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Medicina y subjetividad: La apropiación del hombre por parte de la medicina moderna

por Daniel Gómez

1. Introducción

La pregunta por la subjetividad moderna,  se ha convertido para las ciencias sociales, en un lugar común (un tópico más que frecuente). Pero el interrogante sigue dando (siempre) nuevas interpretaciones y respuestas. En este caso la pregunta que nos motiva es ¿hasta qué punto, la medicina ha desempeñado un rol en la construcción de la subjetividad humana moderna? Es decir, ¿es posible pensar a la medicina en tanto dispositivo histórico social con un carácter fundamental, y fundante, en el proceso de “subjetivación” de la especie humana?.
Y aún más ¿pueden rastrearse, aún hoy, estructuraciones de órden médico en la subjetividad presente?  Para dar respuesta a ello el texto pretende, en principio, pensar como fue operando, es decir como se articuló la apropiación del cuerpo humano por parte de la medicina moderna. Sobre la base de que situación histórico-social, pudo el saber médico comenzar a observar, manipular y examinar el cuerpo humano, situación que luego va a permitir lo que Foucault ha denominado el desbloqueo epistemológico de la medicina.

2. Transición del cuerpo pre-moderno al cuerpo moderno

En primer lugar analizaremos bajo qué condiciones de posibilidad en un momento histórico determinado fue posible la manipulación del cuerpo humano por parte del (emergente) saber médico del siglo XVIII, pues aunque supera la intenciones del texto mencionamos que no siempre la medicina estuvo es condiciones de “tocar” el cuerpo humano. Buscamos establecer cómo la medicina comienza cada vez más a meter sus instrumentos de observación y corrección en los cuerpos, es decir, de cómo el cuerpo se convirtió en un texto que puede ser  leído, pero que al mismo tiempo puede ser escrito y re-escrito. Para ello, nos situamos o referimos, en primer término, a la ruptura epistemológica que en relación al cuerpo, aunque no solo en relación al cuerpo, constituyó el paso del mundo medieval al mundo moderno. Situación que va a permitir una transformación del cuerpo humano en “carne” con posibilidad de ser manipulada, escrutada, observada y transformada.
En la concepción teórica de Descartes (uno de los primeros filósofos que se inscriben en el pensamiento moderno) el cuerpo es extensión, es un resto, él yo individual está atrapado, según esa idea, en el interior, encerrado en la prisión del cuerpo, de alguna manera el cuerpo está ahora, en la modernidad, ahuecado en tanto recipiente de la razón. Por ello a partir de que el cuerpo se convierte en un resto material de la razón, empieza a ser posible, a partir de esta ruptura, una serie de operaciones que lo desarticulan, lo escudriñan y lo leen.
En el mundo moderno y aún en el renacimiento, lo que podríamos llamar pre-modernidad, la separación cuerpo- yo individual todavía no ha operado y por ello aún  “no se posee” un cuerpo, “se es”  el cuerpo. David Le Bretón en su trabajo: Antropología del cuerpo y modernidad  señala esta diferencia, recorre una serie de ejemplos respecto de lo que decíamos, en el mundo medieval el hombre está “encarnado” en el cuerpo. Dice Le Bretón: “(…) El cuerpo en la sociedad medieval y a fortiori (en cursiva en el original) (…) no se distingue del hombre como sucederá con el cuerpo de la modernidad, entendido como factor de individuación. Lo que la cultura del medioevo y del renacimiento rechaza,  justamente es el principio de la individuación, la separación del cosmos, la ruptura entre el hombre y el cuerpo”
Estamos entonces frente a dos concepciones distintas respecto del cuerpo, dos concepciones que aparecen claramente contrapuestas, una: la medieval-renacentista que mantiene la unidad sustancial entre el hombre y el cuerpo “se trata entonces de ser el cuerpo” y otra concepción, la moderna,  donde el cuerpo es entendido en tanto materia, en tanto extensión, es un “resto” de la individualidad, se trata entonces de “poseer un cuerpo”. Sobre esta última concepción descansa, empieza a ser posible, la “objetivación” del cuerpo humano por parte del naciente saber médico de la época. No en vano a partir de aquí se refuerzan las prácticas de los anatomistas, la autopsia es ahora el instrumento revelador de la verdad que el cuerpo oculta. El cadáver importa a partir de lo que podrá ser leído en él, el cuerpo ingresa en un mundo constante de visibilidad. “No es el cuerpo muerto como tal lo que le interesa al médico, sino lo que en él se puede leer (…) el cuerpo, para la anatomía patológica, es sólo el sitio donde se inscribe la enfermedad (…)”

3. El cuerpo como blanco del poder. La construcción del cuerpo dócil.

Pero esta “lectura” y “re-escritura” del cuerpo que opera a partir del siglo XVII, y a la que antes nos referíamos, no sólo es explicable desde la construcción de lo que hemos definido como “carne moderna”, o mejor, esta nueva concepción de lo corporal es articulada desde más de un lugar, no solo desde un cambio en la mirada o en el paso de una episteme   medieval- renacentista a una episteme moderna. Esto, es si se quiere, el primer elemento explicativo de un proceso que tiene otras variables y matices. Si quisiéramos aproximarnos a una explicación más acabada deberíamos referirnos también a la re-articulación de las manifestaciones del poder que operarán desde el siglo XVII, y en las que el cuerpo va a quedar sujeto a una serie de mecanismos de disciplinamiento que lo reformularán. Es decir, el cuerpo se va a convertir en blanco para nuevos mecanismos de poder, que lo expondrán a nuevas formas del saber; saber y poder se re-alimentarán mutuamente. Según Foucault  “(…) Ha habido, en el curso de la edad clásica, todo un descubrimiento del cuerpo como objeto y blanco del poder. Podrían encontrarse fácilmente signos de esta gran atención dedicada entonces al cuerpo, al cuerpo que se manipula, al que se da forma, que se educa, que obedece, que responde, que se vuelve hábil o cuyas fuerzas se multiplican. El gran libro del hombre máquina ha sido escrito en dos registros: el anátomo- metafísico, del que Descartes había compuesto las primeras páginas y que los médicos y los filósofos continuaron, y el técnico político, que estuvo constituido por todo un  conjunto de reglamentos militares, escolares, hospitalarios, y por procedimientos empíricos y reflexivos para controlar o corregir las operaciones del cuerpo”
Estas nuevas fórmulas generales de dominación a las que arriban las sociedades occidentales hacia 1750 están enmarcadas en un cambio de las relaciones de poder, se está pasando de un diagrama monárquico del poder, a un diagrama basado en prácticas de vigilancia perpetua y el disciplinamiento de las operaciones corporales y de la conducta, que Foucault ha denominado “sociedad disciplinaria”. Lo que está operando es un proceso donde por un lado se está expropiando a los cuerpos de su capacidad de resistencia, de libre elección  y al mismo tiempo se lo está expropiando de producto de su trabajo. Por lo que, el intento por controlar las operaciones del cuerpo, es un intento por someterlo a una nueva relación de “docilidad- utilidad”, pero no solo al interior de taller o la fábrica, sino también al interior de  la escuela, el ejército y la familia.
En  el período que estamos analizando las estrategias de docilización van  exponiendo al cuerpo humano a mecanismos que lo exploran, lo desarticulan y lo recomponen. Es decir están siendo transformados en lo que Foucault ha denominado cuerpo dócil. Según Foucault “(…) es dócil un cuerpo que puede ser sometido, que puede ser utilizado, que puede ser transformado y perfeccionado. (…) a estos métodos que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo, que garantizan una sujeción constante de sus fuerzas y les imponen una relación de docilidad-utilidad, es a lo que se puede llamar “disciplinas”.  (las cursivas son mías, D.G).

4. Medicalización del espacio social. La medicina como ciencia del hombre.

Desde esta nueva espacialización de las relaciones de dominación, comienza a articularse una nueva red administrativa y política que permite la emergencia de nuevas formas del saber. Es en este momento donde surge la figura del hombre en tanto objeto de una preocupación científica. Al respecto Foucault menciona: “(…) El campo epistemológico que recorren las ciencias humanas no ha sido prescrito de antemano: ninguna filosofía ninguna opción política o moral, ninguna ciencia empírica, sea la que fuere, ninguna observación del cuerpo humano, ningún análisis de la sensación, de la imaginación o de las pasiones ha encontrado jamás en los siglos XVII y XVIII, algo así como el hombre, pues el hombre no existía (como tampoco la vida, el lenguaje, y el trabajo); y las ciencias humanas no aparecieron hasta que, bajo el efecto de algún racionalismo presionante, de algún problema científico no resuelto, de algún interés práctico, se decidió hacer pasar al hombre (a querer o no y con un éxito mayor o menor) al lado de los objetos científicos (en cuyo número no se ha probado aún de manera absoluta que pueda incluírsele); aparecieron el día en que el hombre se constituyó en la cultura occidental, a la vez como aquello que hay que pensar, y aquello que hay que saber (…)”
La creciente preocupación por controlar el espacio social, es decir, la preocupación por controlar el “cuerpo social”, no sólo el cuerpo individual irá haciendo crecer la presencia del discurso médico, en tanta estrategia de ese interés por corregir las desviaciones. De forma que, del ya nuevo espacio administrativo y político va creciendo un espacio terapéutico cuya función será la de “curar” aquellas enfermedades que afecten el correcto funcionamiento del espacio social. Este nuevo espacio terapéutico “tiende a individualizar los cuerpos, las enfermedades, los síntomas, las vidas y las muertes; “(…)se constituye un cuadro real de singularidades yuxtapuestas y cuidadosamente distintas. Nace de la disciplina un espacio médicamente útil”  (la cursiva es mía D.G)
La necesidad creciente de sujetar las fuerzas de la producción condujo a un aumento de la influencia social de la medicina. La modernidad se constituye como una sociedad de trabajo. La ética del trabajo, que es la ética del trabajo protestante, exigía que la maquinaría trabajadora estuviese en un estado físico lo más apto posible. Esta creciente influencia de la medicina en el espacio social tomará una fuerza inusitada a fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX con la emergencia del higienismo, el alienismo y la filantropía, a partir de aquí  el espacio social estará bajo el control permanente de la mirada médica; la medicina se va a convertir en la estrategia principal del poder para controlar el “cuerpo social”, pues va a otorgar argumentos científicos a las políticas de control del estado capitalista moderno. Va a conformarse todo un ejército de inspectores, trabajadores sociales que tendrán las funciones de una verdadera policía médica. “(…) A comienzos del siglo XIX, ciertas personas vienen a inmiscuirse en la vida de las personas, de su salud, de la alimentación, de la vivienda… Tras esa función confusa surgieron personajes, instituciones, saberes… una higiene pública, inspectores, asistentes sociales, psicólogos (…) Naturalmente la medicina jugó el papel de denominador común. Su discurso pasaba de un lado a otro. En nombre de la medicina se inspeccionaban como estaban las casas pero también en su nombre se catalogaba a un loco, a un criminal a un enfermo”

5. Conclusión

Hemos analizado tres elementos que a nuestro entender han tenido un impacto directo en la construcción de la subjetividad humana moderna, en primer lugar la ruptura epistemológica que implicó en paso del mundo medieval – renacentista al mundo moderno en particular a la forma de ver y conceptualizar el cuerpo humano. En segundo lugar la irrupción de nuevos diagramas de poder que inaugura el capitalismo y su necesidad de acumular cuerpos y (re)domesticarlos. Y por último la acción social de la medicina que irrumpe con el higienismo a fines del siglo XVIII.
Le Bretón, David. Antropología del cuerpo y modernidad. Nueva  Visión, 1995, pág. 30.
Clavreul Jean:  El órden médico, Ed. De   Seuil, Barcelona, 1983, pág. 129.
El concepto de episteme, alude en el pensamiento foucaultiano a una forma “del  ver” en un momento histórico determinado. Esta “rejilla del ver o del hablar” inunda no sólo las concepciones teóricas, sino también las formas de comprender el mundo en una sociedad históricamente determinada.
Foucault, Michel: Vigilar y Castigar. Nacimiento de la prisión .Op.   cit., pág. 140
Foucault Michel: Vigilar y castigar, op. cit, pág. 140-141.
Foucault Michel: Las palabras y las cosas.  Cap.10  El triedro de los saberes, op, cit.
Foucault Michel: Vigilar y castigar, op, cit, pág. 148.
Foucault Michel: Microfísica del poder, op. cit. pág. 109-110

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Categorías:Filosofía
  1. agosto 2, 2009 en 10:31 pm

    Este es uno de los argumentos más interesantes y más complejos de Foucault, en lo que respecta al tema de la subjetivación. Definitivamente la medicina cumplió un papel fundamental al separar al cuerpo y objetivarlo, con lo cual se crea una subjetividad, una verdad de uno mismo aparte de la materialidad, y de este modo la salud se vuelve un discurso inscrito en los “cuerpos dóciles”. Un discurso que permite controlar, disciplinar a los cuerpos dentro del espacio social. Muy interesante el artículo.

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