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¿Con qué contamos hoy para lograr autonomía?

La necesidad de desmasificación e individuación, han hecho surgir avances promisorios en las ciencias de la conducta.
La primera revolución correspondió al Psicoanálisis con el descubrimiento del Inconsciente.
La segunda revolución al conductismo que partiendo de rigurosos experimentos de laboratorio, logró controlar muchas conductas tanto animales como humanas.
La tercera revolución psicológica nació en California con la corriente Humanista, que considera la responsabilidad, autonomía y autorrealización del ser humano. Como parte de ella surgieron las nuevas ciencias de la conducta como:
– Gestalt de Fritz Perls.
– Análisis Transaccional de Eric Berne, en la década del cincuenta.
– El Neoconductismo de Bandura, Lazarus, Mahoney y Beck.
– La Terapia Multimodal de Lazarus.
– La Hipnoterapia de Milton Erikson.
– La Programación Neurolingüística de Bandler y Grinder.
La cuarta revolución correspondió a la Psicología Transpersonal, que integra las tradiciones espirituales con la psicología occidental, construyendo un puente entre lo espiritual y lo científico, ya que el reino de lo espiritual y el reino conexo de los estados de consciencia alterada, es una de las fuerzas más poderosas que configuran la vida y el destino humano.
El psicólogo moderno debería conocer y manejar las diferentes técnicas que nos ofrecen estos métodos, para aplicarlos según la necesidad del paciente.
Me detendré en la corriente humanista, más concretamente en el Análisis Transaccional o AT, que separa el comportamiento en unidades y pone énfasis en las transacciones entre las personas. El AT afirma que todos nacemos con la capacidad para lograr éxito y satisfacción, a menos que padezcamos alteraciones orgánicas graves. Pero este potencial para desarrollarse, necesita del apoyo ambiental.
Analizando las transacciones (descripción de lo que ocurre entre las personas), descubrimos los juegos psicológicos en los que participan (que son transacciones repetitivas con una parte inconsciente y un final previsible). Estos juegos nos llevan a cumplir con el argumento de vida (que es un plan formulado en la infancia y luego olvidado, y que se contrapone a las decisiones autónomas).
De todos los instrumentos del AT, el Argumento de Vida es el más fascinante tanto para pacientes como para terapeutas, porque el hombre siempre quiso conocer su futuro. Eric Berne reemplazó el concepto de “destino” por el de “argumento”, el cual se graba en la infancia en base a influencias parentales y luego olvidado o reprimido, pero que continúa sus efectos, ya que la mayor parte del comportamiento humano se cifra en lo aprendido.
La infancia es la etapa decisiva en este aprendizaje porque como los padres necesitan que sus hijos se adapten a su marco de referencia, lo consiguen reforzando las conductas y emociones afines y castigando o ignorando las desviaciones.
Los niños intuyen que se espera de ellos y para adaptarse , a veces lo hacen a costa de su bienestar, internalizando los “mandatos”.
El argumento es algo similar al programa de la computadora que da respuestas prefijadas ante determinados estímulos. Pero a diferencia de las computadoras, los seres humanos tenemos la capacidad de cambiar el argumento en todo o en parte. El psicoterapeuta se convierte así en un reprogramador que ha sido contratado por gente insatisfecha con el programa que trae de su familia.

¿Cómo se forma el argumento?

Ya antes de ser concebido un niño, la familia tiene expectativas conscientes e inconscientes sobre los roles que aquel debe desempeñar, por ejemplo, ser un salvador que sacará de apuros a sus padres o que continuará y acrecentará la empresa fundada por su abuelo; o será médico como le hubiera gustado ser a su papá.
Como el argumento de vida es grupal, para que se cumpla, cada integrante de la familia debe asumir el rol complementario de los demás, así, la familia es un rompecabezas donde cada pieza debe encajar; por eso desde el nacimiento se moldea al niño para que asuma el perfil esperado (“Dios los cría y ellos se juntan”).
Como el pensamiento infantil es del tipo Todo o Nada, sólo se puede pensar en matices después de los ocho años; si un niño ha tenido un padre adicto al trabajo, grabará en su argumento una actitud polar con respecto al trabajo porque no ha tenido un modelo centrado, entonces en la adultez, él tampoco tendrá una conducta centrada y será otro adicto al trabajo o un vago.
Dado que más del 80% de la comunicación es no verbal, la familia solo se da cuenta de una ínfima porción de lo que transmite. Ilustraré ésto con un caso clínico que explica varios de los conceptos aquí vertidos. Hace unos años me trajeron a consulta un niño de ocho años, hijo de padres separados y que inexplicablemente se negaba a dormir en casa de su padre aunque la relación era muy buena. Cuando por fin accedía a pasar el sábado a la noche con su padre, se despertaba a media noche llorando y había que llevarlo a casa de su madre. Una de las leyes del AT dice que los hijos hacen lo que los padres necesitan, entonces había que averiguar cómo se grabó esta conducta y para qué servía.
La madre del niño le reiteraba verbalmente que debía ir con su papá y que todo estaría bien . Pero como las palabras representan solo un 10 o 20% de la comunicación, la clave estaba en el lenguaje no verbal, (los gestos, tonos de voz, movimientos sobreprotectores, la mirada triste de la madre antes de la despedida), indicaba resistencia y hacía que el niño sintiera culpa de abandonarla. La mamá por supuesto no registraba que estaba grabando en su hijo los mandatos “NO ME ABANDONES” y “NO CREZCAS”. Para desarticularlos fue necesario que la familia hiciera consciente lo que se decía no verbalmente.
En la adultez el mandato debe ser revocado por el propio paciente. Podemos inferir que si esta pareja no hubiera consultado, probablemente este niño en la adultez hubiera sido el típico solterón que vive con su mamá.

¿Cómo se revoca un mandato?

Solo hace falta hacerlo si el mandato nos impide vivir bien y decidir con autonomía. Para eso es necesario apelar a la REDECISIÓN. Este proceso exige POTENCIA para hacer conscientes nuestros recursos, PERMISO para desobedecer el mandato interno y PROTECCIÓN en los momentos de temor y duda.
En resumen, como ya hemos visto, el argumento es como una obra de teatro donde los roles son complementarios. En un drama será muy difícil que alguien actúe como víctima si no hay otro que lo salve u otro que lo persiga.
La pregunta fundamental que pone luz a la hora de encontrar el origen de un mandato es ¿quién se beneficia con esta conducta aunque parezca lo contrario?
¿Para quién es necesario que el paciente siga como está?
Estas respuestas son bastante clarificadoras especialmente en el caso de los adictos. Hay que destacar que los padres que graban mandatos perjudiciales en sus hijos en la mayoría de los casos no lo hacen en forma deliberada, ya que actúan bajo la influencia de sus propios mandatos inconscientes.

Lic Silvia Polivoy

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Categorías:Psicología
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