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Religión y psicoanálisis

Una escucha psicoanalítica de la religión

por Héctor Rúpolo

La razón de este primer capítulo introductorio consiste en que se me ha hecho necesario realizar ciertas aclaraciones, que dirijo a quienes se interesen por el tema de este libro. La primera aclaración, y de mayor peso, es que lo que aquí escribo está destinado a soportar la actividad que desarrollo: la práctica psicoanalítica, de la cual surgen preguntas que aquí trato de responder. Un libro sobre temas religiosos fundamentado en la práctica analítica merece unas palabras, sobre todo para quienes se acercan por primera vez al psicoanálisis. Tengo el recuerdo de hace muchos años, cuando por primera vez me enfrenté a los textos de Freud que trataban temas tales como la religión, lo social, el arte, etc. En función de la búsqueda de aquella época, que consistía en una enseñanza del psicoanálisis como práctica, la primera impresión que me producían estos textos, era que me podían apartar de aquello
que yo estaba buscando en Freud. Años después cuando me acerqué a estos libros ya no solo con curiosidad, sino con la indicación de mis maestros de que allí se encontraba una parte de la teoría analítica, como el complejo de Edipo, la cuestión del padre, etc., descubrí algo. Quizás lo que pretendo es transmitir aquel descubrimiento en lo que hoy escribo, y es lo que me movió a investigar en el terreno de la religión. Lo que descubrí en los textos escritos por Freud considerados como aledaños, marginales al psicoanálisis, incluso como psicoanálisis aplicado, fue la mejor exposición de la teoría psicoanalítica que he encontrado. Pues suele suceder que el psicoanálisis, sin un paciente que se recueste en el diván y se preste a su regla fundamental, el psicoanálisis por el psicoanálisis mismo, la teoría psicoanalítica aplicada a la teoría psicoanalítica, puede perder su razón de ser, transformándose en un metalenguaje. Y en esto nosotros, los psicoanalistas que reconocemos nuestra formación en la letra de Lacan, somos los más proclives a este tipo de terminología que me gustaría calificar de metapsicoanalítica, contrariando en los hechos aquello que sostenemos en la teoría: que no hay Otro del Otro, es decir que no hay metalenguaje, y por lo mismo no hay metapsicoanálisis. Pero ¿cómo se relacionan los estudios que podamos realizar sobre la religión con lo que un paciente dice en un análisis? Sin confundir discursos que son evidentemente diferentes, podemos producir un acercamiento a partir de la siguiente reflexión: en la practica clínica del psicoanálisis alguien que se recuesta en un diván habla en función de una escucha diferente de la que hay fuera de ese ámbito, y esto está pautado a partir de lo que se denomina regla fundamental (1).
Respecto a lo que un psicoanalista pueda escuchar de la religión, prosiguiendo con la comparación, es como si a los textos religiosos los hiciéramos recostar en un diván,- tomando en cuenta que la gran mayoría se sustenta en una tradición oral- y los hiciéramos hablar, haciendo una lectura psicoanalítica de los mismos, es decir basándonos en la misma regla que fundamenta la escucha psicoanalítica. La única cuestión que se nos aparece como dificultad en esta metáfora por la cual colocamos al texto religioso sobre el diván para hacer una lectura psicoanalítica, tropezamos sin embargo con la siguiente dificultad: ¿quién es el sujeto que allí dice?
Pregunta que se justifica en razón de que la religión es una formación social y no individual. Por ahora dejamos en suspenso esta dificultosa pregunta.
Prosigamos con nuestra propuesta: una escucha diferente de la que puede realizar un historiador, un antropólogo, un erudito o un profano: una escucha analítica de la religión. Ahora bien, si hemos avanzado hasta aquí podemos agregar en última instancia no ha hecho otra cosa Freud, ya que en el momento en que quiere proponer la teoría analítica respecto a la paternidad, solo tiene a mano un mito que escribe dentro de lo así denominado posteriormente cultural: “Tótem y Tabú”. Recuerdo de donde partí: del hecho de que en mis primeros tiempos de formación como analista los textos llamados “culturales” de Freud me parecían un rodeo innecesario para llegar a aprender cierto conceptos propios del psicoanálisis. Agregué luego que descubrí en los mismos algo nuevo y a eso me referí: que era esencial al psicoanálisis mismo, para poder formular sus propios conceptos, “escuchar a alguien que habla”(2).
Pero ahora que di estas explicaciones, no quiero dejar de lado otra dificultad que nos servirá de comparación entre lo que aquí estamos desarrollando teóricamente, y el psicoanálisis como práctica clínica. Se trata de aquello que se relaciona con la ignorancia. Toda investigación que se precie de serlo implica un trabajo y un desarrollo de la misma. Cuando iniciamos una investigación, lo primero con que nos enfrenta es con nuestra ignorancia. Me gustaría reemplazar la palabra ignorancia por preconceptos, cristalizaciones imaginarias, creencias, y podríamos seguir agregando calificativos para esta serie de certezas que están en nosotros tan arraigadas por provenir de creencias infantiles, sobre todo tratándose del tema religioso. Respecto a esta ignorancia barnizada de certezas imaginarias, una de las primeras cosas que las hace trastabillar es simplemente la lectura. Es así como encontramos que lo que pretendía el estatuto de un saber: una tal historia o tal otra, solo estaba sostenida por algún comentario fragmentario que aparecía rellenado con una fantasía diurna de nuestro propio peculio. Y solo cuando nos encontramos con la letra de dicha historia, únicamente allí podemos dar cuenta del error que sosteníamos sin darnos cuenta. Manteniendo las diferencias del caso, ¿no se aprecia un acercamiento con la posición del analista, ya que éste debe poner entre paréntesis aquello que sabe, y leer aquello que el paciente dice, siendo su posición totalmente dependiente de esta lectura, tanto de lo que el paciente dice como de su lectura? Ahora bien, si estas creencias son conmovidas por la lectura de la Biblia, es de imaginar como se complica el panorama cuando surgen las fuentes extrabíblicas. Ahí se nos plantean tantas diferentes opciones y tantas diferentes interpretaciones para un mismo hecho, que se nos hace dificultoso proseguir nuestra investigación con un rumbo claro. De cualquier manera, lo que funda esta ignorancia (que goza de no enfrentarse con las diferentes posibilidades que nos brindan las historias de diferentes pueblos) son las idealizaciones infantiles, respecto -fundamentalmente- al padre. Por ello son inevitables ciertas cuestiones que expondremos, las cuales serán interpretadas de una manera por unos y de otra por otros, en forma proporcional al arraigo que tenga en los lectores la educación religiosa que ha recibido. Es en este sentido que necesito decir que el psicoanálisis no toma partido por la religión, es decir que analiza a la misma, pero no la combate ni la defiende.
La religión, dice Freud, es la neurosis obsesiva de la sociedad, y si lo es, es porque la sociedad la necesita, y los psicoanalistas nos cuidamos de combatir aquello que es necesario para el paciente. Es por lo mismo que en un análisis no nos proponemos que su paciente abandone su neurosis: le proponemos un camino, y si en este camino encuentra otro goce que el de su neurosis y el del síntoma le ayudamos a que lo prosiga; pero si se empeña en conservar su neurosis y sus síntomas, también lo dejamos continuar su camino, pues no tenemos ningún derecho de decidir por otro cual es su bien. Por ello, quién pudiera sentirse afectado por el hecho de que un psicoanalista tome los temas, las palabras , incluso la Biblia misma para analizarlos desde el punto de vista del psicoanálisis, no tiene mas que no leer este libro; nadie lo obliga a hacerlo.
Esto está escrito para quienes se interesen y se pregunten por la perspectiva que el psicoanálisis puede brindar respecto a la religión. Fundándose en aquello que la religión lleva en sus creencias, tradiciones y escrituras, que pueden servir para agregar algo más a nuestro saber sobre aquello que nos ocupa a los psicoanalistas: el sujeto del inconsciente.
Notas:
1) La regla fundamental en psicoanálisis, es aquella por la cual se lo invita al paciente a que diga aquello que se le ocurra sin ejercer ningún tipo de selección.
2)El concepto de transferencia nos plantea el problema que de parte de un texto no hay transferencia. Sin embargo, ya que en la psicosis hay una cierta predicción por lo escrito, y se afirma que en la psicosis tampoco hay transferencia, quizás alguna luz respecto a la psicosis se pueda obtener en esta comparación.

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