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Adicciones en la adolescencia

Lic. Beatriz Janin. Presidenta del IX Congreso Metropolitano de Psicología : “Niñez y adolescencia hoy. Ética, amor y violencia en la constitución de la subjetividad”, organizado por la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires.
Directora de la Carrera de Especialización en Psicoanálisis con Niños de la APBA.

“La vida, como nos es impuesta, resulta gravosa : nos trae hartos dolores, desengaños, tareas insolubles. Para soportarla, no podemos prescindir de calmantes. Los hay, quizá, de tres clases : poderosas distracciones, que nos hagan valuar en poco nuestra miseria : satisfacciones sustitutivas, que la reduzcan, y sustancias embriagadoras que nos vuelvan insensibles a ellas.”
S. Freud, “El malestar en la cultura”. Históricamente, así como en la literatura, las drogas aparecen siendo un calmante para el dolor, el modo de evitar el sufrimiento, de olvidar, de sostener enterrados pedazos de sí mismo. A veces, otorgan la sensación de levantamiento de inhibiciones propias, pero también son la forma en que alguien puede hacer que un otro le obedezca ciegamente. Diferentes ejemplos pueden ilustrar ésto. El gran arma del dios griego Dioniso era embriagar al contrincante, enloqueciéndolo momentáneamente con el vino. El general franquista de la película “La fiesta” se inyecta morfina para aniquilar los terrores que lo acosan, el desprecio por sí mismo, la ausencia de ideales (“son propiedad del enemigo, nosotros hacemos la guerra para no aburrirnos”)… y seguir matando.“Me animo a enfrentar cualquier cosa. Nadie puede vencerme cuando me doy”, afirma un paciente de dieciséis años adicto a la cocaína.
Volverse insensible a la propia miseria, a las fracturas narcisistas, al dolor por lo perdido, lleva a no sentir, pero al desestimar el sufrimiento, el mundo se termina opacando. Y entonces, se suma otra cuestión : si alguien no siente, se transforma para sí mismo en una suerte de muerto-vivo, lo que termina resultando insoportable.
La mayoría de los autores, cuando se refieren a las adicciones, hablan del sufrimiento y de las pérdidas, pero también de la dificultad para simbolizar, de un pasaje del impulso a la acción sin pensamiento.
Si bien me voy a ocupar en este artículo de las adicciones en la adolescencia, considero que la drogadicción, del mismo modo que la adicción al vértigo, a la velocidad, al juego y a tantos otros “sucedáneos de la masturbación” no son privativas de los adolescentes.
Ahora, si de pérdidas y duelos se trata, la adolescencia es una época en la que éstos son inevitables.
Y hay diferentes tipos de adicciones. Así, suele predominar en los varones la adicción al alcohol, a las drogas, a la velocidad y al juego, mientras que las mujeres suelen hacerse drogadictas secundariamente a la adicción a un hombre. En ellas, es más frecuente la adicción a los hombres y al hambre.
También hay diferencias entre las drogas. Así, mientras que la cocaína “alivia” la depresión, dando una sensación de omnipotencia y produciendo estados maníacos, la marihuana aumenta el registro sensorial (no de sentimientos sino de sensaciones), la heroína otorga un efecto “relámpago” de estar vivo y a la vez de rozar la muerte y la morfina calma todo dolor. Efectos que varían según la estructura psíquica.
Pero en todos los casos algo ocurre con el sentir y con el sentimiento de estar vivo.
Considero que en muchos adolescentes la adicción es un momento restitutivo, secundario a una crisis que se perfila ya en la pubertad. Y que tiene como característica fundamental el intento de tapar un sufrimiento insoportable. Si bien se habla de diferentes tipos de duelo, los adolescentes deben realizar necesariamente un duelo por su cuerpo infantil, por sus padres infantiles y por su lugar de niño… Y ésto puede desencadenar (con la reedición de la conflictiva edípica) una retracción progresiva que lo deje sumido en un vacío interno.
Investigando historias de adolescentes drogadictos me he encontrado con un tiempo previo a la adicción, que no fue registrado como patológico, en el que huían de todo vínculo, dormían todo el día, o tenían momentos de desborde, fluctuando entre estallidos violentos y estados de abulia, siendo incapaces de resolver solos las mínimas exigencias escolares (aunque hubiesen sido antes alumnos brillantes). Efectúan un borrar-borrándose, aniquilando sentimientos, pensamientos, sueños.
“Estoy mal, pero no sé qué me pasa. No tengo ganas de nada. Voy al colegio porque me llevan. No escucho lo que dicen los profesores. No me interesa. Es problema de ellos. No tengo amigos.”, comenta, desplomado sobre el escritorio, un chico de quince años que repite segundo año y ha comenzado a consumir alcohol. “Es lo único que me pone contento”, afirma.
“No siento. Nada me importa. Todo es un gran vacío. Los demás no entienden”, dice en una de sus primeras sesiones un adolescente de dieciséis años, adicto a diversas drogas.
Pienso que en ellos la pérdida de cierta estabilidad funciona como un terremoto que no deja nada en pie, por lo endeble de las construcciones previas. Esto implica que la separación que deben realizar queda estancada, como una especie de empresa imposible, de exigencia ciega. Exigencia que, en lugar de ser posibilitadora, les resulta abrumadora.
Perder los soportes infantiles se torna insoportable cuando esos soportes no fueron firmemente internalizados. Más que la pérdida de algo, mientras lo demás permanece, parece ser el derrumbe de todo el edificio lo que está en juego.
Y frente a tanto dolor, es frecuente que se produzca un efecto de tierra arrasada.
También es frecuente que los padres desmientan el abatimiento generalizado de estos chicos y el consumo de drogas o alcohol, enterándose generalmente porque alguien denuncia la situación, después de varios años.
¿Por qué la pérdida se transforma en desgarro, la separación no puede realizarse y la tensión dolorosa se vive como algo intolerable que debe ser anulado como sea?
Se separan aparentemente de los padres, sin separarse, adhiriéndose a un objeto (como la droga) que no pueda abandonarlos.
Los vínculos que establecen tienen un carácter de adhesividad, pero son superficiales. No pueden amar ni se sienten amados.
El propio funcionamiento pulsional los desborda, abrumando al sujeto con una tensión desgarradora. Y quedan sobrepasados por cantidades. Allí donde otros arman la novela familiar, pueden escribir una historia, armar fantasías, ellos quedan a merced de urgencias no tramitables, no simbolizables, que no pueden procesar psíquicamente.
Y si en un primer momento, lo que quieren es aplacar el dolor, en un segundo momento el no sentir les genera desazón, los deja con vivencias de vacío, de no-vida. Frente a ésto, buscan “emociones fuertes” : alcohol, droga, velocidad, golpes, como elementos que sacuden, que lo sacan del estado de apatía.
La pulsión de muerte operando como motor autodestructivo queda potenciada por la ausencia de mediatizaciones. Fallan en el armado de fantasías, no establecen representaciones intermediarias y el lugar de los sueños diurnos lo ocupa la droga. Es “la cosa en sí” (más terrorífica que cualquier pesadilla, al decir de W. R. Bion) lo que habita el desierto.
Soñar, fantasear, crear… implican disponer del mundo representacional para producir reorganizaciones… En los adictos ocurre lo que plantea André Green en los pacientes fronterizos : “se caracterizan por el fracaso en crear subproductos funcionales del espacio potencial”.
Una de las principales tareas de la adolescencia es el abandono de las investiduras libidinales hacia los padres y el investimiento de nuevas figuras. Pero estos adolescentes se sienten bajo la égida de un progenitor rechazante, despótico al que no pueden “digerir” pero cuya pérdida implicaría quedarse sin nada, vacío. En la tentativa de separarse, el adolescente intenta “sacar de sí” todo aquello que vive como esa presencia materna-paterna dentro de él. Sin embargo, él “es” ya rasgos maternos-paternos, identificaciones estructurantes que lo sostienen. Y al intentar expulsarlas de sí, expulsa pedazos de sí mismo. Cuando las identificaciones se han ido edificando en un “como si”, como una cáscara vacía, la sensación de “romperse en mil pedazos” en este movimiento, es abrumante. Esto facilita que se aferre a algo-alguien para sostenerse, algo-alguien que le garantice ese entorno de cuidados, disponibilidad, sostén, que anhela y que nunca sintió tener y, fundamentalmente, algo-alguien que lo haga sentirse existiendo.
La tensión entre el yo y el Ideal del yo se resuelve en una derrota que aparece como derrumbe narcisista. Sentimiento que puede ser rápidamente encubierto con la euforia que da el alcohol o la cocaína, entre otras drogas. Omnipotencia prestada que tapa por momentos el dolor intolerable.
Como plantea Pascal Hachet, el consumo de droga es “una tentativa ineficaz de autocuración de sentimientos impensables”.
Pienso que el entorno actual facilita el consumo de drogas. Los valores que predominan en nuestra cultura, como el éxito fácil, la apariencia, el consumo, no tienen peso. Podríamos decir que son valores triviales, que no ayudan a la complejización sino que favorecen las fantasías omnipotentes y megalomaníacas. La idealización del poder y de la magia refuerzan los ideales del yo-ideal. En lugar de proyectos, hay un “ya” demoledor.
La disyunción es : o se es “un ganador” o no se es, situación que deja a alguien en crisis absolutamente solo y desamparado. Ésto, en un momento en que el sí mismo está siendo cuestionado, puede ser devastador. Puede hacer sentir que la lucha está perdida de antemano y que eso implica no ser. “Quedás afuera del mundo” es una frase muy usada últimamente, que alude a una marginalidad radical. La crisis ética favorece las salidas mágicas, inmediatas. A la vez, si, como plantea Pascal Hachet, “el recrudecimiento de la toxicomanía va a la par con el de los duelos colectivos no realizados” ¿qué consecuencias estamos sufriendo de nuestra historia reciente ?
Si el futuro aparece como lejano e inalcanzable, es posible que la droga brinde una felicidad momentánea e ilusoria, una resolución “al instante”, ya , de lo que no se puede resolver por otras vías. En ese sentido, es posible que un mundo hostil, que lanza al consumismo, en el que los valores fundamentales tambalean y en el que la muerte tiene una presencia permanente como cuña no tramitable, empuje a la adicción a todos aquellos chicos en los que prevalece la desestimación y la desmentida frente a un sufrimiento intolerable.
Entonces, tierra arrasada frente al empuje pulsional, tierra arrasada frente a los embates al narcisismo, tierra arrasada frente a las exigencias de un mundo que no facilita vías de salida es el territorio en el que la adicción puede afincarse.

Lic. Beatriz Janín

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Categorías:General, Psicología
  1. yasmin
    abril 6, 2008 en 5:29 pm

    yop tengo amigos que le hacen alas drogas y nose como ayudarlos

  2. hugo basile
    abril 6, 2008 en 7:33 pm

    HOLA JAZMíN, COMENTAME DE DONDE SOS PARA ASí VER SI PODEMOS ORIENTARTE

  3. febrero 19, 2009 en 1:57 am

    teamo teamo te amo te amo teamo te amooooooooooooooooooooooo

  4. junio 8, 2009 en 11:17 pm

    me drogo

  5. silvia
    octubre 14, 2009 en 4:37 am

    **principalmente** me llamo silvia
    bueno mm mi problema es el siguiente tengo 15 años
    los acabo de cumplir pero yo desde los casi 13 me drogo
    y solo me gustaria ke alguien me ayude osea nadamas ke me oriente
    solo kiero ablar y contar mis problemas..
    **AYUDENME**

  6. monica cruz sanchez
    junio 1, 2010 en 11:44 pm

    hola soy monica y me drogo es algo qe me gusta x qe siento paz en mi y no la pienzo dejar

  7. monica cruz sanchez
    junio 1, 2010 en 11:46 pm

    hola soy pamela y me drogo desde los 14 años ez plaser para mi y m gusta muxoteeeee

  8. luis
    junio 29, 2010 en 10:19 pm

    esta bonita la informacion …pero qeria saber si pudieras hablar mas sobre adicciones en gemneral…..

  9. barbara escarlet
    octubre 18, 2010 en 3:02 pm

    hola soy adiccta al alcohol y al cigarro me siento genial cuando estoy bebiendo por favor ayedenme…

  10. BIBI
    enero 5, 2011 en 3:17 am

    Oola yo no me drogo ni tomo ni fume ni naaa…. solo vengo a decirles que drogarce con cualquier cosa no les traera nada bueno amm solo que quieran morirse… he escuchado que sienten placer que se sienten relajados pero ustedes no saben que hacen cuando se meten esas sustancias no piensan, aver imaginense se casan y tienen hijos y si a su hijo le ocurre algun accidente y necesite sangre o un organo y ustedes no puedan darselas porque su sangre y organos estan contaminados y el niño muere, neta que ese dolor no se lo van a poder quitar con NINGUNA DROGA asi que piensenlo dejarlas queda a criterio de ustedes……….

  11. anonima
    enero 12, 2011 en 9:09 pm

    buno chicos las aocciones no dejan nada bueno pro s algo dlo que puedn salir nos facil pro silo intntas lo logras la brdad s algo stupido solo pinsas que t rlajas o t olvidas d tus bronks pro nos asi solo logras que ser 1cobarde xque existen for+ d salir todos tnmos bronks y 1s+ grusas y nolo hacn mirn yo lo hacia pro m di cunta a timpo que nos buno

  12. Mahureen Fernanda
    marzo 3, 2011 en 2:44 am

    Hola, estoy realizando una monografia acerca de adolecentes gestantes consumidoras de sustancias psicoactivas, me gustaria que me colaboraras sobre el tema, te agradeceria mucho.

  13. junio 24, 2011 en 10:27 pm

    Qeee Buuennn artiicuuLo
    I Loveee Thiiss

  14. Guillermo Radi
    agosto 17, 2011 en 7:46 pm

    Mi nombre es Guillermo Radi soy Lic en Comunicacion social y periodismo y actualmente me encuantro cursando el tercer año de educacion fisica.
    ME GUSTARIA, SI ES POSIBLE, HACERLE UN REPORTAJE SOBRE ADICCIONES Y ADOLESCENCAI. EL MISMO SERA UTILIZADO PARA UN INFORME , ACERCA DEL TEMA, EN LA CATEDRA DE PSICOLOGIA TRES.
    DESDE YA MUCHAS GRACIAS

    • febrero 14, 2012 en 3:31 pm

      Hola Guillermo:
      estos artículos fueron escritosa hace mas de una década. No estamos en contacto con la profesional que los escribió. Gracias

  15. Franco
    febrero 12, 2012 en 4:31 am

    Comó se puede ayudar a un joven de 16 años a entender que las drogas no son un juego?
    Qué palabras se le pueden decir a un joven de 16 años para que entienda que tiene toda una vida para lograr grandes cosas a través del estudio, el respeto y la diciplina?
    Como amigo de la familia de un joven con problemas de adicción (en etapa inicial). Comó puedo ayudar a los padres y al adolecente?
    Qué libro puedo leer para entender las adicciones y poder ayudar a mis amigos e hijo? y Qué libro puede leer el adolecente para entender el problema de las adicciones?

    • febrero 14, 2012 en 3:27 pm

      Hola Franco:
      No necesariamente tu pregunta tiene una sola respuesta. Principalmente porque hay que ver cual es la ida emocional de ese aolescente, qué cosas necesita el entender, que a veces no son las mismas que uno imagina que debe entender.
      Un problema actual de los adolescentes es el hecho de no ver un futuro, de no verse en el tiempo y es por eso que muchas veces le hablamos de un futuro que el no ve para si mismo.
      También habría que preguntarse cual es el valor de esas palabras para vos: valor, respeto, disciplina. Son palabras que muchas veces implican un modelo de vida que sirva al adolescente. ¿Límites?, por supuesto, pero debemos ver cual es la medida de esos límites.
      Cuál es el mundo que rodea a ese adolescente? en relación al consumo de sustancias, ya sea medicamentos o alcohol? De qué drogas estamos hablando?. Es un tema muy complejo cuya respuesta no encontrarás en un libro, y mucho menos el adolescente. En cuanto a los adultos, cuando te referis a “mis amigos” ellos consumen?, qué consumen?. El adolescente lee habitualmente? que lee?, tiene amigos?, tiene contención familiar?, en fin, son muchas preguntas y muchos factores los que intervienen, por eso habría que ver específicamente qué pasa en ese grupo familiar.

  1. abril 15, 2013 en 3:23 am

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