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Sobre la angustia y lo siniestro

Al final de la clase tres del Seminario “La Angustia”, Lacan señala la necesidad de retomar un escrito de Freud denominado “Lo Siniestro”, pues allí se encontrarían velados los secretos para abordar precisamente el tema de la angustia.
El escrito de Freud es de 1919 y tomando como eje el cuento de Hoffmann “El hombre de la arena”, se propone aislar el núcleo de lo siniestro. Dirá que lo siniestro aparece cuando complejos infantiles reprimidos son reanimados por una impresión exterior o cuando convicciones primitivas superadas parecen hallar una nueva confirmación.
Para ello dirá que lo siniestro es aquello espantoso que afecta a las cosas familiares y conocidas desde tiempo atrás.
En otras palabras, lo familiar que ha quedado reprimido retorna transformándose en algo extraño, en algo siniestro.
Se puede observar el sentimiento de lo siniestro en muchos fenómenos, por ejemplo en la duda de que un ser inanimado sea en realidad un ser vivo como es el caso de las muñecas de cera o lo muertos, que aparentan estar vivos.
Dice Freud: “Lo siniestro se da frecuentemente y fácilmente, cuando se desvanece el límite entre la fantasía y la realidad; cuando lo que habíamos tenido por fantástico aparece ante nosotros como real, cuando un símbolo asume el lugar y la importancia de lo simbolizado.”
Todos los factores remiten al estado del narcisismo primario, al que la represión transformó en algo extraño; momento en que el niño establece con su madre una relación de absoluta dependencia, en donde no hay diferencia entre el yo y el no yo, en donde el primer doble del niño se encuentra en la figura de la madre y es aseguradora de la supervivencia.
Una vez superado este narcisismo primario, el doble se ubicará en todo aquel que remita a ese narcisismo, invirtiendo el sentido, para convertirse en vez del aseguramiento de la supervivencia en el siniestro mensajero de la muerte.
El carácter siniestro del doble, obedece a que remite al individuo a épocas psíquicas primitivas y superadas, donde su estado fusional y de indefensión necesitaba asegurarse en mundo imaginario omnipotente.
El animismo, la magia, los encantamientos, la omnipotencia de pensamiento, las actitudes frente a la muerte, las repeticiones y el complejo de castración pueden reanimar complejos infantiles reprimidos y llevar a vivenciar el sentimiento de lo siniestro. Aquello que debería estar oculto se ha presentificado.
Si tomamos a modo de ejemplo a la literatura, en el libro “El Principito”, el aviador dice: “Cuando era niño, vivía en una casa antigua y la leyenda contaba que allí se encontraba escondido un tesoro. Seguro que nunca supo nadie descubrirlo ni quizás se haya buscado. Pero me encantaba toda aquella casa. Mi casa escondía un secreto en el fondo de su corazón.”
Se podría decir que las cosas son bellas o asumen un valor particular, para nosotros, no por lo que se ve en ella, sino por lo que no se ve, por lo que falta, por lo que está velado, eso que está oculto más allá, pero que no se manifiesta.
Freud toma la definición de Schelling, matriz del problema: “Se llama siniestro (Unheimlich) a todo lo que estando destinado a permanecer en el secreto, en lo oculto, ha salido a la luz”.
Lo mismo se puede sostener para el arte, Borges decía que el efecto estético es la inminencia de una revelación que no llega a producirse.
Lo siniestro no es efecto de algo nuevo o ajeno, sino algo familiar y antiguo a la vida anímica, solo enajenado de ella por la represión.
Lacan sostenía que la última barrera que puede proteger a un sujeto frente a la confrontación con la pulsión de muerte es lo bello, eso bello enceguecedor que esconde algo y si aparece lo que esconde, estamos ante un sentimiento de lo siniestro.
Un ejemplo clínico puede servir para ilustrarlo: Una paciente comenta haber mantenido por largos años una relación de pareja, en donde su objeto amado era su príncipe azul, su ideal, no existía nadie como él, no tenía defectos, en definitiva era eso bello enceguecedor, pero un día algo de lo real, de lo que estaba velado, se presentificó, la perfección comenzó a caer. El resultado fue la catástrofe, la angustia. ¿Cómo pude estar tantos años sin ver eso? se preguntaba.
Lacan aconseja remitirse a lo siniestro para rastrear la angustia en Freud. Dirá que falta la falta, es decir, se hace presente lo que debería faltar y estamos ante la angustia.
Pero también es necesario remitirse a Heidegger, quien sostenía que en la angustia no se trata de ningún objeto o ente determinado que lo produzca.
Decía: “Lo amenazador no es en ninguna parte”; ésto no significa una nada, sino que la nada se hace patente y el hombre es en la angustia en donde es arrojada su singularidad, donde su existencia puede ser empuñada de manera propia. Puesto en juego la singularidad, lo que angustia es el mundo apareciendo como tal.
Esto significa que la nada que se presentifica en la angustia no es sin los objetos del mundo, sino que éstos están despojados de su significación.
La concepción de la angustia por parte de Lacan, coincide con la que hace Heidegger. Lacan parte de un mundo con objetos que por si solos carecen de significación, pero el sentido es dado desde un orden simbólico, desde los significantes. Ellos tendrán significación debido a ese objeto que está velado, perdido y que es producto de la constitución subjetiva. Cuando ésto que debería estar velado, que debería faltar , se hace presente aparece la angustia.
Lo podemos enunciar de la siguiente manera : i(a), en donde es ese “objeto a”, el que debe estar velado, por eso está entre paréntesis, su falta se viste con una imagen especular y, pero si esa falta no falta, es decir si el “objeto a” se presentifica, comienza la angustia. El sujeto se encuentra con los restos del mundo que la escena velaba y le daba significación.
A su vez si, el “objeto a”, no se presentifica le da identidad al yo, lo fortalece, el objeto es causa del deseo, por lo que es un objeto bifronte, ya que si aparece revienta la imagen.
Corrido el velo, lo real de su presencia, estalla el montaje de la escena en la que el sujeto se sostiene. Encontrándose allí conjugado heim y unheim, lo más familiar y lo más ajeno.
Y en la casa del hombre otra presencia pasa a comandar.

Lic. Waldo García

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Categorías:Psicología
  1. angel
    mayo 23, 2011 en 10:40 pm

    Me parece muy relevante esta publicación, ya que estoy elaborando un estudio sobre la angustia y pues realmente estoy concluyendo con la clinica del dr Lacan en mi trabajo y prcisamente en mi indagio sobre el grafo del deseo supe que desde esta optica explicaria mejor la angustia

  1. julio 16, 2008 en 10:47 pm

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