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¿Cuándo la clínica es psicoanalítica?

por Lic.Marta Toppelberg


Cuestionados una vez más por la pregunta precedente creemos conveniente una respuesta que ignore los sobreentendidos y los “ya sabidos”.
Desde esta postura decidimos efectuar un retorno al origen y aún sin llamar a este artículo “Lacan y su propuesta ética”  nos disponemos a escuchar a partir de la caja de resonancia de sus palabras  la propuesta freudiana.

Decir clínica psicoanalítica remite inmediatamente a pensarla en relación a la clínica psiquiátrica, con la que a veces aparece superpuesta o disputándose el campo de la psicopatología. Freud las llamó alguna vez dos ramas de la medicina (1).
Convengamos que son dos actitudes ante el paciente sí, pero… ¿decir paciente implica siempre medicina?
Intentaremos ver en acción el dispositivo de cada una de ellas en el movimiento original que la funda y la recrea en su perduración, para lo cual los introducimos en escenas, imágenes, ámbitos.

1 –  EL CASO
a)  Hospital. Tal vez psiquiátrico. Enfermedad y caso, el de la cama número tal o cual; la enfermedad se halla cifrada en ese enfermo. La mirada que lo recorre se desea potencialmente pura de otros procedimientos dándose  como la  dimensión perceptiva que transparenta la relación que estructura la práctica clínica médica. La mirada ve, muestra, describe, y alcanza la verdad cuando encuentra el nombre diagnóstico que anota, y todos, absolutamente todos los que saben, coinciden en cuanto a lo que comprenden.
¿Qué signos y síntomas presenta el enfermo que señalen la enfermedad?. La enfermedad es es una esencia, una entidad anterior e independiente del paciente, accidente en que ésta se deposita.
b) Un pequeño espacio privado. Dos personas conversan.
“… no debe Ud. estar preguntándome siempre de dónde viene ésto y aquello, sino dejarme contar lo que tengo para decirle”(2).
Es Emmy de N. quien le dice esto,  Freud entonces  calla y escucha permitiendo que su paciente le asigne su lugar como primer psicoanalista. ¿Qué caso se ofrece allí al desciframiento? ¿Debe cumplirse a partir de la escucha una actitud objetivante, con descripción formal de las perturbaciones psicopatológicas?
El hecho de que un analista haya debido analizarse nos habla de algo más complejo a tener en cuenta antes de que sea posible descifrar y coleccionar datos en el ejercicio del psicoanálisis.
Pero, detengámonos un momento en una previa descripción necesaria.

2 –  DISPOSITIVO DE LA CLÍNICA PSIQUIÁTRICA
Señalemos los principios directrices que estructuran la toma de su objeto y sin dudarlo nombremos a Pinel.
Dentro del movimiento de la Ilustración, Pinel se aproxima a los sensualistas que  piensan que la observación empírica es la base del conocimiento siendo nuestra percepción misma el signo de las cosas existentes. Aplicamos al prójimo, que constituye un objeto más, el mismo método. Luego, se agrupan los materiales brutos de la percepción, y se clasifican, evitando introducir prejuicios subjetivos. Las categorías así obtenidas reciben un nombre, el diagnóstico, lo que les da posibilidad de existencia científica. Un aforismo de Condillac, principal exponente de esta corriente, dice así:  la ciencia no es mas que una lengua bien hecha. Debe haber un pasaje de la intuición empírica al lenguaje por medio de la palabra adecuada  que nombra a la enfermedad.  Si la estructura enunciable funciona correctamente estará nombrando lo que se le presenta de lo real. Si bien la esencia última de las cosas es incognoscible, los fenómenos perceptibles son paralelos a ella, y por lo tanto fiables para guiar una praxis.
Cómo se designa quien es el enfermo, objeto de tan cuidadosa mirada?. La locura, el loco, que planteaban problemas a la sociedad a fines del siglo XVIII por primera vez tienen lugar propio donde ser escuchados, cumpliéndose la paradoja de que allí lo que se les dedica es la observación. El conjunto de la sociedad delega en la institución psiquiátrica la gestión dirigida a reducir y sanar la locura. Un replanteo de los valores y la redistribución del espacio social de la época determinan al objeto de la institución y de los tratamientos, que en realidad no se diferenciaban mucho de los correccionales en boga.
Este objeto es determinado por un recorte que le es extrínseco, siendo una especie de inventario donde tiene lugar todo lo que es incomprensible para sus contemporáneos desde el punto de vista del comportamiento. Lo comprensible pertenece al campo de la psicología  o a la sociología, lo incomprensible es destinado a la psiquiatría.
La curación será ser como el médico o como el vigilante, que haya acuerdo en el comportamiento observable con cierto tipo social comprensible y con los valores que la sociedad propugna. Por medio de la institución psiquiátrica como agente terapéutico, se debe subyugar y domar al alienado a fin de obtener la corrección de las percepciones que produjeran la enfermedad.
Sintetizando, Pinel propone una observación del objeto que conduzca a una clínica creadora de un lenguaje, intentando fundar una praxis que opere por recubrimiento de lo real a partir de grandes grupos nombrables en función del comportamiento observado y haciendo posible la lectura de un texto escrito que evoque en forma inmediata los fenómenos que nombra, sin el deslizamiento de sentido de la lengua vulgar.
Esta idea médica,  que propone que no debe haber deslizamiento de sentido, nos permitirá pensar un pequeño ejemplo analítico con la finalidad de comparar ambos dispositivos.

3 – EL PSICOANÁLISIS
Tomamos  Freud, en el capítulo segundo de la “Psicopatología de la vida cotidiana”. Allí relata un caso de olvido de palabra extranjera, dirá “de un vocablo no sustantivo en una frase latina”, dejando aclarado desde el comienzo, que no es la función referencial a las cosas de la realidad la que determina  el fallido. Dialogando con Freud, Lacan propone que  ninguna significación se sostiene si no es por la referencia a otra significación (4). Estas significaciones se producen por el propio juego del lenguaje y si  aliquis fue la palabra escamoteada debemos preguntarnos a qué valores se hallaba ligada.
Freud describe las circunstancias del caso. Estaba conversando durante sus vacaciones con un joven conocido, llamémoslo “Equis”.  De pronto, en el transcurso de un relato, este quiere citar a Virgilio pero se produce el olvido de una palabra y un efecto de notoria laguna.
El “caso” es el olvido (y no Equis mismo), tal como Freud lo presenta: un solo análisis de un caso de olvido de palabra extranjera. Y agrega “un pequeño suceso” que ocurre precisamente ante él, cuya sapiencia era conocida por su interlocutor, que había leído algunas de sus publicaciones psicológicas. Las quejas del joven acerca de las dificultades con que se encuentran los judíos de su generación, comienzan a desgranarse ante Freud, que evidentemente sabe de fallidos y probablemente también de las dificultades de ser joven y judío.
Equis olvida la palabra aliquis, e incómodo dice a este semejante algo sabio que no ponga cara de burla “como si estuviera Ud. gozándose en mi confusión”. Pide “ayúdeme un poco, algo falta en el verso que deseo recitar, ¿puede Ud. decírmelo completo?” Algo de la transferencia está instalado.
Freud  recita el verso de Virgilio: Exoriare aliquis nostris ex ossibus ultori…alguien vendrá desde mis huesos a vengarme. Al escucharlo, el joven reconoce la palabra olvidada.
¿Qué hace Freud cuando el joven manifiesta desear  conocer el origen de su olvido?. Le dice que lo van a averiguar enseguida, validando así su autoridad en la materia y su creencia en el determinismo psíquico. Inmediatamente invita “comuníqueme Ud. todo lo que se le ocurra”… hable.  Declarada la caducidad del ojo clínico o de la mirada diagnóstica, la clave buscara se jugará en la palabra, pero en la de quien cometió el fallido.
Equis comienza a asociar, se interrumpe y pregunta a Freud “qué hace Ud. con ese dato?” Freud responde “por ahora esperar”, o sea “siga hablando, siempre siga hablando”.
Cuando la resistencia comienza a insinuarse Equis dice   “esto es una ridiculez, no tiene conexión con nuestro tema”… etc. Freud acota “prescinda de toda crítica y siga hablando”. Señala la resistencia sólo con el objeto de reenviar el discurso. Resistencia que, finalmente aparece como una alusión transferencial: “la semana pasada en mi viaje (viajaban ahora también) encontré a un anciano arrogante, un verdadero original, un ave de rapiña”. Freud, lejos de ofenderse remite a lo que ha escuchado, articulando y transformando la palabra “original”, que el joven acababa de decir, en Orígenes, con mayúscula. Y dice entonces, retomando datos anteriores del discurso del sujeto, “padres y santos de la iglesia… que además son nombres propios”.
Más adelante llega Equis a algo demasiado íntimo, sorprendiéndose en alguna idea inesperada, se interrumpe y protesta que no ve la conexión que pueda tener esto con lo que están buscando.  Freud con firmeza valida su función: “ el buscar la conexión es cosa mía ” y agrega  que él no puede obligar a nadie acontar lo que le resulta doloroso de transmitir, por ser demasiado íntimo,pero “entonces no me pida que le ayude a averiguar por qué olvidó ud. la palabra aliquis”
Ya no quedan dudas, a boca cerrada enigmas que no se resuelven. El joven se decide, continúa y Freud produce la clave: su acompañante teme que la señora con la que tuvo relaciones sexuales esté embarazada, ésto determinó su olvido.
Equis pregunta cómo ha podido adivinarlo.  Freud responde, reordenando  sin agregar nada, validándolas, las palabras dichas por Equis en asociación libre, e incluso le aclara que él mismo le preparó muy bien el camino. Las palabras adquieren su dimensión de acto de denuncia, espacio de manifestación del Inconsciente, pensamiento, gedanken, aquello que el sujeto reconocerá como suyo pero habiéndolo olvidado. Estas representaciones se conocen por los efectos con que se nos han anunciado, por ejemplo, el olvido mencionado.
Freud agrega aún algo: la palabra aliquis, escamoteada, remitía en las asociaciones a líquido, licuefacción de la sangre, Milagro de San Genaro, el de la licuefacción de la sangre, sangre tan esperada… y dice a su acompañante: “ ha transformado Ud. el milagro de San Genaro en un magnífico símbolo del período de la mujer”. A partir del análisis del olvido se vehiculiza ésto que ubicamos como símbolo y produciéndose en el mismo trabajo analítico. Descubre un simbolismo singular referido a un pequeño suceso, una nimiedad.

4 – ALGUNOS MOJONES DEL DISPOSITIVO ANALÍTICO
Los puntuaremos tal como pueden reconocerse en “Aliquis”, destacando que  saber constituído, teoría, técnica y clínica analítica provienen de esa configuración.
En primer lugar, se trata de práctica privada, dos personas. Si se intentara un reconocimiento clínico, con observación compartida, no habría ni una palabra de parte del sujeto.
Además Equis formula el pedido inicial referido por un lado al estatuto de sujeto supuesto al saber personificado en Freud, y por otro lado y simultáneamente, a la objetivación de  su parte de que su confusión da noticia de que le ocurre algo cuyo sentido le es inaccesible. Así, clínica y cura analítica se ordenan en el principio sobre la necesidad de la restitución del sentido.
La opacidad en la formación del Inconsciente, invita a interrogarse.
Pero… ¿era algo este lapsus antes de que Freud lo escuchara? Nada, sólo incomodidad. El descubrimiento se realiza en transferencia.
El sujeto/sujetado del inconsciente se produce en el despliegue que posibilita el lenguaje. La palabra recibe su valor de la cadena en la que se sitúa, diferenciándose de la propuesta de Pinel, en que la palabra dicha por el médico inmoviliza al paciente, sin implicarlo, recorriéndolo en la superficie de su comportamiento.

5 – LA PERCEPCIÓN
¿Podemos trabajar en psicoanálisis con totalidades a partir de la percepción?
Dice Freud. (5): “Podemos observar un solo aspecto por vez, de los varios que presenta una complicada totalidad”. En “ Interpretación de los sueños” puntúa que “aun en aquellos sueños mejor interpretados solemos vernos obligados a dejar en tinieblas determinado punto…las ideas latentes llegan a un límite…Tenemos que dejarlas perderse por todos lados en el tejido reticular de nuestro mundo intelectual.”(6)
¿Qué es este tejido reticular? La organización de los rastros, de lo que ha quedado de la percepción. Percepción implica pérdida, fractura, falla. Del complejo perceptual de un semejante, en principio, una parte puede ser referida al sujeto percipiente y ser así comprendida en función de su propia experiencia. La otra parte, Das Ding, quedará perdida,
siendo en realidad la marca psíquica de la existencia del mundo, ajeno, del otro lado del individuo. No hay pues, control posible sobre las huellas que deja la percepción. Desde las sucesivas tramitaciones, ordenamiento de las mismas, se determina nuestro acceso a la realidad, decidiéndose nuestro comportamiento a partir de la última tramitación, la conciencia, en el extremo más alejado de aquella inscripción primera.
En función de ésto,  Freud compara nuestra tarea con la de formar un rompecabezas con el material patógeno que el paciente comunica, a medida que va llegando a su conciencia en fragmentos (7).
Tomamos esta imagen y algunas frases más de la obra freudiana, que nos resultan ilustrativas: “… nuestra labor es limitada y de corto alcance…(8)  aún en los análisis más detallados y profundos el material presenta lagunas, y la documentación es incompleta…  los elementos no aparecen jamás fundidos en una unidad libre de contradicciones…(10) si nos vemos obligados a abandonar por algún tiempo el hilo al que un síntoma se enlaza, retorna éste a la oscuridad, para volver a emerger en un posterior estado del análisis….(11)”
Así, Freud se pronuncia contra la construcción de sistemas universales a partir de una concepción del universo llamada psicoanalítica, y que no podría ser otra cosa que  generalizante.
“El conocimiento de cómo actúa la represión es quizás apropiado para retener al analítico en tan extrema decisión” (12).
Sin dudas, estas frases freudianas nos hacen reconocer el campo clínico del psicoanálisis, en el que una deshilachada sapiencia consciente puesta a trabajar nos permitire llegar a entrever algún perfil causal íntimo, furtivo, evanescente.

Marta Toppelberg
Psicoanalista


Bibliografía1. Sigmund Freud, “ Lecciones introductorias al psicoanálisis”
2. “Estudios sobre la histeria”
3.“Psicopatología de la vida cotidiana”
4.J. Lacan “Escritos I”, “ La instancia de la letra en el inconsciente o la razón”.
5.S.Freud, “Inhibición, Síntoma y Angustia”
6.“Interpretación de los sueños”
7. “Psicoterapia de la histeria”
8.“Inhibición, Síntoma y Angustia”
9. Ibídem
10.“Organización genital infantil”
11.“Psicoterapia de la histeria”
12“Inhibición, Síntoma y Angustia”
13.                Ibídem

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