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Las producciones gráficas en la niñez y adolescencia

por Diego Moreira

Los actos del pensar y la posición del sujeto pueden ser expresados por un diverso gasto anímico, en ocasiones por una especie de mímica, por los sueños, y en otras por el pintar. En todas ellas la ubicación del sujeto es similar [Freud, 1900ª]. Con relación a los actos del pintar puedo decir que son un derivado de los actos de “tocarse” que tienen un carácter masturbatorio. En esta concepción, la actividad de pintar se despliega en un marco social y releva y sustituye al autoerotismo [masturbación], configurando una formación de compromiso entre el deseo onanista y su freno. Los contenidos de los gráficos, en un primer tiempo, acompañan los actos masturbatorios y posteriormente derivan de ellos, al estilo de las fantasías.
 Pero antes de proseguir con la producción gráfica, recordemos algunas características del sueño ya que presenta una estrecha relación con el dibujo. Las imágenes oníricas, como contenido manifiesto, pueden ser remitidas a ciertas frases subyacentes que operan de contenido latente. Los procesos de transformación de un contenido a otro responden a ciertos criterios lógicos. En principio, podemos hablar de instrucciones desplegadas en frases que se pueden retranscribir como otras frases, que luego se enlazarán a un segmento de huellas visuales, o bien, directamente de modo gráfico. A su vez estas imágenes visuales pueden ser subyacentes a otros estamentos visuales que operan de fachada. Los desprendimientos de afectos también son susceptibles de transformación. La traducción de un estamento a otro responde en algunos casos al trabajo de ciertas  defensas y en otros no (por ejemplo la transformación de ciertas frases a imágenes visuales), pero en todos se pone en juego un mecanismo psíquico particular.
 El analista debe conjeturar las frases subyacentes, para lo que dispone de diversos recursos:
? Las asociaciones del niño.
? El lenguaje simbólico de carácter universal.
? Las llamadas fantasías primordiales que estructuran toda producción onírica, (también gráfica) y de otro tipo. Por ejemplo, la escena primaria [como complejo de edipo] suele ser reproducida en el sueño.

 Recordemos que los estratos de huellas de memoria del aparato anímico de un niño se encuentran en proceso de formación y complejización. Sólo en el momento lógico de la pubertad se diferencian con claridad los estamentos del preconsciente y aquellos correspondientes a lo inconsciente. Dado que en la adolescencia suele cobrar hegemonía una defensa particular como la desmentida o renegación, el recurso a la palabra y a las asociaciones, se encuentran limitados en el joven como algo propio del desarrollo y no tanto como efecto de las resistencias.
 

El dibujo y sus tiempos
Ahora retomemos la problemática de los gráficos. Habitualmente en el período de latencia [6-7 años], el dibujo plasma un instante de una secuencia, configurada por el pensar fantaseador organizado por lo acústico. En tales circunstancias el niño puede generar asociaciones verbales que acompañen a la producción gráfica. El gráfico se puede descomponer en dos elementos básicos: la imagen visual del dibujo y la imagen del movimiento del brazo al efectuar el trazo. Sin embargo, en tiempos previos, el pequeño genera un dibujo al cual luego nombra, y en otros casos, el nombre es anterior al gráfico interindividual, incluso la imagen generada puede ser retrabajada y rectificada.

La producción gráfica implica una serie de momentos previos en su constitución, los cuales se enlazan a las exigencias de los diversos erotismos y a las diferentes fases del yo. Veamos brevemente dicha configuración.
 Con la articulación de diversas modalidades proyectivas, se genera una erogeneidad periférica, correspondiente a la libido oral primaria. En este momento lógico, el niño mueve sus manos y realiza un gesto gráfico generando rayas o marcas que perduran en el tiempo y son registradas por sus ojos, a diferencia de las producciones sonoras que no pueden ser percibidas visualmente y se caracterizan por su transitoriedad. Se trata de un doble. Las producciones gráficas del púber hebefrénico (esquizofrenia de la adolescencia), expresan la fijación a estos estamentos, que son recuperados vía regresión.
 Con el predominio del erotismo anal primario, en donde la motricidad tiene como meta la expulsión y destrucción, la visión sólo acompaña la actividad muscular. El dibujo es la expresión de la transmudación de la pasividad en actividad.
 Al cobrar privilegio el erotismo anal secundario y con la constitución del yo real definitivo, que coincide con la posición sujeto, el niño puede enlazar ciertos movimientos gráficos con la imagen del dibujo que ha percibido. El gráfico va a ser organizado principalmente por la vista y estará al servicio del dominar y del retener, que son las metas del erotismo predominante.  El juicio de semejanza o analogía cobra relieve ligado a palabras como expresión del afán libidinal, mientras que la autoconservación se manifiesta mediante un juicio de existencia. El juicio de analogía permite encontrar ciertas semejanzas (no muy nítidas) entre sus trazos y algún objeto exterior de manera contingente. Tal juicio es acompañado de ciertas frases que enuncian su interpretación. Este momento lógico del dibujo es denominado por Luquet (1927) realismo fortuito.
 En un momento posterior y ya generado el enlace entre la imagen visual y el movimiento gráfico, la analogía exige una mayor concordancia entre el objeto y lo dibujado. Pero la atención desplegada sobre la imagen visual es escasa y poco duradera, lo que implica que lo dibujado quede incompleto. A su  vez,  la pulsión de dominio desplegada sobre la motricidad fina, permite sólo un trazo precario, dado que dicha motricidad aún no ha cobrado privilegio. Según Luquet se trata de la fase del realismo fallido.
 Luego, el niño pretende que en lo dibujado se encuentren los diferentes elementos y relaciones del objeto en cuestión, más allá de que puedan ser observados o no desde la posición en la que se encuentra. También es posible que el niño agregue al dibujo elementos abstractos que sólo pertenecen a su vida anímica. Estamos hablando del realismo intelectual de Luquet. La escritura del nombre es más bien un dibujo que forma parte del conjunto, ya que las letras suelen no estar discriminadas. Las transparencias son un recurso habitual y la perspectiva es diversa.
 La fase siguiente implica una complejización que pretende dejar atrás los factores mencionados. Ahora el niño trata de dibujar lo que observa visualmente desde una posición determinada. Cobra privilegio la opacidad y una perspectiva particular diferente de otra posterior, por sobre las transparencias y la multiplicidad de puntos de vista (realismo visual de Luquet).
 Una nueva complejización del dibujo implica lo que Luquet llamó narración gráfica. Se trata de escenas graficadas, de carácter dinámico, que se enlazan al despliegue de una historia. Maldavsky (1980) agrega una nueva fase, la del dibujo abstracto. Este momento lógico del graficar implica la expresión de los actos del pensar, no dados ya a la percepción. Por ejemplo, la firma como sustituto del cuerpo. Cabe agregar que  estamos considerando cada una de estas fases como un momento lógico, que necesita para su constitución de la conformación del tiempo anterior, de manera similar a como hemos trabajado la constitución de los diferentes erotismos y tipos de yo. También podemos hablar de un dibujo mecánico y/o automático, como expresión de un erotismo llamado intrasomático por Freud, en Inhibición, síntoma y angustia, o intraorgánico por Lacan, en el Seminario II.
 Aquí es pertinente tener en cuenta las transformaciones anímicas de las escrituras latentes que derivan en la exteriorización del dibujo. Recordemos que el pensamiento crítico cobra relevancia en la pubertad, se caracteriza por examinar los propios actos del pensar e impone mayores transformaciones del contenido latente en su acceso a la conciencia, aunque estas modificaciones y deformaciones no suelen ser las mismas que las requeridas por el pensar crítico en la vida anímica de un adulto.

Bibliografía
Freud S. (1979) Obras completas. Amorrortu Editores
Hurlock, E. (1971) Psicología de la Adolescencia – Ed.. Paidos
Luquet, G.H. (1927) El dibujo infantil. Ed. Médica y Técnica S.A. 1978
Maldavsky D. (1980) El complejo de edipo positivo. Amorrortu Editores
Moreira D. (1995) Psicopatología y lenguaje en psicoanálisis – Adicciones – Psicosomática – autismo – Ed. Homo Sapiens
Moreira D. (1997) La Pubertad y sus trasmudaciones – Fau editores.

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  1. mayo 24, 2009 en 4:17 am

    pss ta chidaa laa pagina ee d maz amm pero okupo am asi cmo grafias porcentajes o algo azi pero fuera d esto tdo sta bn 🙂

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