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Danza Armonizadora

por  Prof. Graciela Berardo

Profesora de Danza Armonizadora recibida en el Instituto de la Profesora Elida Noverazco

Entre las muchas búsquedas que a lo largo de la historia el hombre ha emprendido, se encuentra una que cada vez con mayor fuerza ejerce un rol preponderante en la estructura social: el ansia de conocimiento de su propia esencia. Es la búsqueda de la verdadera identidad, la cual podríamos definir como “la capacidad de experimentarse a sí mismo como una entidad única, irrepetible, que percibe al mundo a través de sus vivencias corporales”.
La identidad sana tiende a la percepción unificada, que conoce sus límites y trata de conectarse con lo que lo rodea. La falta de conocimiento de sí mismo genera graves dificultades para percibir la realidad y surgen entonces mecanismos de defensa que estructuran una falsa identidad.
Separado de su verdadera esencia, adopta roles fijos que le permiten “funcionar socialmente”, pero que lo alejan cada vez más de poder desarrollar su propia individualidad.
Así nos encontramos con personas que se comportan siempre de la misma manera: Si es jefe, es jefe en la oficina, en la casa, en el club, en la escuela de los chicos, en el consorcio, en el restaurante, y no desarrolla otros roles, como el de padre, esposo, amigo vecino. Está empobrecido.
Nosotros enfocamos esa búsqueda de la identidad a través de la danza, volviendo a las fuentes, ya que es una de las expresiones más antiguas a que ha recurrido el hombre para conectarse con el Universo.
Hace miles de años, nuestros semejantes danzaban para lograr buenas cosechas, lluvias, fertilidad, buena cacería, salud y amor.
También despedían a sus muertos a través de la danza y la música. Todo lo que necesitaban, sus deseos y emociones eran manifestados con el ritmo y el cuerpo. Es en la danza donde el hombre tiende un puente entre los mundos sagrados y profanos. Así ésta se transforma en sacrificio, sortilegio, oración y visión profética, convoca y ahuyenta a las fuerzas de la Naturaleza, cura a los enfermos, asegura el sustento, brinda victoria en la guerra, bendice los campos y a la tribu.
Todo este material está dentro nuestro, y poniendo el cuerpo en movimiento podemos echarle mano para que nos ayude a conocernos como integrantes de la especie.
Danza Armonizadora* es una técnica corporal, grupal y vivencial, que propone el cambio a partir del autoconocimiento, la armonización y la realización de acciones diferentes a las conocidas, a través de la identificación con nuevos modelos.
El ritmo de vida al que la mayoría nos vemos sometidos, preocupados por mantener un trabajo, ganar lo suficiente, lograr alcanzar un puesto, nos mantiene en un estado de stress cada vez más preocupante.
Las tensiones nerviosas se van depositando en las distintas partes del cuerpo, generando contracturas, rigidez y enfermedades. El cuerpo se va endureciendo y anestesiando, perdiendo sensibilidad y plasticidad.
Esto se incrementa por el estilo de vida de las ciudades, donde los trabajos físicos (cada vez en mayor medida) se ven reemplazados por la automatización.
Tanto en la profesión como en la casa, uno puede resolver casi todos los problemas oprimiendo botones, y cada vez nuestro cuerpo se mueve menos. El hombre de alguna manera se va robotizando.
Cuando hablamos de cambiar, lo que debemos cambiar en realidad es el rol familiar con el que hemos sido aceptados y reconocidos.
Ese rol, sea cual fuere, involucra una postura corporal, una forma de moverse, de caminar, de hablar, un tono de voz, una forma de relacionarse, de vestirse, de alimentarse, gestos, ademanes y muchos aspectos más entre los que se encuentra el entorno al que se pertenece.
Todo ésto en su conjunto conforma un determinado rol y el individuo siente de acuerdo a él. Sus emociones también están condicionadas a ese rol.
A través de un trabajo gradual, progresivo y pausado, la danza armonizada le ofrece al alumno la oportunidad de probar otras posturas, recibir distintos estímulos, atreverse a realizar movimientos diferentes a los ya conocidos y por sobre todo a ir conociendo sus necesidades reales, ya que la posibilidad de vivenciar otras situaciones y distintos estados, le permitirá elegir aquellos en los que se encuentre más cómodo, más satisfecho y más seguro de sí mismo.
Esta posibilidad de cambio se puede realizar gracias a un proceso de reconocimiento, rescatando y valorizando el sentir, única alternativa de poder elegir desde nosotros mismos.
Los ejercicios y danzas basados en la lentitud de movimientos, suavidad, fluidez, contacto, producen una mayor sensibilidad no sólo desde el punto de vista corporal sino también en lo emocional.
Este encuentro con nuestro ser real sólo puede lograrse en un contexto de amorosa contención, el grupo, porque nuestra primera reacción es el temor a manifestar las auténticas emociones (tristeza, bronca, alegría), ya que cuando las expresamos siendo niños pueden haber sido descalificadas o reprimidas por los mayores: “los hombres no lloran; no rías hoy que llorarás mañana, etc.”, son algunas de las frases que todos conocemos.
El grupo nos permite identificarnos, vernos en el compañero, comprender que no somos los únicos a quienes nos pasan esas cosas y especialmente, que tenemos en quién apoyarnos para poder cambiar, que hay otras personas que nos acompañan afectivamente en ese proceso gradual.
Por otro lado, los ejercicios y danzas como las de ritmo, concreción, poder, nos ayudarán a lograr no sólo una mayor fortaleza y tonicidad muscular sino también, desde lo afectivo, ayudará a nuestra valorización y defensa de los cambios obtenidos.
Estos dos aspectos se trabajan permanentemente en las clases, de manera que el alumno pueda evolucionar.
Muchas veces encontramos personas que han alcanzado un lugar importante en lo social, ya sea a nivel económico, profesional, político, que son muy famosos o con una capacidad intelectual muy desarrollada, y sin embargo no podemos decir que hayan evolucionado o desarrollado su inteligencia emocional.
Cuando la conquista de objetivos tiene como fin demostrar que somos mejores que otros, “ganadores”, o complacer lo que suponemos se espera de nosotros, por mucho éxito que logremos estaremos empobrecidos y alejados de nuestra verdadera esencia.
Todos tenemos una razón para vivir, y es nuestro deber descubrirla y atrevernos a vencer a todos los obstáculos que se nos presenten para llevarlos a cabo.
La verdadera evolución consiste en la superación de nuestros propios temores y resistencias de ser nosotros mismos…..Consiste en la superación de nuestro propio ego, comprendiendo que no somos un fin en nosotros mismos, sino un instrumento de cambio y transformación, por lo cual nuestra realización debe convertirse en un servicio a los demás.
Cuando nos resistimos a descubrir quienes somos en realidad, a ocupar el lugar que nos corresponde en el mundo, vivimos constantemente insatisfechos y perdidos en nosotros mismos, esperando que sean los demás los que llenen ese vacío.
Todos tenemos intuitivamente una idea de cuál es nuestra misión, pero no siempre nos atrevemos a realizarnos, ya que esto implica un gran compromiso, y por sobre todo un trabajo paciente.
El trabajo consiste en conocernos, ir descubriendo paso a paso nuestras sensaciones, nuestras fantasías, nuestros miedos, nuestras necesidades.
Todo proyecto de cambio debe comenzar en una idea, en un pensamiento, pero no alcanza con eso para que se transforme en realidad.
Para concretar algo debemos sentir la necesidad de lograrlo, y luego ponernos en acción
Debemos sentir que tenemos derecho a estar mejor, y salir en busca de aquello que nos ayude a conquistar el bienestar deseado.
Esta conquista es imposible llevarla a cabo sin una cuota de entusiasmo, ya que los obstáculos con que nos vamos a encontrar pueden ser muchos.
Todos tenemos dentro una parte que anhela estar mejor y otra que se resiste a cambiar, a dejar la comodidad de lo conocido, por lo tanto el camino de la superación puede no resultar sencillo, y si no contamos con el entusiasmo y la confianza, es probable que nos quedemos a mitad de camino, entretenido con las limitaciones.
Sólo con entusiasmo y confianza no vamos a bajar los brazos frente a los miedos y la incomodidad de la transformación.
No debemos recorrer el camino hacia la Evolución como un esfuerzo y un sacrificio, sino disfrutando del placer de cada conquista, y confiando en que, el empezar a sentirnos satisfechos, será la mejor garantía de que estamos en el camino correcto.

*La Danza Armonizadora es una técnica creada por la profesora Elida Noverazco.

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Categorías:Corporal
  1. febrero 16, 2008 en 5:34 pm

    Estimado Hugo, agradezco la publicación de mi nota, pero te ruego que corrijas un dato erroneo: no soy Licenciada en Psicología sino Profesora de Danza Armonizadora recibida en el Instituto de la Profesora Elida Noverazco, creadora de esta disciplina.
    Muchísimas gracias

  2. febrero 17, 2008 en 4:23 pm

    Gracias por la aclaración Graciela, y desde luego estás invitada a colaborar en esta nueva etapa de Abraxas.

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