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Cooperanza: una experiencia colectiva que perdura

por Diego Nacarada

Hacia fines de la década del ‘60 Alfredo Moffatt, junto a Enrique Pichón Riviere, entre otros, a partir de una experiencia en el fondo del Hospicio José T. Borda, crearon la Peña Carlos Gardel.
En esta comunidad terapéutica se intentó, a través de diversos talleres, unir a las personas en un proyecto común y en un espacio donde dejaran de ser tratados como una simple historia clínica.
La estructura comunitaria estaba determinada por una integración de modelos comunitarios populares, era una especie de síntesis de baile campero con guitarra y canto, con asado, con organización de sociedad de fomento, con simultaneidad de actividades de cafetín porteño y algo de romería con teatro, con fogones de “materos” y costumbres de pulperías.
Esta actividad se vio interrumpida por el proceso militar, hasta la llegada de la democracia. Allá por el año 1985, Alfredo Moffatt  junto a un grupo de terapeutas y auxiliares (entre ellos Lea Furman-coordinadora durante 17 años), siembra la semilla de otra experiencia, COOPERANZA.

En la actualidad, Cooperanza funciona como una Asociación Civil sin Fines de Lucro y es coordinada por Diego Nacarada y Leonardo Paniagua.

Nuestra dinámica de trabajo, constituye una alternativa al modelo manicomial, reconociendo a los participantes como individuos particulares, revalorizando la subjetividad de cada uno, con el fin de hacer resurgir su identidad.

Sobre esta base, se construye un espacio del cual cada uno pueda apropiarse, a partir de un encuadre tiempo – lugar, donde se mantiene el respeto, el compartir, el cuidado del espacio físico, etc. Esto genera un sentimiento de pertenencia en el que las personas se posicionan como sujetos protagonistas de la dinámica grupal.

Los diferentes talleres (JUEGOS, LITERARIO, MUSICA, TEATRO Y PLASTICA) los utilizamos como un dispositivo grupal con el objetivo de reforzar las tramas vinculares; se genera un espacio para intercambiar palabras, miradas, afectos, risas, teniendo en cuenta los muros de soledad y silencio que se levantan en el mundo interno de cada uno de ellos; con compromiso, paciencia y dedicación se logra conformar un grupo dispuesto a la tarea; desde el marco teórico la actividad de taller sería la tarea explícita y la trama vincular, la implícita.

A partir de un encuentro colectivo de diferentes singularidades, sostenido desde un tiempo de más de veinte años, consideramos de suma importancia realizar experiencias extrahospitalarias, como una etapa significativa en la reparación de los vínculos de personas bajo encierro psiquiátrico. Condición que deteriora la posibilidad de generar lazos sociales, dando lugar a la cronificación, al abandono y a la cosificación, perdiendo de esta manera todo derecho humano.
Tomando este contexto, proponemos como herramienta de intervención alternativa el trabajo con el afuera, intentando habitar lugares comunes que les son negados por su condición de diferente. Esto sostenido desde el imaginario social que promueve la estigmatización de la locura.
La posibilidad de realizar una muestra en un espacio cultural prestigioso y sumamente reconocido como lo es el Centro Cultural Borges, nos posiciona en un lugar de suma visibilidad, reforzando y potenciando la praxis que realiza Cooperanza sábado a sábado.

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