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De la muerte de Dios

abril 25, 2008 5 comentarios

por Nicolas Locke

La violencia social parece ser el elemento preponderante al que asistimos cotidianamente sin entender el porqué.
Y mi petulante posición es tratar de entender, pensar y comprender (prender con), qué nos pasa, cuál es la génesis del problema, a qué causas, desde que pautas se construye una realidad que parece desbordar todo intento de gobernabilidad política o normativización social.
El robo, el consumo imparable de paco, cocaína, alcohol, etc. etc… Parecen  configurar una realidad donde, especialmente los adolescentes y jóvenes tienen un papel central.    Las utopías han muerto y nadie ha  resuelto aún su duelo.   Las sociedades se desenvuelven acuciadas por todo tipo de inquietantes preguntas que en el horizonte se vuelven irresueltas.
¿Cuál es la finalidad del devenir de la existencia?    ¿ A qué sentido de trascendencia es posible aferrarse, ahora que Carlos Marx está muerto y enterrado junto a la patria socialista, el devenir del comunismo como paraíso en la tierra, la realización de aquella patria  prometida en tanta proclama nacionalista, o simplemente la promesa de la vuelta del Mesías (católicos, protestantes variopintos) o la llegada de él (judíos)? .  El hombre  está comenzando un largo y doloroso proceso de asunción de su finitud, el hombre se asume mortal, pequeño, perecedero, falible, incompleto, y en ese mismo acto asume y vive toda la angustia del que sabe que alguna vez con seguridad no será. Claro que ya Nietzche percibió con genial claridad este proceso hacia fines del S. XIX . El entendió prístinamente que una época inconmensurable llegaba a su fin a partir de la madurez de ese proceso iniciado 4 siglos antes con la explosión del renacimiento, el giro copernicano en la cosmovisión que del mundo tenía el hombre que fue la apertura al surgimiento de las ciencias como disciplinas sistemáticas;   el racionalismo cartesiano posterior, en definitiva y como síntesis de toda esa revolución del pensamiento “El Iluminismo” en el terreno filosófico, trasladado a la construcción de ese mundo nuevo que luego se plasmó tecnológicamente en la revolución industrial y que dio origen a nuestras sociedades modernas.
En definitiva, en ese contexto, con esa nueva mirada que daba el hombre a esa realidad que lo rodeaba, es que Nietzche proclama el más revulsivo y rechazado concepto: «Dios ha muerto» y solo él podría haberlo descubierto. Dios venía muriendo sistemáticamente hacía varios siglos y la de él fue la piedra del final, el golpe definitivo que instauró una nueva época, una nueva era de madurez que aún se desenvuelve y de la que no podemos aún abstraernos sin caer en la negación como actitud.
Y Dios ha muerto pero con él se ha llevado las respuestas fáciles, y las utopías, y los voluntarismos, y los paternalismos también, claro.
Y el hombre está solo, más solo que nunca jamás.
Sólo en una soledad que lo enaltece a la vez que lo desespera.
Solo pero dueño, más dueño que nunca de su destino, de su libertad.
Pero claro, no se lleva así como así ni tan fácil la idea de la muerte; todo tiene un final y todo termina y todo eso lo sabemos y sin embargo no podemos desembarazarnos del miedo a ya no ser: No sería humano hacerlo. (Humanos, demasiado humanos)
Y sin embargo somos, y estamos, existimos.  Solo que la existencia sin horizonte, parece ser la peor de las pesadillas, que hay que ahogar detrás de un mar de químicos, o de fantasías.
¿Y qué hay de la posibilidad de una salida estética, artística a tanta desolación? ¿Acaso no es el hombre, y por sobre todas las cosas, un ser creador? ¿ Acaso no ha creado él mismo el relato de su creación? ¿Acaso no ha creado todo el mundo que lo rodea, hasta límites insospechados? ¿Y no parece ser la curación por el arte una de las disciplinas en ascenso imparable?
¿Es quizá posible vivir sin utopías y aún así ser felices?    ¿Al menos no es un maravilloso desafío?
Pero volviendo al tema que nos ocupa del principio, ¿no parece ser bastante evidente la relación entre la pérdida de lo sacro en el seno de las sociedades con la angustia y la pérdida de sentido que se observa en todos lados? ¿ No parece acaso evidente la búsqueda desesperada de sentido que se observa en ese pobre hincha de fútbol que proclama dar la vida por su camiseta? (Valiosa prenda)
Ciento y pico de años después de proclamada tamaña blasfemia siguen quemándose en las hogueras de la barbarie a los sacrílegos que osen develar la falta de sentidos trascendentes.
Jamás se nos perdonará dudar de la realización del socialismo, y mucho menos de la vuelta del Mesías.
Sin embargo la duda está entre nosotros y llegó para quedarse, podemos seguir negándola o podemos dar una respuesta creativa a tamaña y brutal revelación.
Nada hay más trascendente que lo humano, que el hombre mismo, se trata de poder mirar en otra dirección.
Se trata de la belleza en el más amplio sentido de la palabra.
Se trata de descubrirnos seres creativos, capaces de arte, estéticos.  Se trata de redireccionar nuestras energías en orden a nuevos parámetros.
La violencia, en ese contexto, no es otra cosa que la respuesta no creativa, desesperada, ante lo que se presume y se asume como amenazante de eso que se nos había prometido pero no se cumple. Quizá nos acompañe aún por mucho tiempo o tal vez nos abramos a horizontes nuevos, insospechados.

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Nietzche: conceptos fundamentales

Datos sobre su vida

En 1844 nace Friedrich Wilhelm Nietzsche, hijo de una familia de párrocos protestantes. En 1849 muere su padre, del cual hereda una Biblia traducida por Lútero, el sentimiento religioso del deber y la pasión por la música.
Luego vendrán los estudios de teología y luego de filología. Llegarán los tiempos de la sífilis y a su vez el descubrimiento de la filosofía de Schopenhauer. Leer más…

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