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La violencia ante el psicoanálisis

por Lic. Waldo García

Cuando hablamos de la agresividad en los animales, nos planteamos el carácter innato del instinto. Pues bien, Freud, también se ocupó de este asunto en relación  a los seres humanos.
La teoría psicoanalítica ha contribuido a discriminar los conceptos de instinto animal y pulsión humana, señalando que la pulsión  (tanto agresiva como sexual), busca su objeto, pero no está ligado a ningún objeto fijo.
De tal modo, las vicisitudes de cada recorrido pulsional van a depender de la constitución singular de cada sujeto.
Si algo define al ser humano es su condición pulsional; sea ésta, pulsión de vida o pulsión de muerte.
Esta última, no queda ceñida de muerte real y definitiva, de la que no podemos hablar, pero si como presencia en todo sujeto a través de sus efectos.
Estos efectos se  producen en el transcurso de la vida en su unión o separación con el otro par pulsional. Dichos efectos son la tendencia del sujeto al sufrimiento y el dolor, entre ellos encontramos el autocastigo, el suicidio, la insistencia en lo displacentero, la violencia destructiva y autodestructiva.
La inclinación agresiva del sujeto es una disposición pulsional originaria, producto de la pulsión de muerte y la cultura encuentra en ella su obstáculo más poderoso, es decir su malestar.
La cultura debe estar al servicio de Eros, constituyéndose en un espacio de soporte de la pulsión de muerte a través de sus instituciones, la educación, el trabajo, el arte y toda actividad que pueda desarrollar el sujeto.
Hoy nos encontramos con una cultura que ha generado la ruptura de los lazos sociales necesarios para la vida en comunidad, lo que dificulta que la cultura actúe como soporte.
Se instala la ley del más fuerte como en la selva y se legitima el “sálvese quien pueda”, provocando inevitables choques para lograr legitimación personal. La lucha con el otro se convierte en un desafío de legitimidad del propio yo.
Esta desestructuración del tejido social conlleva al sujeto a medir al mundo desde un narcisismo exacerbado.
El otro queda borrado para convertirse en un objeto para el desarrollo de las propias fantasías del sujeto. Cuando ese otro aparece como diferente, una de las reacciones del sujeto es la violencia, intenta  destruir en ese otro la diferencia que no acepta de sí mismo.
Esto responde a la intensificación de personalidades narcisistas en la cultura actual. Provocando la desconexión narcisista, es decir la sensación de vacío, la “falta de deseo” o en caso contrario logrando la conexión narcisista a través de la violencia contra el otro o la violencia autodestructiva.
Si la cultura se encuentra sin los soportes que puede ofrecer, imposibilitando la creatividad por parte del sujeto, éste se encuentra atrapado por las pulsiones de muerte, aislándose de las relaciones con los otros o desarrollando actividades violentas.
En la violencia criminal esa negación del otro llega a ser negación de sí mismo, no cuenta el disfrute personal sino el crimen por sí mismo.
Freud sostenía que la inclinación agresiva es una disposición pulsional originaria del ser humano y cierto grado de ella es necesaria para diferenciarse del otro, se pone distancia con el otro.
En cambio en la violencia hay un intento de hacer desaparecer al otro, pudiendo estar, este otro, afuera o internalizado. Teniendo como consecuencia el asesinato o el suicidio.
En una cultura donde predomina la insatisfacción y se preconiza “poder tener más” y el  “éxito personal” como forma de relación, indudablemente se generan excluidos que no encuentran soportes para sus pulsiones . Siendo la falta de trabajo y los fracasos identificatorios las principales falencias.
Cuando en una sociedad nos encontramos que el  liderazgo pierde su función, que existe exacerbación de la sensualidad, desvalorización de la palabra, falta de proyectos unificantes y de procesos identificatorios, indiscriminación entre los miembros, falta de espacios para hacerse oír, etc. la comunidad se degrada y con ella se acentúan los vínculos violentos.
En cada situación nos encontraremos con una historia personal, con fallas en los procesos identificatorios, pero también con la historia de una cultura que niega al otro, de los desocupados, de los excluidos. Frustraciones que  privan al yo de alguna posibilidad de satisfacerse, herida narcisista que generará agresión.
Muchas veces la imposibilidad de la descarga activa de este impulso se traduce en una violencia hacia el yo. Es por esto que hoy el aumento de accidentes, de adicciones y de enfermedades psicosomáticas dan cuenta de este proceso.

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Categorías:Psicología Etiquetas: ,
  1. Fernando Aldana
    marzo 26, 2009 en 9:05 pm

    Me parece que el abordaje de este tema debe desarrollarse con mucho mas detenimiento y cuidado, aun mas si se hace desde el psicoanalisis, compila muchos terminos pero no desarrolla ideas

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