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Neurosis fóbica, ataque de pánico: breve reseña para actualizar un tema muy de moda

por Dra. Laura Lobato

Para acercarnos a él diremos que fobia es un temor especial. Deriva de la palabra “probos” que significa temor, pánico, terror, en relación a la diosa de ese nombre que provocaba esos sentimientos entre sus enemigos. Vale recordar que ese temor es  desproporcionado a la causa que lo crea. Quien lo padece no lo puede explicar ni razonar ni tampoco controlar por su voluntad.
Existen distintos tipos de fobias:
Noso fobia: Temor a la enfermedad
Tanato fobia: Temor a la muerte
Agora fobia: Temor a los espacios abiertos
Claustro fobia:  Temor a los espacios cerrados
Socio fobia: Temor a hablar en público o a realizar cualquier acto social
Es común  que estos síntomas asienten en una base de personalidad determinada (tímida, recatada, sumisa con falta de autoestima, introvertida) con carácter fóbico, siempre en alerta y con rasgos de evasión.
Desde el punto de vista psicoanalítico podemos aceptar que está relacionado con el conflicto edípico (son más frecuentes en las mujeres) y hay un fondo de infancia desvalida de afecto.
Debemos recordar que se acompañan con síntomas psico-físicos
Aparecen de golpe como:
Dolor precordial – taquicardia
Disnea (fatiga)
Temblor
Crisis diaforéticas (sudoración, erección pilórica, escalofríos)
Distonías neurovegetativas (tuforadas de calor, palidez)
Opresiones en el cuello
Sensación de muerte inminente
todas ellas muy bien descriptas por los pacientes. En alguna medida son crisis de angustia aguda, sobre una base de angustia crónica donde el propio sujeto desconoce la causa, pero estando esa base presente cualquier factor desestabilizante puede desencadenar esa crisis que hace “un crescendo” hasta convertirse en un ataque de pánico, tan mentado en este momento, que pueden mal diagnosticados y rotulados, convertirse en un elemento negativo para el paciente.
Un buen profesional debe proceder con cautela antes de emitir un diagnóstico y guiar a su paciente a que se familiarice con esos síntomas y situarlo en el contexto en que cuando aparezcan, manejarlos para que no lo encierren y lo dañen más, y buscar en lo posible, los factores desencadenantes, que lo llevaron a la aparición de los mismos, recordando siempre su predisposición a padecerlos.
En eso consiste el tratamiento, en familiarizarlo con esos padecimientos y restarles cada vez mayor importancia. Si el grado de ansiedad es muy grande será necesario agregar un ansiolítico, para disminuirlo y favorecer el diálogo terapéutico, todo consignado con el paciente que a veces toma las medicaciones (así como hay otros que se abusan de ella).
Si la base de angustia es muy grande agregaremos un antidepresivo (un inhibidor de la recaptación de serotonina) en bajas dosis primero y luego ir aumentándolos.
Se debe agregar sesiones de terapia cognitiva en sesiones semanales. Se calcula que en 4 a 6 semanas los resultados se van valorando, si la base de personalidad no está muy dañada, y en 2 meses o 3 más se suspendería la medicación.
Los beneficios obtenidos en la terapia NO se agotan  y por el contrario le dan al paciente la posibilidad de, al estar mejorado de su carga emocional, le permita completar su terapia orientada hacia otros objetivos que le darán el pleno potencial de su personalidad.
Dra. Laura Lobato
Doctora en Medicina
Médica Psiquiatra
M.P. 20.880

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