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A propósito del femicidio

una reflexión inclusiva de la violencia como fenómeno humano

Psic Soc Hugo Basile
hugobasile@gmail.com
Femicidio es la puesta en palabras de un hecho aberrante que crece día a dìa. Sin embargo, lejos de ser un acto de violencia de género solamente, quizás podamos comprenderlo mejor si lo intentamos ver desde una creción de conjunto y como un acto que incluye al  Filicidio como trama inicial 

Un tema complejo, pero fundamentalmente alarmante por la proporcionalidad con que aumenta año a año, el femicidio ha pasado a formar parte de una realidad cotidiana que pareciera querer naturalizarse.
Los datos para los últimos tres años son escalofriantes: 207 mujeres asesinadas en 2008, 231 mujeres en 2009 y 260 mujeres en 2010.
De estos asesinatos signados por formas extremas de violencia, sobresale por su crueldad la quema, el prender fuego a la persona, que toma protagonismo en los últimos casos.
No es simple intentar reflexionar sobre este tema, sobre sus causas, sin correr el riesgo de entrar en campos complejos, y hay algo sumamente siniestro que implica algo más que el asesinato de mujeres por la violencia machista y es algo que incluye la misma perversidad que el otro término cercano al de femicidio, acuñado por el Dr Rascovsky, y que en los social se niega sistemáticamente, que es el filicidio, es decir, el asesinato de los hijos.
Las lecturas de ambos actos, no debe ser, desde mi modesto entender, una lectura de lo individual, es decir, de una mamá asesinando a su prole, o un padre, o un marido a su esposa, sino que debe ser más amplio.
Los hijos de nuestra sociedad han sido sistemáticamente abandonados por la sociedad misma, y cuando ese abandono hace mella en sus comportamientos, manifestándose por medio de las adicciones, el delito, la violencia, en sus formas de relación y en la radicalización de sus conductas, la sociedad pide que se los encierre o simplemente se los mate. Y quien pide esto es una sociedad supuestamente adulta, que en este acto los abandona por segunda vez.
Las conductas individuales, o que se visualizan como tales, cobran otro sentido cuando se las observa en su conjunto, por eso hablamos de filicidio: al mandar a pibes a una guerra o hablamos de femicidio al ver la escalofriante suma de mujeres asesinadas.
Prender fuego a un ser humano es un acto de tal crueldad e inhumanidad, que uno se pregunta sobre como puede ser una persona capaz de tales actos aberrantes, y cómo surgen esos actos aberrantes, si en forma espontánea, sin aviso previo, o como corolario fatal de una suma de conductas que no pueden ser observadas por la futura víctima, y si son observadas y detectadas, no dar el movimiento necesario para evitar lo fatal, aunque bien sabemos que muchas veces las denuncias son ignoradas por la fuerza policial o por la justicia.
Necesitamos un muy bajo nivel de autoestima para, en el caso de poder detectar esas conductas  perdonarlas, o no tener la fuerza para terminar con esa situación, o de determinados mecanismos de lo psíquico que impiden la reacción, pero estos mecanismos o esta baja autoestima, no vienen de uno sino que son impuestos en la niñez por otro familiar adulto. Y aquí dejamos la individualidad de la víctima para analizar otros factores, ya básicamente estructurales de la familia o de la conformación del psiquismo.
La mujer no está ausente
Si podemos referirnos a una conformación psíquica y vincular que en parte determinan la conducta de los individuos, es necesario cuanto menos considerar, que en esa conformación aparece la mujer como primera formadora, no solamente de la mujer, sino también del hombre.
Hay una mirada sobre la mujer (hija) dada por la mujer (madre), y muchas veces una mirada sobre el hombre (esposo) dada también por la mujer-madre a la mujer-hija (“es tu marido y lo tenés que respetar” o “tus hijos necesitan un padre”).
Por otra parte, el psicoanálisis plantea que el hombre siempre busca el “rasgo” de la madre en toda mujer, y que ese rasgo es el que va a atraerlo, el rasgo del cual se va a enamorar irremediablemente. Mi pregunta es: si ese rasgo es el que produce el enamoramiento, ¿no es el mismo que produce la destrucción del objeto supuestamente amado?, ¿qué mecanismo se pone en juego para querer destruirlo?.
En Psicología Social, la Teoría de la Enfermedad Única de Pichón Riviere sostiene que las conductas no tienen una sola causa sino que hay una policausalidad de factores que van desde los constitucionales hasta los factores desencadenantes de una conducta. Hay factores genéticos, y también congénitos, que toman significado dependiendo del ambiente externo adquirido durante el desarrollo, y que son las que van a generar una propensión a tales o cuáles conductas como factores desencadenantes de determinadas conductas.
Por su parte, Carl Jung planteaba que las modalidades conductuales contenidas en los arquetipos y expresadas a través de los complejos, adquirían características positivas o negativas dependiendo de las condiciones del contexto, es decir, nadie puede transformarse en un asesino si las condiciones del contexto estructural básico no son las adecuadas.
Este contexto estructural básico tiene tres círculos ya que el contexto familiar básico se suma al ambiente social básico que lo potencia como determinantes externos (sociales) que facilitan o promueven determinadas conductas, y a la ideología estructural básica en la que se sostiene ese ambiente, que en este caso es una sociedad patriarcal que implica desde los comportamientos patriarcales mas sutiles como la agresión psicológica y emocional hasta los más burdos como la violencia física hacia la mujer. No hablo de violencia de género ya que en ella debería mencionar la violencia de la mujer hacia el hombre, que si bien es menos frecuente  existe y es importante.
Pero al mismo tiempo esa sociedad patriarcal está también instalada en la estructura de la mujer que forma a la mujer. Lo patriarcal modela el inconciente de la mujer tanto desde la sociedad como desde la religión.
Una religión patriarcal que anula a la mujer como ser válido por si mismo y la instala como parte del hombre, más que como opuesto complementario como instrumento al servicio de un dios colérico y violento que justifica la violencia del hombre cotidiano.
No es menor la importancia de la religión en el Filicidio y el Femicidio, ya que el filicidio también surge como el mandato de un dios que pide el sacrificio y la entrega de los primogénitos ante la mirada cuanto menos impotente de la mujer que lo engendra y la entrega complaciente del hombre.
Los derechos si están ausentes
¿Cuál es el motivo por los que estos tres diferentes contextos estructurales generan por igual a la víctima y el victimario?.
Sin ninguna duda, parte de la enfermedad surge ante la ausencia del derecho, de la presencia de un Estado que garantice el cumplimiento de los derechos humanos básicos y fundamentales, y de los derechos de la mujer y del niño en particular: una educación para la sociedad pero fundamentalmente para la vida, vivienda, trabajo digno, asistencia en salud y mucho espacios de prevención primaria. Es decir, derechos que satisfagan cuestiones materiales pero fundamentalmente otras necesidades que no son materiales pero son tan o más importantes: afecto, reconocimiento, derecho al desarrollo mental y emocional.
Quizás una de las vías para este reconocimiento, tanto en niños como en adulto, pueda provenir del área de la educación.
Ante la imposibilidad de recibir amor en la casa, poder recibirlo en la escuela. Y si no parece ser esta la labor de los docentes, que por otra parte deben hacer lo propio con sus familias, comenzar a considerar que las sociedades actuales plantean nuevos desafíos a la educación, que quizás solo puedan ser resueltos con la incorporación de nuevos paradigmas a la misma.
Hace poco tiempo, una niña de 13 años que sistemáticamente era violada por hermanos, primos, tíos padre y madre, suponía que así eran las cosas, que eso era natural y que así eran todas las familias. La plena naturalización del abuso sexual. Solo en la escuela, cuando comenzó a ver que las familias de sus compañeritas no eran iguales fue cuando lo pudo conversar con su maestra e inmediatamente se tomó intervención que  pudo dar como resultado la detención de toda la familia.
La reconstrucción de la presencia del estado debe ser veloz, y mientras tanto, somos los profesionales los que debemos establecer redes de contención, para mujeres principalmente, pero también para hombres, para familias que educan hijos que puedan ser posteriormente víctimas o victimarios, no solo en los sectores más carenciados en los que se infiere que las necesidades son más grandes y en las que, por ende, las disfuncionalidades familiares también, sino también en los sectores medios y altos. Toda nuestra sociedad se vió sometida a los modelos que llevaron al abandono del estado como protector y benefactor.
Hay cuestiones culturales muy complejas en la formación del femicida en las que también participa la mujer, y como decía al principio de esta reflexión, no se trata de librar de culpas al hombre de la violencia hacia la mujer, del femicidio, ni desconocer la constante violación de sus derechos, sino de incorporar también a la mujer como parte del engranaje completo de la familia que incluye al filicidio, que forma tanto víctimas como  victimarios.
¿Existe la posibilidad, ya no de desactivar sino de impedir que se siga reproduciendo ese círculo mortal?.
Responder a esa pregunta depende de toda la sociedad.
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Categorías:Hugo Basile, Psicología
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