Archivo

Archivo para la Categoría "Psicología"

Cooperanza: una experiencia colectiva que perdura

Septiembre 4, 2009 Hugo Deja un comentario

por Diego Nacarada

Hacia fines de la década del ‘60 Alfredo Moffatt, junto a Enrique Pichón Riviere, entre otros, a partir de una experiencia en el fondo del Hospicio José T. Borda, crearon la Peña Carlos Gardel.
En esta comunidad terapéutica se intentó, a través de diversos talleres, unir a las personas en un proyecto común y en un espacio donde dejaran de ser tratados como una simple historia clínica. Leer más…

Neurosis fóbica, ataque de pánico: breve reseña para actualizar un tema muy de moda

Septiembre 4, 2009 Hugo Deja un comentario

por Dra. Laura Lobato

Para acercarnos a él diremos que fobia es un temor especial. Deriva de la palabra “probos” que significa temor, pánico, terror, en relación a la diosa de ese nombre que provocaba esos sentimientos entre sus enemigos. Vale recordar que ese temor es  desproporcionado a la causa que lo crea. Quien lo padece no lo puede explicar ni razonar ni tampoco controlar por su voluntad. Leer más…

A.D.H.D y subjetivación

Septiembre 4, 2009 Hugo Deja un comentario

por Lic. Liliana Pugliese


“Chicos bien quietitos
chicos calladitos, esos si que eran los de antes,
ahora somos piojos delirantes,
aunque a veces no les guste a los grandes”
Canción: Piojos y Piojitos

En nuestros tiempos un modo de violencia tiene que ver con  los tratamientos en los que  a partir de una “clasificación” podríamos comprender  la patología que sella y define a un niño.  Cuando el modo de contención  se puede dar a través de una “pastilla mágica”, entramos en un  terreno preocupante. La aplicación masiva del diagnóstico médico de “Trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad” es  alarmante en estos días. Leer más…

Toxicómanos y drogadicción La relación de los sujetos con el objeto sustancia

Abril 14, 2009 Hugo 2 comentarios

por Daniel González

Para pensar el tema de las toxicomanías es necesario delimitar el concepto que remite a la especificidad del acto toxicómano, ese acto habla de la particularidad de quien consume y cómo a partir de allí  se puede desarrollar una toxicomanía, que generalmente se convierte en el eje de la existencia de un sujeto, la particularidad de ese acto también nos sirve para pensar un tratamiento posible.
Cuando una toxicomanía se desarrolla se comienza una carrera institucional, idas y venidas, en la cual generalmente la angustia y desesperación se manifiesta en los familiares. Leer más…

Los límites: una cuestión de amor

Abril 14, 2009 Hugo 4 comentarios

por Lic. Liliana Pugliese

Esos locos bajitos que se incorporan
con los ojos abiertos de para en par,
sin respeto al horario ni a las costumbres
y a los que por su bien, hay que domesticar.

Niño,
Deja  ya de joder con la pelota.
Niño,
Que eso no se dice,
Que eso no se hace,
Que eso no se toca.

“Esos locos Bajitos”
Letra: Joan Manuel Serrat

La letra de la canción describe una situación diaria en el momento en que un padre pone límites a su hijo. Pautas que regirán la vida del niño en esa cultura y que le permitirán la inserción en la sociedad. Pero ¿Qué es un límite? Tanto se ha hablado acerca de los límites en los últimos tiempos, que se ha malinterpretado su sentido. Abordar este tema constituye un gran desafío para los padres. ¿Es necesario poner límites? ¿Cuándo empezar? Los límites, son una cuestión de amor, son mensajes de amor. Poner límites es enseñarle a nuestro hijo que no todo es ahora, que algunas cuestiones tienen y pueden esperar, que hay cosas que puede hacer y otras que no. Otorgan seguridad y contención y es en este acto donde se juega nuestra necesidad de contenerlos. Representan un borde que delimitan el camino. Los límites ayudan a tolerar la espera y la frustración y deben funcionar a modo de anticipación, guiando sus futuras conductas, haciéndole conocer qué se espera de ellos, no siendo de esa manera un castigo ni una prohibición. Por otro lado, son necesarios y lo ayudan a crecer. El límite es un organizador y su antecesor es el “No”. Spitz en su teoría, destaca tres organizadores del psiquismo humano fundamentales durante el desarrollo del niño. El primero de ellos es la “sonrisa social”, se entiende como la respuesta ante la presentación del rostro humano y es signo de la constitución de la etapa pre-objetal, fin del período de mayor indiferenciación y desamparo. Dicha respuesta, se presenta aproximadamente al llegar a los tres meses y su aparición es imprescindible para la constitución del objeto, el cual se consolida al aparecer la “angustia del octavo mes” y es el segundo organizador. Leer más…

Tu Resilias, ¿nosotros resiliamos?

Julio 22, 2008 Hugo Deja un comentario

Por Lic. Marcelo Della Mora

Más allá de los resortes… la resistencia
El afrontamiento es un concepto clave en las investigaciones de la adaptación y de la salud, porque toma en cuenta los esfuerzos afectivos, cognitivos y psicosociales que un sujeto emplea para poder controlar las situaciones que percibe como estresantes o amenazantes de su integridad para reducirlas o eliminarlas. Las formas cómo el individuo hace frente a experiencias percibidas como estresantes constituyen las estrategias de afrontamiento.
El tipo de estrategia de afrontamiento es importante porque, además de servir para dominar las demandas de la situación percibida como estresante, determina la forma en que se activa el organismo. El organismo se activa de muy distintas maneras, según la persona trate de controlar la situación o adopte una actitud pasiva ante ésta. Las conductas motoras empleadas para hacer frente a una situación estresante son conductas específicas para una situación concreta o conductas más generales para una amplia gama de situaciones, dependiendo de qué conductas se han aprendido en ocasiones anteriores. Las consecuencias de estas conductas determinarán que sean consideradas como correctas o incorrectas por la persona. Lo que determina que una conducta se repita o no en un futuro, no es la supuesta corrección de ésta, sino su eficacia para cambiar la situación.
Afrontamiento y vulnerabilidad
El afrontamiento se define como los esfuerzos cognitivos y conductuales constantemente cambiantes que se desarrollan para controlar demandas específicas (externas y/o internas) que son evaluadas como excedentes o desbordantes de los recursos del individuo. Se evalúa el afrontamiento como estrategia de marcado carácter individual, modulando el carácter estresante o no de las situaciones, que pasa de ser una característica objetiva de la valoración que el sujeto hace de ella.
Se proponen dos estrategias generales: 1) afrontamiento directo o acción directa, una estrategia aplicada externamente a la fuente ambiental de stress para intentar dominar la transacción estresante con el ambiente; y 2) afrontamiento indirecto o acción paliativa, una estrategia aplicada a las propias emociones, en la que la persona intenta reducir el trastorno cuando es incapaz de controlar el ambiente o cuando la acción es demasiado costosa. Los modos de afrontamiento negativo (dirigidos a la emoción) pueden dañar la salud al impedir conductas adaptativas relacionadas con la salud/enfermedad. Así, los modos de afrontamiento negación y evitación pueden disminuir el trastorno emocional, pero pueden impedir al individuo enfrentarse de una forma realista a un problema susceptible de solucionarse mediante una acción directa.
Un individuo es vulnerable a situaciones estresantes cuando estas le originan conductas perturbadas que generalmente se traducen en cuadros de ansiedad o depresión, o dan origen a patologías psicosomáticas. Entonces, un evento es considerado estresante cuando la persona percibe la potencial peligrosidad del mismo (real o imaginaria) para su bienestar. Los seres humanos muestran reacciones muy diversas, aún bajo estímulos similares. Ante circunstancias estresantes, algunas personas reaccionan disminuyendo su rendimiento o presentando afectos negativos, mientras que otras resisten exitosamente al mismo.
Frente a una situación adversa es posible identificar tres tipos de respuesta: reacciones que indican vulnerabilidad (por ejemplo, alterarse), ausencia de reacción o indiferencia y, en tercer lugar, la reacción resiliente o de adaptación.
Vulnerabilidad y resiliencia
Desde la década del ’80 ha existido un interés creciente por tener información acerca de aquellas personas que desarrollan competencias resilientes a pesar de haber sido criadas en condiciones que aumentan las posibilidades de presentar patologías mentales o sociales. El adjetivo resiliente, tomado del inglés resilient, expresa las características mencionadas anteriormente y que el sustantivo «resiliencia» expresa esa condición. El verbo latino resilio, resilire que significa saltar hacia atrás, rebotar tiene una carga semántica donde predomina la idea de rebote, de elasticidad.
En español y en francés (resilience) se emplea en metalúrgica e ingeniería civil para describir la capacidad de algunos materiales -especialmente los metales- de recobrar su forma original después de ser sometidos a una presión deformadora. Así el término es adoptado por las ciencias sociales para caracterizar a aquellos sujetos que, a pesar de nacer y vivir en condiciones de alto riesgo, enorme estrés y cambio se desarrollan psicológicamente sanos y socialmente exitosos. Se trata de la capacidad de afrontar de modo efectivo eventos adversos, que incluso pueden llegar a ser un factor de superación. El nivel de resiliencia de un individuo es lo que determina su grado de éxito o fracaso ante situaciones adversas.
Se trata de un proceso que caracteriza a un complejo sistema psicosocial que se manifiesta en un momento determinado y cuya complejidad reside en que conjuga tanto factores ambientales como de temperamento y de habilidad cognitiva. Este conjunto de procesos sociales e intrapsíquicos posibilitan tener una vida sana viviendo en un medio insano. Al utilizar el término sanar se hace referencia a la acción -o conjunto de acciones- que permiten que el sujeto pueda salir adelante, ya sea porque es resistente ante las amenazas destructivas que enfrenta (invulnerabilidad) o bien porque descubre la capacidad y la posibilidad de construir una vida significativa y positiva, a pesar de las condiciones desfavorables en que se encuentra.
La resiliencia es una vulnerabilidad positiva, una capacidad (innata o adquirida) para evitar que las situaciones amenazantes deterioren nuestro funcionamiento biopsicosocial.
Podemos hablar de individuos resilientes?
Por resiliencia celular entendemos los mecanismos que posee la célula, como sistema vivo, para propender a su crecimiento y maduración y para evitar su muerte. En este sentido, la resiliencia puede ser innata o adquirida. La célula nerviosa, por ejemplo, puede desarrollarla gracias a un equilibrado balance de factores de crecimiento y muerte neuronal. El ser humano nace con resiliencia o la desarrolla de acuerdo a sus experiencias tempranas y a la adaptación al sistema familiar, social y cultural que lo circunda.
En este sentido podemos decir que hay un sujeto con altas competencias internas resilientes, cuyas habilidades de resistencia y recuperación se reflejan en una flexibilidad que le permite adaptarse exitosamente a los cambios. Pero también hay quienes tienen dificultades para sobreponerse a crisis, cambios, duelos… La exposición previa a la adversidad psicosocial con un enfrentamiento exitoso con la tensión y el peligro es un factor que incrementaría la resiliencia. Dosis graduales de enfrentamiento de dificultades operan de modo similar a las inmunizaciones. En cambio, la sobreprotección parece actuar en sentido contrario. Una posible explicación de ello está que, en la sobreprotección, las decisiones y sus consecuencias están en manos de otros, lo que fomenta un mecanismo de control externo. El individuo no consolida su autoestima con la puesta a prueba de sus destrezas por lo tanto el reconocimiento personal y social de sus responsabilidades están más a merced de los eventos externos. El sometimiento permanente a adversidades parece reducir fuertemente el desarrollo de resiliencia
Afortunadamente se ha identificado un conjunto de conductas que caracterizan a las personalidades resilientes, por lo que las habilidades resilientes hoy pueden ser detectadas, medidas y entrenadas. El fortalecimiento de esas habilidades se traducirá indudablemente en un individuo resiliente, producto de un proceso interno de transformación. Existen cuatro aspectos que se repiten en forma recurrente y que ayudan a promover los comportamientos resilientes: temperamento, capacidad intelectual, naturaleza de la familia (contención emocional) y disponibilidad de apoyo externo.
La Psicología Integral, un modelo de entrenamiento
Sea cual fuere la línea teórica desde la que se aborden las problemáticas o crisis vitales normales que se presentan en distintos momentos evolutivos, la psicología clínica invita al sujeto a recorrer su propio camino como una aventura hacia el autodescubrimiento, por eso es importante que la persona se involucre en su propio proceso: que esté motivada y que tenga confianza en sus capacidades. Para la Psicología Integral el abordaje es holístico: mente-cuerpo-espíritu. La única herramienta es la escucha, y si bien las intervenciones apuntan a la esfera psíquica, los cambios se aprecian también a nivel de la salud del organismo y el bienestar espiritual y valorativo. Existen programas de entrenamiento específicos, mediante un enfoque constructivo, cuyo objetivo fundamental es ayudar al sujeto a identificar su estilo de afrontamiento, conocer su nivel de resiliencia, desarrollar sus competencias personales y profesionales, descubrir sus fortalezas internas y reconocer sus limitaciones, evaluar el apoyo y la contención reales con los que cuenta para así aumentar la autoaceptación, la autoestima y la tolerancia a la frustración. La idea es que cada persona desarrolle recursos que le permitan enfrentar mejor su propio proyecto de vida.

Consejos para fortalecer la resiliencia:

  • Es importante establecer buenas relaciones con familiares cercanos, amistades y otras personas importantes en su vida. Aceptar ayuda y apoyo social de personas queridas fortalece la resiliencia.
  • Evitar ver las crisis como obstáculos insuperables. Observar si hay alguna forma sutil para sentirse mejor, mientras se enfrentan situaciones difíciles.
  • Aceptar las circunstancias que no puede cambiar le puede ayudar a enfocarse en las circunstancias que sí puede alterar. Acepte que el cambio es parte de la vida.
  • En vez de enfocarse en tareas que parecen difíciles de lograr, preguntarse acerca de las cosas que pueden lograrse hoy y que ayudan a caminar en esa dirección.
  • Llevar a cabo acciones decisivas es mejor que ignorar los problemas y las tensiones, y desear que desaparezcan.
  • Buscar oportunidades para descubrirse a uno mismo. Muchas personas que han experimentado situaciones difíciles, han expresado tener mejoría en el manejo de sus relaciones personales, un incremento en la fuerza personal aún cuando se sienten vulnerables, la sensación de que su autoestima ha mejorado, una espiritualidad más desarrollada y una mayor apreciación de la vida.
  • Desarrollar la confianza en la capacidad para resolver problemas ayuda a construir la resiliencia.
  • Evitar agrandar un evento fuera de su proporción.
  • Tratar de visualizar lo que se quiere en vez de preocuparse por lo que se teme.
  • Cuidar de sí mismo le ayuda a mantener la mente y el cuerpo listos para enfrentarse a situaciones que requieren resiliencia. La relajación y el control del estrés ayudan a algunas personas a establecer buenas relaciones interpersonales y restaurar la esperanza.
Escrito con el Navegador Flock

Tags: ,

Categorías:Psicología

Qué significa ser acompañante terapéutico?

Abril 25, 2008 Hugo 1 Comentario

por Psic.Soc Daniel González

Partimos en nuestra investigación sobre el acompañamiento terapéutico desde dos  interrogantes:
¿Qué es el acompaña miento terapéutico y cuál es su especificidad, es decir, que lo distingue de las prácticas ya establecidas?
En el intento de responder a estos interrogantes, situamos dos referentes que orientan nuestro trabajo:
Primero, el acompañamiento es un término al que se puede atribuir un hacer, cada vez más utilizado en los dispositivos asistenciales, pero que carece de una definición conceptual que determine su función y su diferencia. Por esto se nos plantea responder ¿qué versión damos de éste dispositivo?.
Segundo, se trata de una oferta para el sujeto, pero cuya demanda viene de lo social, referentes del sujeto, por lo cual en muchos casos, el último beneficiado es el sujeto en cuestión.
El término, en el malentendido del lenguaje puede ser relacionado con ciertas significaciones  con “La Cura”, cuidados, apoyo, de un cierto deficit. No es esta la acepción que le damos.
Con el término acompañamiento podemos ubicar ese lugar donde proponemos asentarnos, para Sostener la particularidad de un acto, orientado por una clínica bajo transferencia, en la cual interrogamos de entrada la relación que el sujeto tiene con el lenguaje y con su cuerpo en el vinculo que establece o no.
El «Acompañamiento», sitúa una acción en sí, con otro y el
« Terapéutico» la califica. –como un efecto secundario que no por ésto es menor. Pero se ha de enfatizar que lo principal no es que éste acto sea terapéutico sino que en éste pueda inscribirse la hipotesis del sujeto que despliega cada caso.
Conviene  luego articular entonces dos términos que facilitan enmarcar el trabajo dentro del acompañamiento, a saber, la relación del sujeto con el lenguaje y con su cuerpo y los efectos que estos manifiesta en el vinculo con el acompañante.
En el término de acompañamiento, entonces tenemos toda un tramado de significación donde podemos situar la importancia del conceptualizarlo y relacionarlo con lo especifico del campo que interrogamos, es decir,  con la pulsión y sus destinos.
Por ejemplo, la segunda voz y lo evocante; lo escópico, en la presencia de un otro especular que debe ser solemne,por ejemplo en la discreción de mirar; lo oral y su lugar de complemento cuando se asiste en la mesa; lo anal y sus derivadas en el intercambio de objetos.
Otra acepción útil la encontramos por ejemplo en la astronomía, el acompañante es un reloj, instrumento que es usado en las observaciones que tiene como función batir segundos. Es decir, que marca de alguna manera los tiempos, – ¿porqué no pensar que bate los tiempos lógicos de la implicación del sujeto? -.
Tendríamos que ver en las matemáticas y en específico en la teoría de los conjuntos como el número, y el uno por uno, el cada uno y su acompañamiento por el colectivo, hace aplicable dicho concepto. Tal vez de la forma como Lacan lo enuncia en los 3 tiempos lógicos.
De lo terapéutico, como no a lo que se apunta sino como efecto
Respecto a lo terapéutico, es de subrayar su acepción  en griego es <therapeutus>) servidor.Conviene detenerse en una reflexión sobre la dialéctica del amo y del esclavo, para rescatar que la operación del acompañamiento se orienta por no hacer de amo, parafraseo a Virginio Baio cuando señala que la posición del operador en el trabajo con el sujeto debe ser de “dóciles con el sujeto e intratables con el Otro” Se trata de situarse con un Otro regulado que permita el trabajo de despliegue, encadenamiento, de invensión sintomatica.
En este punto es preciso aclarar que el acompañamiento no es un psicoanálisis, sino que se enmarca en su lógica.En su aplicabilidad.
Hacia una nueva versión del Acompañamiento terapéutico
Entonces, nos situamos en ésta práctica teniendo en cuenta sus significaciones dotadas por el tesoro de la lengua pero la particularizamos bajo la orientación del psicoanálisis aplicado.
Así proponemos una diferenciación y conceptualización continua y  renglón seguido  partir de puntos a ir diferenciando en el caso por caso.
Nos es oportuna la concep tualización a partir de su negativo, de lo que no es, entonces tenemos la serie: no es un canguro, no es un guardian, no es un voluntariado, no es un objetor de conciencia, ni un asistente social.
Se desenvuelve en el contexto de la salud y que tiene como objeto, un sujeto de la palabra, donde se constituye sus vinculos.
De esta forma el Acompañamiento Terapéutico aunque esta del lado del Otro social, debido a que es una figura de control, de referencia, de puente entre las terapéuticas y el sujeto. No se reduce sólo a ejercer este sino de situar su punto de perspectiva en lo justo de la relación del sujeto con lo social que lo precede.
Estamos inscriptos entre la dialéctica del amo y del esclavo, dialéctica con la cual Lacan recontruyó el edificio freudiano de la neurosis e interrogó a la psicosis como mecanismo de rechazo de este uso dialéctico.
La cuestión de la enfermedad Mental, supone la figura del terapeuta y de su intervención, hoy ya nada específica, sino extendida en las especialidades y su interacción con las demás disciplinas en las redes de salud. Sabemos que actualmente su campo de acción ya no se limita a la consulta privada sino que también lo encontramos inserto en instituciones hospitalarias, educativas, comunidades terapéuticas, judiciales, etc. Simultáneamente a este ensanchamiento se plantea la necesidad de un trabajo multidisciplinario donde el el acompañamiento terapéutico hace parte de la red interdisciplinaria.
Es en este contexto donde la figura del acompañante terapéutico cobra una considerable importancia. Por otro lado, y no sin relación a lo que venimos diciendo, deberíamos agregar otros dos factores de incidencia para  la creación de esta figura del Acompañante, nos referimos aquí a la descongestión hospitalaria, efecto de las reformas psiquíatricas y a la utilización de la psicofarmacología por un gran número de profesionales de la Salud Mental , que perjudican , maltrantan, y convierten a los Pacientes en simple Objetos , esto es lo que los Acompañante Terapeuticos debemos combatir.

La importancia del vínculo fraterno

Abril 25, 2008 Hugo Deja un comentario

por Lic. Danie A Fernández

En la clínica psicoanalítica, frecuentemente, se hace gran hincapié en los vínculos parentales. Sin embargo muchas veces se comete el grave error de descuidar otro tipo de vínculo igual de trascendente: el vínculo fraterno. Y es debido a la profunda relevancia de dicho vínculo que resultaría conveniente, al menos en parte, hacer ciertas menciones al respecto.
En principio, podemos recordar que ya desde los tiempos primordiales de la Biblia, los padecimientos de José (hijo predilecto de Jacob) por causa de sus hermanos nos dan muestra de un exceso de celos fraternos y de sus severas consecuencias. Y justamente Freud (1939/1997) hacía referencia a la saga de José, poniéndola de ejemplo para hacernos notar hasta qué punto podían conducir los celos entre hermanos. También el mito de Caín y Abel es otro ejemplo bíblico de un vínculo fraterno trágico. Y sobre este mito, Aguinis M. (1988 citado en Kancyper, 2004) reflexiona que ha sido objeto de estudios a lo largo de innumerables generaciones no sólo por sus enseñanzas o por la turbación que produce, sino también por los enigmas que encierra. Podríamos pensar que, tanto el caso de José y sus hermanos como el ejemplo de Caín y Abel, son muestras claras de lo que afirma Kancyper L. (2004) al decir que los resentimientos que surgen a partir de la dinámica vincular fraterna suelen tener tal relevancia en algunos sujetos, que hasta pueden determinar, en gran medida, el destino de sus vidas y de sus descendientes.
Por lo hasta aquí expresado, no es difícil entonces suponer la existencia de un complejo fraterno. Recordemos que por complejo se entiende un «conjunto organizado de representaciones y de recuerdos dotados de intenso valor afectivo, parcial o totalmente inconscientes» (Laplanche J. & Pontalis J., 1993, p. 55). Y Kancyper (2004) se ocupará del estudio del complejo fraterno y lo definirá como un «conjunto organizado de deseos hostiles y amorosos que el niño experimenta respecto de sus hermanos» (p. 243). Este complejo mencionado tiene fundamental importancia sobre la estructuración de la vida psíquica, dado que suele recubrir parcial o totalmente la estructura edípica, generando confusión, superponiendo roles y, como consecuencia, perturbando gravemente al proceso de la identidad. No se trata de declarar la caducidad del complejo de Edipo, que constituye el complejo genuino de la neurosis. De lo que se trata, más bien, es de descomprimir este último y articularlo con las especificidades de las estructuras narcisista y fraterna. Entre estas tres estructuras, se trama una combinatoria singular y original que determina en cada sujeto la plasmación de una irrepetible e inacabada identidad. Podríamos decir que el complejo fraterno y el edípico se articulan y refuerzan entre sí. Laplanche (citado en Kancyper, 2004) anuncia que el triángulo de rivalidad fraterna está conformado por el niño/a, los padres y el hermano/a (mientras que el triángulo edípico está formado por el niño/a, el padre y la madre), y refiere a que no debe ser considerado cronológicamente anterior al triángulo sexual del Edipo.
Dando cuentas del complejo fraterno, Kancyper (2004) explica cómo el hijo preferido se convierte en un injusto hermano usurpador, pues monopoliza las mejores condiciones del medio familiar al apoderarse del sector más valioso del proyecto identificatorio parental. Esta situación desencadena sentimientos de rivalidad, celos y envidia (estructura que nos remite nuevamente al relato bíblico de José y sus hermanos). Instala, además, al hermano desposeído en el lugar de un rencoroso ciudadano de segundo grado, al que injustamente le han sido cercenados los derechos y las posibilidades de desarrollo por culpa del hijo elegido. Desde este indigno lugar, el hermano damnificado extrae un autolegalizado derecho a la represalia sobre el hermano beneficiado. Ese lugar le concede un incuestionable sentimiento de superioridad para punir y atormentar. A su vez, el hermano preferido padece de sobresaltos, de remordimientos, como consecuencia de los reproches proferidos por el hermano injuriado (en la realidad material) y por sus propias fantasías furtivas.
La protesta fraterna, que para Kancyper (2004) consiste en una agresión franca y un rechazo indignado por parte de un hermano hacia otro (quien según el primero estaría ocupando injustamente un lugar más favorecido), se puede entender desde la lógica del narcisismo. Es decir que el hermano que se cree damnificado no oculta su hostilidad, sencillamente, porque la presencia del otro es vivida como la de un rival e intruso que atenta contra la legitimidad de sus derechos. Y esta rivalidad entre hermanos tiene tal relevancia, que ya Freud (1920/1997) en «Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina «consideró que podía, incluso, influir en la determinación de la elección de objeto sexual y en el ámbito de la elección vocacional.
El complejo fraterno al que hace referencia Kancyper (2004) cumple con cuatro funciones íntimamente relacionadas:
Función sustitutiva: Esta función se presenta como una alternativa para reemplazar y compensar funciones parentales fallidas. Esta función sustitutiva ya la describe Freud (1916/1997) en «Desarrollo de la libido y organizaciones sexuales», donde pone de ejemplo al niño que toma a la hermana como objeto de amor en sustitución de la madre, debido a que esta última le sería infiel con el padre. Y también Freud, en ese mismo texto, ejemplifica la función sustitutiva al explicar cómo una niña puede encontrar en el hermano mayor un sustituto del padre (quien ya no se ocupa de ella con la ternura de los primeros años), o cómo puede esa misma niña tomar a un hermanito menor como sustituto del bebé que en vano deseó del padre.
Función defensiva: Esta función se manifiesta cuando el complejo fraterno encubre situaciones conflictivas edípicas y/o narcisistas no resueltas. En muchos casos, sirve para eludir y desmentir la confrontación generacional, así como para obturar las angustias. Esta función defensiva se ve facilitada por el desplazamiento. Y defiende de las angustias y sentimientos hostiles relacionados con los progenitores, justamente, porque dichas angustias y sentimientos son desplazados sobre los hermanos.
Función elaborativa: Esta función actúa colaborando en la elaboración del complejo de Edipo y del narcisismo.  Así como el complejo de Edipo pone límite a la ilusión de omnipotencia del narcisismo, también el complejo fraterno participa en la tramitación y el desasimiento del poder vertical detentado por las figuras edípicas. El sujeto que permanece fijado a traumas fraternos, no logra una adecuada superación de la conflictiva edípica y permanece en una atormentada rivalidad con sus semejantes.
Función estructurante: El complejo fraterno cumple un papel estructurante en la organización de la vida anímica del individuo, de los pueblos y de la cultura. Influye sobre la génesis y el mantenimiento de los procesos identificatorios en el yo y en los grupos, en la constitución del superyó e ideal del yo, y en la elección del objeto de amor.

Cada hermano, desde su diferente lugar en el orden de nacimiento, porta además diversas protestas fraternas. Incluso en la observación cotidiana, se detecta cómo el anuncio del nacimiento de un hermano provoca una súbita herida narcisista acompañada de encarnizadas protestas y rivalidades. Esa posición que ocupará el niño dentro de la serie de nacimientos guarda tal trascendencia, que ya Freud (1916 citado en Kancyper, 2004) señalaba que dicha posición era un factor relevante para la conformación de la vida ulterior y que siempre era preciso tomarla en cuenta en la descripción de una vida. También Adler A. (citado en Coscio y Sánchez, 1999) opinaba que el orden y la relación con los hermanos en la constelación familiar, eran factores que influían en el desarrollo del carácter y generaban conflictos debido a la lucha por el poder dentro de la familia.
Acerca del primogénito, Kancyper (1989) dice que «es el primer heredero que anuncia la muerte a la inmortalidad de su progenitor y sobrelleva una mayor ambivalencia y rivalidad por parte del padre» (p. 35). Este padre, a través del primogénito, procuraría según Kancyper (2004) recuperar el estado llamado de omnipotencia del narcisismo infantil. Investiría así a ese primogénito como su doble especular, ideal e inmortal. Se le adjudicarían a dicho hijo identificaciones preestablecidas, mientras que sobre el segundo hijo recaerían idealizaciones menos directas y masivas e identificaciones menos precisas. Se podría pensar, entonces, que esas diferencias entre el primogénito y los hermanos subsiguientes generarían inevitablemente entre ellos recíprocas rivalidades. Y la rivalidad que suelen manifestar los primogénitos con los hermanos subsiguientes, podría deberse a que consideran a estos últimos intrusos, dobles consanguíneos que intentan destronarlo. Adler (citado en Coscio y Sánchez, 1999) se refiere al primogénito como al «príncipe heredero» que, como tal, estructura rasgos conservadores como forma de asegurarse un lugar frente al peligro de su posible suplantación por los hermanos.
La clínica psicoanalítica revela que, con gran frecuencia, suele ser el hermano menor el que intenta descubrir, conquistar y cultivar los nuevos territorios; mientras que el hermano mayor suele asumirse como el epígono de la generación precedente, sobrellevando el ambivalente peso de actuar como el continuador y el defensor que sella la inmortalidad de sus predecesores (Kancyper, 2004). El hijo mayor suele ser identificado, desde el proyecto identificatorio parental, como el destinado a ocupar el lugar de la prolongación y fusión con la identidad del padre. Esta identificación es inmediata, directa y especular. El hijo mayor se encuentra programado como aquel que llega al mundo para resanar las heridas narcisistas del padre y para completarlo; el hijo menor, en cambio, para nivelar la homeostasis del sistema materno. La experiencia psicoanalítica nos enseña que la rígida división del «botín de los hijos», ofrendados como meros objetos para regular la estabilidad psíquica de la pareja parental, es punto de severas perturbaciones en la plasmación de la identidad sexual y en el despliegue de los procesos sublimatorios en cada uno y entre los hermanos. En el caso del hermano menor, el recorrido identificatorio genera un trabajo adicional, acrecentándose una bisexualidad que puede llegar a ser sublimada para dar lugar a la creatividad. El hermano menor generalmente es eximido de ser el portavoz y garante responsable de la tradición familiar imperante. Mientras él suele ser el cuestionador y el creador, el primogénito suele ser el conservador.
En relación ahora a los mellizos, Kancyper (2004) argumenta que tal condición tiene una potencialidad traumática, la que determina a su vez conductas particulares entre los hermanos y en la dinámica de los progenitores hacia ellos. La condición de ser mellizo se convertirá efectivamente en trauma en la medida en que el niño y sus padres no la puedan tramitar. Y en cuanto a los gemelos, el autor antes mencionado expone una argumentación original al afirmar que en éstos, al menos en muchos casos, existe la fantasía relacionada con la existencia de un solo espacio, de un solo tiempo y de una sola posibilidad para dos. Es decir que, según esta fantasía, existe por ejemplo una sola carrera profesional, una belleza excluyente, una sola posición económica y social. Y siguiendo esto, podríamos suponer que: si una hermana gemela es madre, la otra sólo será tía; si una es inteligente, la otra es tonta; si una es linda, la otra es fea; si una es rica, la otra es la pobre; etc. Por otra parte, Kancyper agrega que la clínica de las relaciones fraternas, sobre todo de los gemelos, ilustra la dialéctica del Amo y el Esclavo de Hegel, en la cual un hermano es necesariamente dominado por el otro, el dominante. Dice el autor que, aquel que domina se preocupa por el otro, tiene mayor necesidad de ese otro (al que domina) y es a menudo eso lo que le resulta intolerable, y que en cambio el dominado puede prescindir del dominante y se adecua a tal situación.

BIBLIOGRAFÍA:

·    American Psychological Association. (2001). Publication manual of the American Pshychological Association (5th ed.). Washington, DC: Author.
·    Coscio, R. & Sánchez, J. (1999). Manual de Psicología. Buenos Aires: Tyché Ediciones.
·    Freud, S. (1997). Lección XXI – Desarrollo de la libido y organizaciones sexuales. En L. López Ballesteros (Trad.), Obras completas (Vol. 17, pp. 2322-2323). Buenos Aires: Editorial Losada. (Trabajo original publicado en 1916).
·    Freud, S. (1997). Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina. En L. López Ballesteros (Trad.), Obras completas (Vol. 12, pp. 2545-2561). Buenos Aires: Editorial Losada. (Trabajo original publicado en 1920).
·    Freud, S. (1997). Moisés y la religión monoteísta. En L. López Ballesteros (Trad.), Obras completas (Vol. 24, pp. 3241-3326). Buenos Aires: Editorial Losada. (Trabajo original publicado en 1939).
·    Kancyper, L. (1989). Jorge LuIs Borges o el laberinto de Narciso. Buenos Aires: Editorial Paidós.
·    Kancyper, L. (2004). El complejo fraterno. Buenos Aires: Grupo Editorial Lumen.
·    Laplanche, J. & Pontalis, J. (1993). Diccionario de psicoanálisis. Barcelona: Editorial Labor.
ILUSTRACIONES: Tiziano y William Blake

Una introducción a Kusch

Enero 27, 2008 Hugo 2 comentarios

 por Hugo Basile

 Quizás haya habido una primera humanidad auténtica, primigenia, que experimentó la vida por primera vez en forma espontánea, tal y como quizo, sin condicionamientos anteriores.
A partir de allí comenzó la multiplicación, y como tal, nunca dejó de copiar a ese primer hombre, a aque-lla primera experiencia.
Sin embargo, desde que lo social entró en el hombre y este tomó conciencia de ese hecho, de que es una mera reproducción del conjunto, se perdió el sentido de volver a ser Aquel Hombre Real, y se fijó lo social como origen de lo humano. Justificó la búsqueda de la experiencia única e individual, provocando la ruptura entre el mito y la historia.
La verdad a la que el hombre no puede acceder desde su historia personal, porque lo trasciende, se encuentra en el tiempo mítico, donde los dioses y el inconciente se hacen uno.
Fragmento de «El latir del mundo» de Hugo Basile
Leer más…

La subjetividad hoy III

Enero 27, 2008 Hugo 3 comentarios
Omar Biscotti (sistémico)
Director de ISDEBA
Instituto sistémico de Bs. As.

1) En principio este tema para el paradigma sistémico es bastante delicado. Por que la teoría sistémica surge como una reacción a la visión individualista, que justamente sobrevaloraba al sujeto.
La visión sistémica va justamente a poner el foco en la interacción, no en el sujeto, sino en la relación entre un sujeto y otro, en la circularidad entre ambos y en la posibilidad de cambio como producto del cambio en la interacción. No en el cambio intrapersonal. Leer más…

Categorías:Psicología Etiquetas:,