especular, ideal e inmortal. Se le adjudicarían a dicho hijo identificaciones preestablecidas, mientras que sobre el segundo hijo recaerían idealizaciones menos directas y masivas e identificaciones menos precisas. Se podría pensar, entonces, que esas diferencias entre el primogénito y los hermanos subsiguientes generarían inevitablemente entre ellos recíprocas rivalidades. Y la rivalidad que suelen manifestar los primogénitos con los hermanos subsiguientes, podría deberse a que consideran a estos últimos intrusos, dobles consanguíneos que intentan destronarlo. Adler (citado en Coscio y Sánchez, 1999) se refiere al primogénito como al «príncipe heredero» que, como tal, estructura rasgos conservadores como forma de asegurarse un lugar frente al peligro de su posible suplantación por los hermanos.
La clínica psicoanalítica revela que, con gran frecuencia, suele ser el hermano menor el que intenta descubrir, conquistar y cultivar los nuevos territorios; mientras que el hermano mayor suele asumirse como el epígono de la generación precedente, sobrellevando el ambivalente peso de actuar como el continuador y el defensor que sella la inmortalidad de sus predecesores (Kancyper, 2004). El hijo mayor suele ser identificado, desde el proyecto identificatorio parental, como el destinado a ocupar el lugar de la prolongación y fusión con la identidad del padre. Esta identificación es inmediata, directa y especular. El hijo mayor se encuentra programado como aquel que llega al mundo para resanar las heridas narcisistas del padre y para completarlo; el hijo menor, en cambio, para nivelar la homeostasis del sistema materno. La experiencia psicoanalítica nos enseña que la rígida división del «botín de los hijos», ofrendados como meros objetos para regular la estabilidad psíquica de la pareja parental, es punto de severas perturbaciones en la plasmación de la identidad sexual y en el despliegue de los procesos sublimatorios en cada uno y entre los hermanos. En el caso del hermano menor, el recorrido identificatorio genera un trabajo adicional, acrecentándose una bisexualidad que puede llegar a ser sublimada para dar lugar a la creatividad. El hermano menor generalmente es eximido de ser el portavoz y garante responsable de la tradición familiar imperante. Mientras él suele ser el cuestionador y el creador, el primogénito suele ser el conservador.
En relación ahora a los mellizos, Kancyper (2004) argumenta que tal condición tiene una potencialidad traumática, la que determina a su vez conductas particulares entre los hermanos y en la dinámica de los progenitores hacia ellos. La condición de ser mellizo se convertirá efectivamente en trauma en la medida en que el niño y sus padres no la puedan tramitar. Y en cuanto a los gemelos, el autor antes mencionado expone una argumentación original al afirmar que en éstos, al menos en muchos casos, existe la fantasía relacionada con la existencia de un solo espacio, de un solo tiempo y de una sola posibilidad para dos. Es decir que, según esta fantasía, existe por ejemplo una sola carrera profesional, una belleza excluyente, una sola posición económica y social. Y siguiendo esto, podríamos suponer que: si una hermana gemela es madre, la otra sólo será tía; si una es inteligente, la otra es tonta; si una es linda, la otra es fea; si una es rica, la otra es la pobre; etc. Por otra parte, Kancyper agrega que la clínica de las relaciones fraternas, sobre todo de los gemelos, ilustra la dialéctica del Amo y el Esclavo de Hegel, en la cual un hermano es necesariamente dominado por el otro, el dominante. Dice el autor que, aquel que domina se preocupa por el otro, tiene mayor necesidad de ese otro (al que domina) y es a menudo eso lo que le resulta intolerable, y que en cambio el dominado puede prescindir del dominante y se adecua a tal situación.

BIBLIOGRAFÍA:

·    American Psychological Association. (2001). Publication manual of the American Pshychological Association (5th ed.). Washington, DC: Author.
·    Coscio, R. & Sánchez, J. (1999). Manual de Psicología. Buenos Aires: Tyché Ediciones.
·    Freud, S. (1997). Lección XXI – Desarrollo de la libido y organizaciones sexuales. En L. López Ballesteros (Trad.), Obras completas (Vol. 17, pp. 2322-2323). Buenos Aires: Editorial Losada. (Trabajo original publicado en 1916).
·    Freud, S. (1997). Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina. En L. López Ballesteros (Trad.), Obras completas (Vol. 12, pp. 2545-2561). Buenos Aires: Editorial Losada. (Trabajo original publicado en 1920).
·    Freud, S. (1997). Moisés y la religión monoteísta. En L. López Ballesteros (Trad.), Obras completas (Vol. 24, pp. 3241-3326). Buenos Aires: Editorial Losada. (Trabajo original publicado en 1939).
·    Kancyper, L. (1989). Jorge LuIs Borges o el laberinto de Narciso. Buenos Aires: Editorial Paidós.
·    Kancyper, L. (2004). El complejo fraterno. Buenos Aires: Grupo Editorial Lumen.
·    Laplanche, J. & Pontalis, J. (1993). Diccionario de psicoanálisis. Barcelona: Editorial Labor.
ILUSTRACIONES: Tiziano y William Blake

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Quién es yo?

poor Lic. Waldo García

 

Muchos pensadores, investigadores de las ciencias del hombre, han intentado a lo largo de la historia, responder esta pregunta. Así, el yo quedaba situado como una entidad a priori, íntegra, fuerte, libre de conflicto, destacándose por ejercer funciones adaptativas: percepción, memoria, lenguaje, examen de realidad, etc. Leer más…

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Los cien años de Drácula : de la literatura al cine

enero 27, 2008 1 comentario
por Lic. Waldo García

En el mes de junio se cumplieron cien años del nacimiento de Drácula, que a pesar de que fue muerto con una estaca en el corazón, siempre retorna con la misma atracción del siglo pasado. las ediciones se siguen reproduciendo, para pasar a ser una obra clásica universal e inmortalizada por el cine.
Debido a que el personaje Drácula ha cobrado vida propia, ha oscurecido la extraordinaria y sólida narrativa desarrollada por Bran Stoker. Tal es el caso de las quince obras más que ha escrito y han pasado al olvido. Leer más…

Donde Drácula era, Edipo ha devenido

 por Lic. Waldo García

DRACULA- YO IDEAL Existe desde hace muchos siglos mitos y leyendas referidas al vampirismo, entre los cuales, Drácula se ha convertido en un mito universal contemporáneo que acaba de cumplir cien años. Mito que siempre regresa, creando renovada fascinación, que le permite ser inmortal. Leer más…

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El inconciente en Freud y Lacan….una introducción

enero 27, 2008 3 comentarios

por Lic Waldo García

El presente artículo es un breve recorrido en Freud y Lacan sobre el concepto del inconsciente. Tengo presente que este concepto aislado de los otros conceptos fundamentales del psicoanálisis, se ve limitado en su entendimiento. Pero en sucesivas entregas serán desarrollados con mayor profundidad.


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¿Cuándo la clínica es psicoanalítica?

por Lic.Marta Toppelberg


Cuestionados una vez más por la pregunta precedente creemos conveniente una respuesta que ignore los sobreentendidos y los “ya sabidos”.
Desde esta postura decidimos efectuar un retorno al origen y aún sin llamar a este artículo “Lacan y su propuesta ética”  nos disponemos a escuchar a partir de la caja de resonancia de sus palabras  la propuesta freudiana.

Decir clínica psicoanalítica remite inmediatamente a pensarla en relación a la clínica psiquiátrica, con la que a veces aparece superpuesta o disputándose el campo de la psicopatología. Freud las llamó alguna vez dos ramas de la medicina (1).
Convengamos que son dos actitudes ante el paciente sí, pero… ¿decir paciente implica siempre medicina?
Intentaremos ver en acción el dispositivo de cada una de ellas en el movimiento original que la funda y la recrea en su perduración, para lo cual los introducimos en escenas, imágenes, ámbitos.

1 –  EL CASO
a)  Hospital. Tal vez psiquiátrico. Enfermedad y caso, el de la cama número tal o cual; la enfermedad se halla cifrada en ese enfermo. La mirada que lo recorre se desea potencialmente pura de otros procedimientos dándose  como la  dimensión perceptiva que transparenta la relación que estructura la práctica clínica médica. La mirada ve, muestra, describe, y alcanza la verdad cuando encuentra el nombre diagnóstico que anota, y todos, absolutamente todos los que saben, coinciden en cuanto a lo que comprenden.
¿Qué signos y síntomas presenta el enfermo que señalen la enfermedad?. La enfermedad es es una esencia, una entidad anterior e independiente del paciente, accidente en que ésta se deposita.
b) Un pequeño espacio privado. Dos personas conversan.
“… no debe Ud. estar preguntándome siempre de dónde viene ésto y aquello, sino dejarme contar lo que tengo para decirle”(2).
Es Emmy de N. quien le dice esto,  Freud entonces  calla y escucha permitiendo que su paciente le asigne su lugar como primer psicoanalista. ¿Qué caso se ofrece allí al desciframiento? ¿Debe cumplirse a partir de la escucha una actitud objetivante, con descripción formal de las perturbaciones psicopatológicas?
El hecho de que un analista haya debido analizarse nos habla de algo más complejo a tener en cuenta antes de que sea posible descifrar y coleccionar datos en el ejercicio del psicoanálisis.
Pero, detengámonos un momento en una previa descripción necesaria.

2 –  DISPOSITIVO DE LA CLÍNICA PSIQUIÁTRICA
Señalemos los principios directrices que estructuran la toma de su objeto y sin dudarlo nombremos a Pinel.
Dentro del movimiento de la Ilustración, Pinel se aproxima a los sensualistas que  piensan que la observación empírica es la base del conocimiento siendo nuestra percepción misma el signo de las cosas existentes. Aplicamos al prójimo, que constituye un objeto más, el mismo método. Luego, se agrupan los materiales brutos de la percepción, y se clasifican, evitando introducir prejuicios subjetivos. Las categorías así obtenidas reciben un nombre, el diagnóstico, lo que les da posibilidad de existencia científica. Un aforismo de Condillac, principal exponente de esta corriente, dice así:  la ciencia no es mas que una lengua bien hecha. Debe haber un pasaje de la intuición empírica al lenguaje por medio de la palabra adecuada  que nombra a la enfermedad.  Si la estructura enunciable funciona correctamente estará nombrando lo que se le presenta de lo real. Si bien la esencia última de las cosas es incognoscible, los fenómenos perceptibles son paralelos a ella, y por lo tanto fiables para guiar una praxis.
Cómo se designa quien es el enfermo, objeto de tan cuidadosa mirada?. La locura, el loco, que planteaban problemas a la sociedad a fines del siglo XVIII por primera vez tienen lugar propio donde ser escuchados, cumpliéndose la paradoja de que allí lo que se les dedica es la observación. El conjunto de la sociedad delega en la institución psiquiátrica la gestión dirigida a reducir y sanar la locura. Un replanteo de los valores y la redistribución del espacio social de la época determinan al objeto de la institución y de los tratamientos, que en realidad no se diferenciaban mucho de los correccionales en boga.
Este objeto es determinado por un recorte que le es extrínseco, siendo una especie de inventario donde tiene lugar todo lo que es incomprensible para sus contemporáneos desde el punto de vista del comportamiento. Lo comprensible pertenece al campo de la psicología  o a la sociología, lo incomprensible es destinado a la psiquiatría.
La curación será ser como el médico o como el vigilante, que haya acuerdo en el comportamiento observable con cierto tipo social comprensible y con los valores que la sociedad propugna. Por medio de la institución psiquiátrica como agente terapéutico, se debe subyugar y domar al alienado a fin de obtener la corrección de las percepciones que produjeran la enfermedad.
Sintetizando, Pinel propone una observación del objeto que conduzca a una clínica creadora de un lenguaje, intentando fundar una praxis que opere por recubrimiento de lo real a partir de grandes grupos nombrables en función del comportamiento observado y haciendo posible la lectura de un texto escrito que evoque en forma inmediata los fenómenos que nombra, sin el deslizamiento de sentido de la lengua vulgar.
Esta idea médica,  que propone que no debe haber deslizamiento de sentido, nos permitirá pensar un pequeño ejemplo analítico con la finalidad de comparar ambos dispositivos.

3 – EL PSICOANÁLISIS
Tomamos  Freud, en el capítulo segundo de la “Psicopatología de la vida cotidiana”. Allí relata un caso de olvido de palabra extranjera, dirá “de un vocablo no sustantivo en una frase latina”, dejando aclarado desde el comienzo, que no es la función referencial a las cosas de la realidad la que determina  el fallido. Dialogando con Freud, Lacan propone que  ninguna significación se sostiene si no es por la referencia a otra significación (4). Estas significaciones se producen por el propio juego del lenguaje y si  aliquis fue la palabra escamoteada debemos preguntarnos a qué valores se hallaba ligada.
Freud describe las circunstancias del caso. Estaba conversando durante sus vacaciones con un joven conocido, llamémoslo “Equis”.  De pronto, en el transcurso de un relato, este quiere citar a Virgilio pero se produce el olvido de una palabra y un efecto de notoria laguna.
El “caso” es el olvido (y no Equis mismo), tal como Freud lo presenta: un solo análisis de un caso de olvido de palabra extranjera. Y agrega “un pequeño suceso” que ocurre precisamente ante él, cuya sapiencia era conocida por su interlocutor, que había leído algunas de sus publicaciones psicológicas. Las quejas del joven acerca de las dificultades con que se encuentran los judíos de su generación, comienzan a desgranarse ante Freud, que evidentemente sabe de fallidos y probablemente también de las dificultades de ser joven y judío.
Equis olvida la palabra aliquis, e incómodo dice a este semejante algo sabio que no ponga cara de burla “como si estuviera Ud. gozándose en mi confusión”. Pide “ayúdeme un poco, algo falta en el verso que deseo recitar, ¿puede Ud. decírmelo completo?” Algo de la transferencia está instalado.
Freud  recita el verso de Virgilio: Exoriare aliquis nostris ex ossibus ultori…alguien vendrá desde mis huesos a vengarme. Al escucharlo, el joven reconoce la palabra olvidada.
¿Qué hace Freud cuando el joven manifiesta desear  conocer el origen de su olvido?. Le dice que lo van a averiguar enseguida, validando así su autoridad en la materia y su creencia en el determinismo psíquico. Inmediatamente invita “comuníqueme Ud. todo lo que se le ocurra”… hable.  Declarada la caducidad del ojo clínico o de la mirada diagnóstica, la clave buscara se jugará en la palabra, pero en la de quien cometió el fallido.
Equis comienza a asociar, se interrumpe y pregunta a Freud “qué hace Ud. con ese dato?” Freud responde “por ahora esperar”, o sea “siga hablando, siempre siga hablando”.
Cuando la resistencia comienza a insinuarse Equis dice   “esto es una ridiculez, no tiene conexión con nuestro tema”… etc. Freud acota “prescinda de toda crítica y siga hablando”. Señala la resistencia sólo con el objeto de reenviar el discurso. Resistencia que, finalmente aparece como una alusión transferencial: “la semana pasada en mi viaje (viajaban ahora también) encontré a un anciano arrogante, un verdadero original, un ave de rapiña”. Freud, lejos de ofenderse remite a lo que ha escuchado, articulando y transformando la palabra “original”, que el joven acababa de decir, en Orígenes, con mayúscula. Y dice entonces, retomando datos anteriores del discurso del sujeto, “padres y santos de la iglesia… que además son nombres propios”.
Más adelante llega Equis a algo demasiado íntimo, sorprendiéndose en alguna idea inesperada, se interrumpe y protesta que no ve la conexión que pueda tener esto con lo que están buscando.  Freud con firmeza valida su función: “ el buscar la conexión es cosa mía ” y agrega  que él no puede obligar a nadie acontar lo que le resulta doloroso de transmitir, por ser demasiado íntimo,pero “entonces no me pida que le ayude a averiguar por qué olvidó ud. la palabra aliquis”
Ya no quedan dudas, a boca cerrada enigmas que no se resuelven. El joven se decide, continúa y Freud produce la clave: su acompañante teme que la señora con la que tuvo relaciones sexuales esté embarazada, ésto determinó su olvido.
Equis pregunta cómo ha podido adivinarlo.  Freud responde, reordenando  sin agregar nada, validándolas, las palabras dichas por Equis en asociación libre, e incluso le aclara que él mismo le preparó muy bien el camino. Las palabras adquieren su dimensión de acto de denuncia, espacio de manifestación del Inconsciente, pensamiento, gedanken, aquello que el sujeto reconocerá como suyo pero habiéndolo olvidado. Estas representaciones se conocen por los efectos con que se nos han anunciado, por ejemplo, el olvido mencionado.
Freud agrega aún algo: la palabra aliquis, escamoteada, remitía en las asociaciones a líquido, licuefacción de la sangre, Milagro de San Genaro, el de la licuefacción de la sangre, sangre tan esperada… y dice a su acompañante: “ ha transformado Ud. el milagro de San Genaro en un magnífico símbolo del período de la mujer”. A partir del análisis del olvido se vehiculiza ésto que ubicamos como símbolo y produciéndose en el mismo trabajo analítico. Descubre un simbolismo singular referido a un pequeño suceso, una nimiedad.

4 – ALGUNOS MOJONES DEL DISPOSITIVO ANALÍTICO
Los puntuaremos tal como pueden reconocerse en “Aliquis”, destacando que  saber constituído, teoría, técnica y clínica analítica provienen de esa configuración.
En primer lugar, se trata de práctica privada, dos personas. Si se intentara un reconocimiento clínico, con observación compartida, no habría ni una palabra de parte del sujeto.
Además Equis formula el pedido inicial referido por un lado al estatuto de sujeto supuesto al saber personificado en Freud, y por otro lado y simultáneamente, a la objetivación de  su parte de que su confusión da noticia de que le ocurre algo cuyo sentido le es inaccesible. Así, clínica y cura analítica se ordenan en el principio sobre la necesidad de la restitución del sentido.
La opacidad en la formación del Inconsciente, invita a interrogarse.
Pero… ¿era algo este lapsus antes de que Freud lo escuchara? Nada, sólo incomodidad. El descubrimiento se realiza en transferencia.
El sujeto/sujetado del inconsciente se produce en el despliegue que posibilita el lenguaje. La palabra recibe su valor de la cadena en la que se sitúa, diferenciándose de la propuesta de Pinel, en que la palabra dicha por el médico inmoviliza al paciente, sin implicarlo, recorriéndolo en la superficie de su comportamiento.

5 – LA PERCEPCIÓN
¿Podemos trabajar en psicoanálisis con totalidades a partir de la percepción?
Dice Freud. (5): “Podemos observar un solo aspecto por vez, de los varios que presenta una complicada totalidad”. En “ Interpretación de los sueños” puntúa que “aun en aquellos sueños mejor interpretados solemos vernos obligados a dejar en tinieblas determinado punto…las ideas latentes llegan a un límite…Tenemos que dejarlas perderse por todos lados en el tejido reticular de nuestro mundo intelectual.”(6)
¿Qué es este tejido reticular? La organización de los rastros, de lo que ha quedado de la percepción. Percepción implica pérdida, fractura, falla. Del complejo perceptual de un semejante, en principio, una parte puede ser referida al sujeto percipiente y ser así comprendida en función de su propia experiencia. La otra parte, Das Ding, quedará perdida,
siendo en realidad la marca psíquica de la existencia del mundo, ajeno, del otro lado del individuo. No hay pues, control posible sobre las huellas que deja la percepción. Desde las sucesivas tramitaciones, ordenamiento de las mismas, se determina nuestro acceso a la realidad, decidiéndose nuestro comportamiento a partir de la última tramitación, la conciencia, en el extremo más alejado de aquella inscripción primera.
En función de ésto,  Freud compara nuestra tarea con la de formar un rompecabezas con el material patógeno que el paciente comunica, a medida que va llegando a su conciencia en fragmentos (7).
Tomamos esta imagen y algunas frases más de la obra freudiana, que nos resultan ilustrativas: “… nuestra labor es limitada y de corto alcance…(8)  aún en los análisis más detallados y profundos el material presenta lagunas, y la documentación es incompleta…  los elementos no aparecen jamás fundidos en una unidad libre de contradicciones…(10) si nos vemos obligados a abandonar por algún tiempo el hilo al que un síntoma se enlaza, retorna éste a la oscuridad, para volver a emerger en un posterior estado del análisis….(11)”
Así, Freud se pronuncia contra la construcción de sistemas universales a partir de una concepción del universo llamada psicoanalítica, y que no podría ser otra cosa que  generalizante.
“El conocimiento de cómo actúa la represión es quizás apropiado para retener al analítico en tan extrema decisión” (12).
Sin dudas, estas frases freudianas nos hacen reconocer el campo clínico del psicoanálisis, en el que una deshilachada sapiencia consciente puesta a trabajar nos permitire llegar a entrever algún perfil causal íntimo, furtivo, evanescente.

Marta Toppelberg
Psicoanalista


Bibliografía1. Sigmund Freud, “ Lecciones introductorias al psicoanálisis”
2. “Estudios sobre la histeria”
3.“Psicopatología de la vida cotidiana”
4.J. Lacan “Escritos I”, “ La instancia de la letra en el inconsciente o la razón”.
5.S.Freud, “Inhibición, Síntoma y Angustia”
6.“Interpretación de los sueños”
7. “Psicoterapia de la histeria”
8.“Inhibición, Síntoma y Angustia”
9. Ibídem
10.“Organización genital infantil”
11.“Psicoterapia de la histeria”
12“Inhibición, Síntoma y Angustia”
13.                Ibídem

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Familia, Subjetividad y posmodernidad

enero 27, 2008 1 comentario

por Lic. Waldo García

Partiendo de los conceptos psicoanalíticos podemos afirmar que la familia cumple una función fundamental en la producción subjetiva.
El ser humano al nacer se encuentra desamparado, por lo tanto será necesaria la presencia de un Otro, que lo determinará como ser del lenguaje, es decir del mundo simbólico.
La familia no es una mera filiación biológica, sino que es fundamental tener en cuenta el orden simbólico, para poder diferenciarse del reino animal. Este orden simbólico instaura una pertenencia social, con sus correspondientes leyes que establecerán lo permitido y lo prohibido. Leer más…

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