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El malestar en la cultura posmoderna

Lic Waldo García

Mucho se habla en el presente de la cultura posmoderna y de la manifestación de nuevas patologías. Desde el psicoanálisis se puede decir mucho y es importante tomar como referencia el texto de Freud “El malestar en la cultura” de 1930.

En primer lugar Freud define a la cultura como: “La suma de las producciones e instituciones que distancian nuestra vida de la de nuestros antecesores animales y que sirven a dos fines : proteger al hombre contra la naturaleza y regular las relaciones de los hombres entre sí”.

De no existir esta regulación, los vínculos quedarían sometidos a la arbitrariedad del individuo, imponiéndose el más fuerte.

Este punto de regulación de las relaciones de los hombres toma fundamental importancia, considerando que el hombre dispone entre sus tendencias pulsionales a la agresividad y es aquí donde Freud sostenía que el otro no representa solo un colaborador o un objeto sexual, sino también un objeto para satisfacer su agresividad. Lo hace explotando su capacidad de trabajo, aprovechándose sexualmente, humillándolo, ocasionándole sufrimiento y en el caso extremo matándolo.

Dicha agresión es descendiente y representante de la pulsión de muerte, siendo una de las causas de su liberación, la frustración.

Ya en 1920, cuando divide las tendencias psíquicas entre Eros (Pulsión de vida) y Thanatos (pulsión de muerte), se preguntaba por la relación de esta última con la organización cultural. Teniendo Eros la función de ligar a las pulsiones de muerte, para así poder, el sujeto, desarrollar las posibilidades creativas que canalizarán a la agresividad. Pero el sujeto se encuentra en una cultura que permitirá o inhibirá a este proceso. Estando presente un antagonismo entre las exigencias pulsionales y las restricciones que le impone la cultura. En este caso el malestar está dado por un plus de goce, consecuencia de la renuncia al goce; plus de goce obtenido de la diferencia entre el placer buscado y el placer obtenido.

La pulsión reprimida nunca cesa de aspirar a su satisfacción plena; las formaciones sustitutivas y la sublimación son insuficiente para cancelar su tensión.

Por lo tanto la cultura está atravesada por un malestar que es propia de la constitución del sujeto: la pulsión de muerte.

Es por esto que la cultura debe ser un proceso al servicio de Eros para poder unir a la humanidad, proceso que se opone a Thanatos, ya que si este se libera trae como consecuencia la autodestrucción del sujeto o la destrucción del otro.

Pero el medio en que se vale la cultura para volver inofensiva a esta agresión es interiorizándola a través del Superyó, ejerciendo, como conciencia moral, “la agresión” hacia el yo que hubiera realizado sobre otros y generando conciencia de culpa. Aclarando que en la formación del Superyó y por lo tanto en la génesis de la conciencia moral cooperan dos factores: lo constitucional como realidad pulsional propia de cada sujeto y la influencia del medio, en el que la familia es la mediadora de la cultura.

Pero si la pulsión de muerte está al servicio de Eros, nos encontramos con el desarrollo de la creatividad. Sobre este punto, Winnicot sostenía que la posibilidad de aprehender creativamente la realidad es lo que le da sentido a la vida.

Si esta capacidad es inhibida, nos encontraremos con enfermedades, violencia y suicidios como manifestación de la pulsión de muerte.

En este sentido siempre hubo un malestar en la cultura e históricamente ésta se las arregló para contener los instintos agresivos.

¿Pero que pasa en la cultura actual?

La cultura actual tiene características muy particulares; entre ellas la globalización, las reglas del mercado, la cultura mediática, resaltación del individualismo, el fin de la historia, la imagen como valor, etc. Estas características han generado la ruptura de los lazos sociales, sensación de vacío, incertidumbre ante el futuro, el éxito personal desmedido, se ha pasado del “ser” al “tener”, las crisis de las instituciones y de la familia.

Como resultado encontramos que en la cultura actual, están en crisis los medios que disponía para hacer inofensiva a los instintos agresivos.

Si tenemos en cuenta que la formación de un niño en ser moral y social está en relación con la formación psíquica Superyó y este es representante de los valores proveniente de los padres y de las instituciones de la cultura, ¿con qué contenido se estructurará si los mayores han perdido mucho de sus valores e ideales?.

La imposibilidad de nuestra cultura de ofrecer medios para la creatividad, en especial trabajo, genera frustraciones y por lo tanto incrementa la hostilidad proveniente de la pulsión de muerte. Esta no encuentra el modo de fusionarse en la tarea y en la creatividad de acuerdo a las nuevas pautas sociales que en general tienden a la exclusión del sujeto.

Sin una sociedad que brinde espacios y objetos de enlace para la libido, facilitará la regresión de la misma hacia el yo. No se buscará poder ser y hacer, sino poder sobre el otro

Vuelta al individualismo de una cultura sin soportes, el otro queda barrado o la conexión es a través de la agresión. Paradojalmente, en la violencia, la negación de los otros llega a ser negación a si mismo.

También encontramos el silencioso accionar de la pulsión de muerte en manifestaciones autodestructivas; síntomas anorexicos, bulímicos, adictivos y en casos extremos el suicidio, se han intensificado en el estado actual de la cultura, como así también la angustia ante la falta de anclajes.

Síntomas en donde encontramos articulado el cuerpo, el goce y la pulsión y nos hablan de un más allá del principio del placer, imperio de la pulsión de muerte.

Cabe señalar que dichos síntomas se han intensificado en la cultura actual, pero que a mi entender no escapan de la nosografía psicoanalítica clásica.

Si bien hoy estamos ante una sociedad en crisis, se debe tener en cuenta las particularidades de cada sujeto, su historia personal, su realidad psíquica y su inserción en la cultura.

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Categorías:Psicología
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