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La sexualidad como construcción de lo real

por Psic Soc Romina Smolar
romysmo@yahoo.com.ar
“La iglesa dice: el cuerpo es una culpa.
La ciencia dice: el cuerpo es una máquina.
La publicidad dice: El cuerpo es un negocio.
El cuerpo dice: yo soy una fiesta”
                        Eduardo Galeano

En este artículo, veremos como a lo largo de los siglos se ha considerado a la sexualidad como un asunto privado y natural e intentaremos pensar como se constituye y se ha constituido a partir de acontecimientos sociales y culturales. Es decir que la sexualidad es un asunto culturalmente construido.
Primero aclararemos que sexualidad abarca un marco más amplio de lo que habitualmente se considera.
La Organización mundial de la Salud, define por sexualidad a:
“Un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se vivencia y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones interpersonales. La sexualidad puede incluir todas estas dimensiones, no obstante, no todas ellas se vivencian o se expresan siempre. La sexualidad está influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales.”
En este punto nos detenemos a revisar y reflexionar histórica y psicológicamente como las pedagogías de la sexualidad, fueron modificándose con un fin específico de poder para moldear y controlar las formas sociales e institucionales de cómo debe actuar el ser humano en el ámbito de la vida.
Las sociedades se organizan, o modifican en relación a sus valores, lo mismo que los roles a cumplir en dicha sociedad.
Antes del Siglo VIII, el ser humano fue capaz de organizarse con valores centrados en el respeto, el cuidado, el deseo y el placer entre otros. La sexualidad se vivía en forma liberada y sus prácticas sexuales eran moneda corriente. No se buscaba el secreto para las prácticas, todo se hablaba, todo se decía…Todo era grosero y obsceno. Gesticulaciones directas sin ninguna vergüenza, y los niños entre adultos sin reparos.
Pero esa concepción y esas prácticas un día terminaron, la sexualidad se guardó cuidadosamente, se encerró, se silenció. Y todo lo vinculado a ella, pasó a ser secreto.
Foucault lo denomina Un momento de pasaje de poder, del que participan todos los integrantes de la sociedad, y que se instaura a partir del surgimiento de las instituciones y los roles que éstas inauguran (flias, vínculos con docentes alumnos, hombres mujeres, hermanos; jóvenes viejos; padres e hijos, etc).
El sexo es tan solo el pretexto que le permite a las sociedades disciplinarias extender su poder desde el cuerpo hasta la especie.
Foucault Michel (Bio política de la población)
El patriarcado empezó a funcionar desde un lugar de sometimiento y ejercicio del poder con sentido opresivo.
Comienzan a haber discursos y metáforas preformativas, es decir que producen lo que intentan describir, al igual que los mitos que con el tiempo legitimizan el discurso del orden, según los intereses políticos de la clase dominante. Las transformaciones culturales, instituyen un nuevo modo de vivir la sexualidad.
En la modernidad se definen desde lo sexual identidades sexuales que no existían anteriormente, definiendo una norma, en la que las conductas y personas comienzan a definirse como normales o perversas, y estableciendo lo que está bien o mal, los lugares privados o públicos según se adaptan o no a lo que la norma propone como normal. En este sentido, se nos indica cómo debemos utilizar nuestros órganos, cuáles, con quién, en qué situaciones y en qué lugar.
El sexo pasa a cumplir la función únicamente reproductiva, heterosexual y con legitimidad matrimonial. Se produce una separación de roles y diferencias jerárquicas.
De este modo, se instaura una dicotomía que se sostiene hasta nuestros días donde:
MUJER: Reproductora, rol subordinado, asociada a sentimientos, ámbito doméstico y ser madre como obligación biológica y de realización personal. Ámbito Privado
VARON: Proveedor de vienes para sobrevivir, asociado a la genitalidad, insaciabilidad sexual, violencia. Ámbito público.
En este sentido, empezó a haber una disociación, una doble moral de lo que estaba bien y mal.
“Casarse con la mujer buena – y tener sexo con la puta”.
A través de la “satanización” de las figuras, emblemas, símbolos y rituales  que representaban el placer sexual de la mujer (serpientes, medusas, sirenas, ranas, espirales, pulpos), se ha satanizado a la mujer misma. Trastocando el sentido de narraciones y explicaciones antiguas y ocultando el procedimiento por el cual se llevó a cabo.
 Desde ese momento, las mujeres inhibimos nuestra sexualidad, nuestra capacidad de goce, la negación de nuestros cuerpos y de nuestras emociones.
El cuerpo por ser múltiple, tiene una multiplicidad de expresiones, que también se van creando a través de símbolos que nos atraviesan. A través del cuerpo captamos la realidad y actuamos según lo que percibimos y entendemos Creamos modelos de cuerpos por medio de imágenes que no tiene que ver con la naturaleza o con lo bio-energéticamente vivo. El cuerpo pierde movilidad y hasta se obstaculiza o acoraza generando bloqueos que a medida que pasa el tiempo, se hacen crónicos.
Estos tabúes, inhibiciones o prohibiciones, nos alejan de nuestras emociones originales y de la conexión e integración de nuestro cuerpo, además de reducir la carga energética que nos permite vivir plenamente.
Varios autores desde esta misma visión, nos proponen revisar y reflexionar desde el cuerpo, para poder recuperar la capacidad de goce. Sin placer no hay posibilidad de percepción de nuestro cuerpo.
En ese sentido la bioenergética trabaja con ejercicios que facilitan la recuperación de posturas y circulación energética, permitiéndonos la libre expresión y re conexión con nuestra naturaleza.
Invito entonces, a ver con una mirada más crítica y reflexiva, como desde la sociedad se construyen valores que nos organizan y cuestionarnos como vivimos nuestra sexualidad, para decidir la forma que elegimos vivirla y gozarla!
Romina Smolar
 Psicóloga Social/Op. en Biocreatividad
Op. en Biocreatividad
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Categorías:Corporal, Psicología
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