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Las sociedades secretas masculinas:el otro nacimiento

Las sociedades secretas aparecen en la comunidad primitiva como las primeras instituciones de transición de la estructura prehistórica matriarcal hacia el patriarcado.
La comunidad primitiva rodeada en clanes alrededor de un tótem ancestral (animal o planta alimentaria que sella la relación de parentesco a través de la comida totémica ritual, heredado por filiación matrilineal) no tiene líderes ni tampoco grupos de élite, no existe la propiedad privada, todo se comparte por igual: la tierra, el alimento, los varones, las mujeres y los hijos.
Las ideas se remiten, como el pensamiento, a lo concreto perceptible. Se nace del cuerpo femenino, se vive del alimento producto de su cuerpo y es este modelo de génesis y de vínculo el que se repite con el tótem, considerado madre nutricia original del que todos los integrantes del clan descienden y de quien se alimentan. En éste sentido podemos considerar el clan totémico como una sociedad matriarcal, no por ser liderado por mujeres (eran organizaciones sin jefes, totalmente participativas y comunitarias) sino porque su organización está basada en el modelo vincular alimentario femenino.
Pero la concepción marca una diferencia incuestionable que genera, por su efecto simbólico, una admiración mística hacia la mujer, devenida por su capacidad procreadora y alimentaria en diosa creadora. La gestación y la crianza láctea no pueden ser emuladas por lo varones que se creen así desligados del poder de la vida, del poder dar vida, desconocedores aún de su rol biológico en la inseminación.
La envidia masculina(1) de este poder -capacidad femenino promueve el deseo de apropiación de estos atributos en una carrera que culmina (por desplazamiento) con el poder entendido como dominación (de unos pocos sobre el sometimiento de muchos), que rompe la igualdad a ultranza de la comunidad primitiva y transforma la participación total de sus miembros con la naturaleza y sus productos en una propiedad privada de los elegidos.
Describir las organizaciones de transición de las estructuras matriarcales a las patriarcales permite comprender en parte el sentido de este abismal salto que dio lugar a la sociedad moderna y a la familia, promovió el desarrollo del pensamiento simbólico, del lenguaje conceptual y del inconciente.
Las sociedades secretas surgen primitivamente como el primer intento de romper con la estirpe femenina, se ofrece como la posibilidad de otro nacimiento sellando una génesis masculina y una fraternidad de sangre.
La iniciación, nudo fundamental de su estructura, encierra la esencia del secreto. No hay secreto sin iniciación, es decir, sin ruptura del primer lazo de parentesco (materno) para el renacimiento de una nueva filiación. Los ritos de iniciación son actos de repetición de una génesis y marcan el derrotero de su objetivo: la muerte para un nuevo nacimiento, la anulación de una relación de parentesco, es decir de una identidad, para la resurrección de otra. Hay que morir como hijo de la madre para renacer como hijo del padre, este es el drama puesto en escena en el mito de Cristo.
Si la escencia del rito es la muerte del neófito para permitir la resurrección del iniciado, la razón del secreto es el misterio de la génesis, es decir, el desconocimiento que le otorga poder mágico a los mecanismos que la naturaleza pone en juego para la gestación, gestación que se quiere emular en el rito. La muerte y la vida son el gran misterio que, como los secretos, no se pueden develar.
La muerte es del cuerpo, de la materia, la resurreción del espíritu, del aire vital. El espíritu (del latí spirare=respirar) es una construcción mágica que permite una nueva identidad que rompe con el anclaje corporal de la filiación materna.
Pero la forma de sellar el nuevo parentesco sigue siendo en muchos casos la incorporación alimentaria. Entre los kikuyo de Africa, cuando un púber llega a la edad de iniciación para ser promovido a las ligas masculinas, es separado de su madre y llevado a un recinto especial. Ayuna durante tres días y la tercer noche se lo sienta en círculo alrededor del fuego con los varones mayores. Uno de ellos abre con su cuchillo una herida en su brazo y deja caer un poco de su sangre en un cuenco que pasa de mano en mano para que cada hombre haga lo mismo. Luego se le entrega al muchacho que debe beber la sangre de los hombres. A través de este ritual aprende que el alimento no proviene únicamente de su madre, siendo así bienvenido al mundo viril .(citado por E.W.Hobley en “Kikuyu customs and beliefs”)
Este es el inicio del actual concepto de consanguineidad, cuando en realidad no somos parientes de sangre (si fuera así habría solo ocho familias:0, A,B,A-B, en sus dos versiones de RH) sino genéticos.
Los ritos de iniciación implican el sometimiento a pruebas dolorosas, lo que pone en evidencia que todo nacimiento remedando el original implica un corte físico (separación) y debe ser doloroso, también como el original debe dejar una cicatriz corporal (ombligo). La circuncisión en las comunidades primitivas o la recepción de los novatos en las instituciones masculinas contemporáneas (militares o escolares) muestran, aún en nuestros días, el sentido de éstos ritos.
Las iniciaciones responden a un arquetipo que se sostiene más allá de las culturas y los tiempos y se encuentra tanto entre los aborígenes de Oceanía, las tribus de América o bien las ceremonias de admisión a instituciones modernas (como las que describe Jawad Bey en los seminarios búlgaros del siglo XIX). Estas características son: aislamiento en un recinto totalmente oscuro, mutismo durante ese período, alimentación líquida, transformación notoria de la conducta posterior de los iniciados. ¿No es caso ésta la impronta de la vida intrauterina?, ¿ no es ésta una dramatización de la gestación materna para simbolizar una nueva génesis de la que emergen, transformados, los iniciados ?.
Las in gesta de plantas alucinógenas carne de Dios” para los mazatecas, propia también de estos ritos, permite a través de un alimento no materno sellar el nuevo parentesco comiendo el cuerpo del padre. Estas plantas provocan un estado de delirio que trastorna la memoria y permite olvidar la realidad. Solanáceas que contienen alcaloides como la atropina y la hioscina, provocan alucinaciones y también ceguera momentánea (mandrágora, beleño, datura, tabaco, son algunas de las más utilizadas). Son la puerta a un olvido del pasado, lo que cierra la parábola del nuevo nacimiento: no sólo hay que olvidar la primera relación de parentesco materno, sino también recrear la ausencia de memoria conciente de los registros de la vida intrauterina, del nacimiento y los primeros años de vida.

“Cuando u n hombre pasa de una inserción social a otra diferente, debe encontrarse durante un período de tiempo mas o menos largo en un estado de suspención de su propia existencia histórica…es necesario ser recortado del mundo de los vivos para poder ser agregado a una nueva condición…por esta causa los ritos deben estar cargados de un valor afectivo fuerte a fin de provocar en el neófito la mas profunda ruptura social posible con los grupos a los que pertenecía antes de la iniciación…La pérdida artificial de la memoria es una operación ritual fundamental que se encuentra casi en todas las iniciaciones antiguas y modernas…La amnesia libera de la conciencia de los lazos anteriores y vuelve caducas las relaciones con el mundo y los demás.” (R.Alleau “Las sociedades secretas).

Esta descripción de la amnesia como corte con los vínculos primitivos, de la interrupción de la memoria como pérdida de la inserción social histórica, reafirma la utilización de plantas alucinógenas como la vía regia para alcanzar estos objetivos, es decir, el olvido del vínculo materno a la vez que permitir un estado de suspención temporal que emula el período de gestación intrauterino, en una nueva génesis no femenina.
El poder que los varones creyeron (y lograron) alcanzar, a partir de esta apropiación imaginaria del don femenino de la gestación, permitió por desplazamiento otras apropiaciones.
Las máscaras, en las que se ocultan y con las que se muestran los miembros de las sociedades secretas son, por condensación, la representación del nuevo ser transformado luego de la génesis masculina a la vez que un elemento terrorífico que logra (ocultando, para lograr la retaliación) el efecto deseado: la dominación.
Las sociedades secretas masculinas fueron las primeras instituciones sexistas, selectivas y discriminatorias que marcaron al saber, a la magia y a la religión como instrumentos de poder ( de los que saben para someter a los que no saben) y que utilizaron el terror para privilegiar a sus miembros erigidos en ocultos represores de la esencia igualitaria y participativa primitiva.
Los Duk-Duk de la Melanesia, los Hamileké en Africa, el Ku-Klux-Klan en EE.UU, marcan la permanencia de estas organizaciones que en sentido amplio permitieron el nacimiento, en diferentes geografías y tiempos históricos, de las estructuras jerárquicas, privilegio de la sociedad moderna.

Bibliografía

La mentalidad primitiva -L.Levy Bruhul. Ed. Lautar, Bs.As, 1945
Psicología étnica- Ch. Letorneau- Publicaciones de la Escuela Moderna, Barcelona, 1905
La institución imaginaria de la sociedad- C. Castoriadis, Ed. Tusquets, Barcelona, 1983
Tótem y tabú- S.Freud-Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, 1948
Las sociedades Secretas- R. Alleau-Ed. Sudamericana-Bs.As.1966

Lic. Teresa Wasserman

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Categorías:Antropología
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