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Arvo Part: Lo bello y lo triste

por Lic. Waldo García

Quienes amamos la música sin prejuicios, quedamos sorprendidos ante compositores contemporáneos que tienen como finalidad conmover todos los sentimientos humanos, podemos mencionar a Preisner, Karaindrou y Arvo Part. Este último es responsable de transmitir notas musicales de una belleza sublime, de convertir lo triste en bello, de lograr conmover el alma del oyente, descubrirlo es transportarse en un mundo desconocido del cual no se desea regresar. Aunque nacionalizado austríaco desde 1980, Arvo Pärt nació en Paida (Estonia) el 11 de Septiembre de 1935. Sus estudios musicales comienzan en 1954, en la Escuela Media de Música de Tallin, aunque estuvieron interrumpidos durante casi un año mientras cumplía como oboísta y tambor en una banda militar haciendo el Servicio Nacional. A su vuelta, accedió al Conservatorio de Tallin en 1957, donde tuvo como profesor de composición a Heino Eller, mientras comienza a trabajar como ingeniero de grabación en la Radio de Estonia, y, ya en esta época, empiezan sus labores compositivas, escribiendo multitud de trabajos para música de escena, y, algo muy llamativo, para música de películas (más de 50, labor que hoy en día sigue cultivando aunque no tan prolíficamente). La obra de Pärt generalmente se divide en dos períodos. Sus trabajos primeros van desde un neoclasicismo bastante severo (infuenciado por Shostakóvich, Serguéi Prokófiev y Bela Bártok). Luego empezó a componer usando el dodecafonismo y el serialismo de Arnold Schoenberg. Sin embargo, ésto no sólo atrajo la ira de los burócratas culturales soviéticos, sino también demostró ser un callejón creativo sin salida. En el año 63 se gradúa como compositor profesional, habiendo ganado en el 62 un premio por su cantata para niños “Our Garden” y un oratorio (ya se asomaba su intención posterior), “Stride of the world”. Como antes se ha nombrado, en esos años Pärt tuvo acceso a la música clásica contemporánea que ya se hacía por esas épocas, pero, poseía algo que lo diferenciará de todos ellos: vanguardia, y en 1960 su obra “Nekrolog”, será la primera de Estonia que utilice la técnica serial. Siguió practicando el serialismo durante los años 60 con piezas como “Perpetuum Mobile“ o las Sinfonías 1ª y 2ª, pero, cansado de él, se mete de lleno en labores experimentales con trabajos como (su propio título lo indica, haciendo referencia a esta técnica) “Collage sobre B-A-C-H”. No todo fue fácil para el músico. Mientras sus trabajos eran alabados, en el año 1968 estalla la polémica, y su obra Credo es prohibida por su texto “creo en Jesucristo”. Esto llevó al compositor a autoinmolarse meditativamente, y es cuando empiezan sus etapas de silencio “contemplativo”, dedicándose de lleno a estudiar la música. Aquí es el primero de ellos, y decide pararse con la música coral francesa y la franco-flamenca de los siglos XIV a XV (autores como Machaut, Ockeghem, etc.). A principios de los 70 renace el ímpetu arbista con obras tradicionales basadas en la polifonía medieval, pero, como el compositor expresa con su 3ª Sinfonía: “es una pieza musical alegre, pero no el fin de mi desesperación y búsqueda”. Sin embargo es claro que Pärt experientó una profunda crisis personal. Su respuesta fue sumergirse en la música antigua, o sea volver a las raíces de la música occidental. Estudió canto llano, canto gregoriano y las primeras apariciones de la polifonía en el Renacimiento. Al mismo tiempo comenzó a explorar la religión y se unió a la rígida Iglesia ortodoxa rusa, indicando que quizá su crisis no era exclusivamente musical, sino también espiritual. Será durante este segundo silencio cuando Pärt surja totalmente de nuevo a la superficie y marcará una época, tal como lo conocemos hoy en día. Tras seguir estudiando el medievo y el renacentismo, en el año 76 surge con uno de los mejores inventos del siglo musical: el tinntinabuli (pequeñas campanas), y que lo describe como algo magno: “He descubierto que es suficiente cuando una única nota es tocada bellamente. Esta única nota, o un momento de silencio, me consuela. Trabajo con muy pocos elementos y construyo con materiales primitivos. Las tres notas de una tríada son como campanas y es ésto lo que yo llamo tintinnabulatio” (no confundir con minimalismo). Excelente, sin duda. Su primera pieza distinguida para este elemento fue Für Alina. Esta técnica se caracteriza por estar la melodía compuesta libremente, con las voces unidas, la mano derecha tocando notas de la escala de si menor, y la izquierda notas de triadas de sí menor. Eso sí, cuando en la partitura aparece una flor dibujada, la cosa cambia, ya que la mano izquierda tocará un do sostenido. Y en el 77 es cuando estalla el gran Pärt que hoy se adora (con razón) y surgen sus piezas más famosas: “Frates”, Cantus in memory of Benjamin Britten, y la antes nombrada “Tabula rasa”. Pero… no solo musicalmente las cosas estaban difíciles en ese siglo, sino también en política, cosa que obligó a Pärt, harto del régimen totalitarista, a emigrar junto a su mujer y sus dos hijos a Viena y más tarde a Berlín, donde reside actualmente. Hasta hoy en día se ha concentrado plenamente en los textos religiosos, como son sus trabajos La Pasión según San Juan (1982), Te Deum (1984-86, revisada en 1993), Litany, y Miserere. Y corales: “Magnificat” (1989) y “Beatitudes” (1990) que le encumbraron totalmente a los anales de la música clásica. Junto a éstas, cabe citar otras obras como: “Festina Lente” (1988), “Siloun´s song” (1991), “Arbos” (1987), y las constantes revisiones que se están haciendo de su discografía por orquestas de cámara, etc. Entre sus últimas composiciones están: Kanon Pokajanen, Passio, y “Trivium” (interpretaciones de su obra junto a algunas de Glass), y las más recientes, las BSOs (entre otras) “Elogio del amor” (Jean-Luc Godard, 2001), “El pabellón de los oficiales” (François Dupeyron, 2001) y “Heaven” (el discutido filme de Tom Twyker presentado en la Berlinale). Su música se ha usado en más de cincuenta filmes, como Väike motoroller (1962) y Promised Land (Tierra prometida, 2004). El Cantus in Memory of Benjamin Britten fue usado en Les Amants du Pont-Neuf (de Léos Carax, 1991) y en Fahrenheit 9/11 cuando mostraba el final de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. Spiegel im Spiegel fue usado en Wit (de Mike Nichols, 2001) y en el drama Gerry (de Gus van Sant, 2003). El sello ECM (todo un lujo) es el que edita la mayor parte de su obra, y, como último, cabe destacar que en su 61 cumpleaños fue distinguido como miembro de la American Academy of Arts and Letters. El compositor minimalista Steve Reich comentó acerca de Pärt: «Ya desde que estaba en Estonia, Arvo estaba sintiendo lo mismo que el resto de nosotros. […] Amo su música y amo el hecho de que sea un hombre tan talentoso y valiente. […] Está completamente fuera de la corriente principal y sin embargo es enormemente popular, lo cual es muy inspirador. Su música llena una profunda necesidad humana que no tiene nada que ver con la moda».

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