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Migraciones y desvalimiento

por Nilda Neves

Coordinadora general y docente de la Maestría en Problemas y Patologías del Desvalimiento que se dicta en la Universidad Hebrea Argentina Bar Ilán


La migración como fenómeno universal presente desde los inicios en la historia de la humanidad ha sido estudiado en la multiplicidad de niveles que abarca, en cuanto a sus causas, carácterísticas y formas.
Desde el punto de vista de los fenómenos psíquicos aparejados,  uno de los aspectos más relevantes  es el estado de desvalimiento o vulnerabilidad que padecen algunas de las personas involucradas en los movimientos migratorios.
Sabemos que existe un amplio abanico de posibilidades en cuanto a la tendencia migratoria que manifiestan los individuos,  dentro del mismo se puede incluir tanto a  aquellos que experimentan la más fuerte necesidad de permanecer ligados a espacios conocidos y vidas rutinarias como a los entusiastas a ultranza de cambios de lugar físico y contactos interpersonales.
Sin embargo  la mayoría de los estudiosos del tema están de acuerdo en que aún en el mejor de los casos, cuando la migración se resuelve en nuevos proyectos y realizaciones y aunque el individuo no lo registre, esta situación implica atravesar una crisis, siempre dolorosa y en ocasiones traumática. La diferencia entre una posibilidad y la otra depende tanto de las condiciones externas que hacen al proceso migratorio mismo, (ecológicas, socio-políticas, e histórico-culturales) como a condiciones internas vinculadas con el estado de organización del psiquismo alcanzado por el individuo.
Cuando se trata de grupos familiares es necesario agregar al nivel individual de los componentes del grupo, el de estructuración de los vinculos interpersonales de la familia misma.
Consideramos que una migración se vuelve traumática cuando la persona, la familia o el grupo se encuentra en estado de desvalimiento o vulnerabilidad.
El desvalimiento (Freud, 1926)  puede originarse en dos fuentes, las exógenas que corresponden a los estímulos provenientes del mundo exterior, y las endógenas provenientes de esos estímulos internos a los que llamamos pulsiones.
Ambos tipos de desamparo suelen imbricarse ya que la indefensión ante el mundo exterior provoca un estado de dolor que determina el drenaje de la energía pulsional con el consiguiente debilitamiento psíquico, que puede llevar a una  alteración de la autoconservación que culmine en la muerte.
En estos casos parece ocurrir una catástrofe, una situación traumática equivalente a las que aparecen en las neurosis de guerra.
Para definir en que consiste el trauma en esta “ neurosis de migración“ deberíamos describir una constelación de elementos bastante compleja que podemos sintetizar en torno a tres :  Pérdida de contexto,  sentimiento de autoexpulsión y pérdida de idioma originario. (Maldavsky 1996)

Perdida de contexto

En la literatura sobre el tema se ha destacado el papel del duelo por la pérdida de objetos, espacios y tiempos
En los casos en que predomina el desvalimiento es importante destacar  que la pérdida fundamental no es la de objetos sino la de un contexto.
Definimos al contexto como un conjunto de incitaciones monótonas, rítmicas, no diferenciadas ni investidas, de enorme valor en la economía libidinal ya que su establecimiento permite conciliar el sueño y dormir de un modo reparatorio. (Freud, 1940)
Este tipo particular de estímulo neutro se despliega en un marco familiar, en un clima afectivo tierno caracterizado por la ternura, como opuesto a los desbordes afectivos de cualquier índole, eróticas u hostiles.
Ternura y monotonía parecen esenciales para el que el dormir, asociado con la autoconservación (rescatado de la p. de muerte y tambien de la sexualidad) represente un descanso reparador de energías y no un peligro de retorno a lo inerte.
En los casos en que la función del dormir  aparece trastocada ésta puede transformarse en una forma de dejarse morir o de vivir en estado de sonambulismo, carente de vida psíquica.
En tales circunstancias junto con el letargo y el sopor puede aparecer el insomnio como derivado tanto de un exceso de sensualidad que no se doblega ante la necesidad de dormir  y no encuentra una tramitación a través de lo sueños, como  por una falta de energía tan acentuada que dormirse puede trasformarse en un dejarse ir, en un camino hacia la muerte y el insomnio pasa a constituirse en la última barrera contra esa muerte..
El despertar pleno tambien requiere de un contexto monótono que progresivamente pierda ese carácter y se vuelva diferencial. Si ello no ocurre y los estímulos se vuelven disruptivos o faltan por completo el despertar se produce en estado de pánico y aturdimiento al que le sigue una vigilia aletargada una pesadilla en vigilia de la que no se puede despertar. (Maldavsky 1995)
La combinatoria entre somnolencia e intrusión puede derivar en afecciones tóxicas del tipo de las psicosomáticas, las adicciones o la violencia, en las que cobra especial relieve un universo numérico que muestra la tentativa de organizar un universo rítmico, monótono que de lugar a un contexto. Una característica de estos cuadros es que cuando este intento falla, el paciente queda a merced de números ajenos y sobreviene el síntoma orgánico, la adicción o el golpe.
Sentimiento de autoexpulsión

La ingesta de alcohol o droga puede considerarse una via de acceder a la pérdida de conciencia  como entrega a la muerte. En tales casos el espacio familiar protector es reemplazado por un ámbito dominado por un sujeto hostil que toma a sus habitantes como intrusos a los que pretende expulsar.
La relación con este personaje despótico,  deriva de una convicción que puede aparecer en el que emigra quien se supone borrado de la memoria de los que permanecen, arrojado fuera de ella.
De ese modo la migración semeja una expulsión padecida desde un otro y pasa a ser concebida como una verdadera autoexpulsión mediante la cual el propio yo ejecuta la acción impuesta por el déspota que desea suprimirlo.
La situación a la que me refiero remite  a la significación que puede tener la pérdida de contexto en alguien que lo padeció en los momentos fundantes de su aparato psíquico. Debemos suponer una situación previa en que el desvalimiento propio del ser humano  no fue sostenido por un contexto tierno en los comienzos de la vida. La carencia de un primer vínculo empático genera una incapacidad para sentir, ya que la captación de los propios sentimientos solo es posible en el encuentro con un otro que otorgue un determinado matiz afectivo en lo que para el niño es un puro desborde pulsional.. Los afectos propios, independientemente de su caracter placentero o displacentero son el testimonio de la vitalidad de cada persona.  A partir de ellos surge la actividad psíquica,  y luego la posibilidad de registro de percepciones que generan un mundo exterior.  Si no hubo alguien que sostuviera el sentimiento de estar vivo esa ausencia es llenada por un ser arbitrario que pretende la desaparición del sujeto y los afectos en toda su variedad quedan sustituidos por un estado de apatía como expresión de un dolor no sentido.
Desde esta circunstacia desfavorable en la historia vital suelen significarse otros momentos de crisis.generando traumas muy dificiles de superar.La organización alcanzada resulta frágil para enfrentar nuevas pérdidas de contexto, que se constituyen en desgarros y catástrofes anímicas.
Una caracteristica de las personas afectadas es la particular forma de percibir en la cual no se registra la materia sensible en forma de matices diferenciales, sino de frecuencias o ritmos que son formas más elementales de organización.
Cuando se trata de niños, un problema que aparece frecuentemente es el fracaso escolar, asociado muchas veces al llamado deficit atencional, son
niños distraicdos, desconectados del mundo que los rodea. Parecen inmersos  en un universo sensorial  brumoso, viscoso dentro de cual la captación de los estímulos del mundo  resulta  intrusiva, a la manera del despertar de la somnolencia por efecto de un golpe y padeciendo un estado de vértigo.
Perdida de idioma originario

La importancia de la relación que se establece entre migración y lenguaje fue destacada por numerosos autores.
Dentro de este temática un aspecto que merece una reflexión especial es el vinculado con la pérdida de un idioma original
Las armonías y timbres sonoros también forman parte del contexto que se pierde  aún cuando la migración sea a un pais en que se hable el mismo idioma. En los casos extremos esta pérdida lleva a la desemantización. El universo sensorial auditivo y visual pierde su significado, lo que implica no simplemente una imposibilidad de traducir de un idioma a otro sino un fracaso identificatorio que da lugar al enmudecimiento de la subjetividad.
El lenguaje en tanto posibilidad de comunicarse con un otro y de expresión de expresar deseos desaparece, y en su lugar puede surgir un lenguaje críptico, hermético  en el que las palabras no se desarrollan, fundamentalmente por falta de interlocutor, de destinatario para ese decir
En algunas personas  aparecen pesadillas durante el dormir, como forma de procesamiento del trauma. En otras, las pesadillas no llegan a desarrollarse por pérdida del idioma originario, aquel en el que se acuñó la maraña de fantasías que es el fundamento imprescindible para la producción onírica. En los casos en que se preserva el idioma originario lo suficiente para producir pesadillas, las mismas pueden llegar a tener una función en la trasmisión del trauma de generación en generación como intento de procesamiento. Estas historias son indecibles por insoportablemente dolorosas o porque no hay destinatario para las mismas. En muchos casos  contribuye el rechazo que los hijos sienten por el idioma original de sus padres, que es el idioma de la intimidad familiar . El resultado de ello es que en los descendientes puede aparecer al modo de herencia la problemática que estamos describiendo como lenguaje críptico a ser descifrado, como rasgo de carácter o en el cuerpo o en la conducta , como sustituto de lo que se rompe en la transmisión simbólica de los ideales, los mitos familiares, las metáforas comunitarias.


Bibliografía

Freud, S .(1926) Inhibición,síntoma y angustia. Amorrortu Editores
                          Vol 20
               (1940) Esquema del psicoanálisis. Amorrortu Editores
                           Vol 23
Maldavsky D.(1995) Pesadillas en vigilia. Amorrortu Editores
                     (1996) Linajes Abúlicos. Editorial Paidos.

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