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A.D.H.D y subjetivación

por Lic. Liliana Pugliese


“Chicos bien quietitos
chicos calladitos, esos si que eran los de antes,
ahora somos piojos delirantes,
aunque a veces no les guste a los grandes”
Canción: Piojos y Piojitos

En nuestros tiempos un modo de violencia tiene que ver con  los tratamientos en los que  a partir de una “clasificación” podríamos comprender  la patología que sella y define a un niño.  Cuando el modo de contención  se puede dar a través de una “pastilla mágica”, entramos en un  terreno preocupante. La aplicación masiva del diagnóstico médico de “Trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad” es  alarmante en estos días.
Nos encontramos con padres desbordados, superados por  las  manifestaciones de sus hijos, por lo  tanto la posibilidad de encontrar la solución a través de un diagnóstico  y  medicación  que  borre  los síntomas, los tranquiliza.
En el aula, el niño obstaculiza el ritmo  de las clases,  manifiesta el no atender, el permanente movimiento y la imposibilidad de respetar los límites, siendo sus conductas motivo de demanda por parte de la institución escolar.
¿A qué nos referimos cuando hablamos de ADHD?
“A un conjunto de conductas como la actividad motriz excesiva, la inatención y la impulsividad como rasgos característicos, asociándose a ellos los trastornos específicos del aprendizaje y los trastornos de conducta.” Acompañan otras manifestaciones como baja tolerancia a la frustración y autoestima, dificultad para manejarse entre sus pares,  en algunos casos conductas agresivas y desafiantes, imposibilidad  de aceptar las normas propuestas por el adulto.
¿Es  un síntoma  de nuestra sociedad actual?
La sociedad nos impone como  ideales el éxito,  la rapidez y la competencia. La satisfacción de las necesidades debe ser respondida de forma inmediata,  no hay lugar para la espera.
¿Qué nos están tratando de decir con este síntoma  algunos niños? ¿Es un llamado de “atención”? ¿Hacia quién va dirigido?
Gran parte de los especialistas, sostienen que el ADHD se transmite genéticamente   y algunas de sus causas sería la falta de balance en la producción de dos neurotransmisores: la Dopamina y Noradrenalina. Se  considera que  la herencia juega un papel importante. De esta manera  esta “enfermedad”  se encontraría  delimitada  dentro del campo de la medicina y el problema se alojaría en el niño, foco de la mirada médica. La cura es a través del consumo  de  Ritalina, droga muy utilizada en los últimos años, convirtiéndose  dicha medicación  en la única solución  posible. Esto se acompaña con la necesidad que tienen los padres de encontrar “afuera” -la  solución-.  “La pastilla mágica”  que tranquiliza, obtura el síntoma  y  calma la angustia (de los padres y docentes). No hay lugar para la pregunta. El niño solamente tiene que  tomarla  y no hará falta que hable, juegue o relate su padecer. No hay  posibilidad de  interrogar al síntoma.
¿Cómo se siente este niño? ¿Qué cuenta él de lo que le sucede?  ¿Cuál es su historia?
Los  que trabajamos con niños  sabemos que nos sorprenden cuando hablan de lo que les pasa. Pero ¿Hay quién los interrogue? ¿Hay quien  escuche su sufrimiento? El sujeto aparece borrado desde el discurso del Otro (Institución, docentes, etc.) Pocas veces se tienen en cuenta los aspectos subjetivos, su propia versión sobre lo que le sucede.
¿Qué nos puede aportar la clínica basada en la escucha?
Cuando un sujeto  habla de lo que le pasa, no es escuchado solamente por el otro, sino  también por sí mismo. De esta manera ese niño, como sujeto deseante, en tanto hablante, podrá descubrir el  sentido que tienen   para él sus síntomas que aparecen como sustituto de algo que no ha podido ser dicho. Detrás de los síntomas de un niño solemos encontrar una problemática familiar a la que también hay que dar posibilidad de  escucha, pues el  síntoma del niño también responde a la estructura familiar.
¿Y en la escuela?
La escuela es un  espacio donde aparecen  nuevas reglas y demandas del Otro.  Son niños que desbordan los bordes que tanto la familia como la escuela  no pueden sostener. Mientras tanto, la institución mantiene antiguas prácticas de acercamiento al conocimiento donde no toma en cuenta las necesidades actuales de los niños y los docentes aseguran no estar preparados para “atender” a estos niños, ni  para “tender hacia” ellos, puentes, lazos que los provean de significación.

No atiende en clase…
Lo que el DSM IV denomina “Trastorno por déficit de atención” ¿Es en definitiva  un déficit de atención, o es un déficit de atención manifestado en la escuela? Esto nos  lleva a pensar en la dificultad que presentan muchos niños para investir “determinada” realidad, pues en consulta pueden  “atender” a determinados estímulos que despiertan  su interés como juegos y  actividades a través de una transferencia adecuada.
Tengamos  en cuenta que lo que se le pide a un niño es que mantenga durante mucho tiempo la atención selectiva en la escuela al discurso del maestro, muchas veces pleno del “saber”. El aprendizaje que implica esfuerzo y  tiempo se ve favorecido  cuando los contenidos son variados  y presentados  de forma creativa, en forma participativa a manera   de juegos evitando la automatización y el aburrimiento, promoviendo el deseo de aprender.
A veces son niños que no responden a la demanda de atención del Otro pero que demandan su atención llamando al Otro a través de  un cuerpo que se muestra en  permanente movimiento.  El docente debe procurarle “un lugar” y un espacio desde la mirada y la escucha para favorecer  los procesos de producción del aprendizaje.
La realidad de nuestro sistema educativo hoy, nos interroga acerca de las posibilidades de alojar  un niño con estas características, un sujeto  que no ha podido encontrar un lugar en el mundo, y  la escuela no lo puede sostener, pues  tampoco está sostenida por el resto de la red.
En general, los niños que el DSM IV describe como hiperactivos e impulsivos  son niños que  no pueden detenerse y en general su nivel intelectual es alto.  Un exceso de movimiento nos muestra a la pulsión desanudada que tiende a satisfacerse de forma inmediata. El exceso de movimiento es un  intento fallido de apropiarse del mundo y de su propio cuerpo marcado por el Otro. Al no poder “hablar” de lo que les pasa,  aparece el descontrol, se muestran en la escena con un movimiento desordenado, satisfaciendo a través de lo  motriz lo que no satisface al otro.
En estos niños el movimiento a su vez promueve mayor excitación, en lugar de producir un placer y una descarga, funciona en un circuito de erotización. Desde la clínica de la escucha  sabemos que muchos de estos niños no están atentos porque, en el recorrido que tienen que hacer, su atención se fija y se encuentra saturada por lo que insiste en su exterior más cercano,  el Otro.
A modo de cierre
Hemos tratado de buscar  respuestas  al preguntarnos   ¿Dónde está la subjetividad en el niño ADHD?   ¿Se medica para tapar o  se habilita un lugar para la pregunta?  ¿Hay un espacio para la escucha? ¿Hay un lugar para ese niño en la escuela?
Desde el encasillamiento no hay  ni habrá nunca lugar  para la escucha, ni para la pregunta. – Es ADHD-  eso justifica  sus conductas, el por qué se mueve y no atiende  en clase.  – Es ADHD-  rotulado por las instituciones médicas y educativas, no un niño que sufre y no encuentra  palabras para ese sufrimiento, portador de una historia singular que desconocemos.
La escuela debiera  facilitar  un lugar desde la mirada y la escucha   a ese niño desde su  propia singularidad para que surja el deseo.
Es imprescindible tener en cuenta su historia, su recorrido libidinal, sus primeras investiduras,  que  dejarán  huellas  que irán constituyendo en los primeros tiempos  su aparato psíquico a través del Otro materno y en esos intentos fallidos podríamos encontrar algunas causas tal vez que nos lleven a pensar por qué no puede atender. ¿Fue atendido?
Pero también,  creo  que a estas primeras inscripciones debemos  sumar la influencia de las instituciones a las que asiste ese niño desde pequeño  donde es difícil prestarle  una mirada subjetiva. Donde el “sentate, callate y copiá” están a la orden del día, donde no hay espacio para la creatividad, solo para la reproducción e imitación y para cumplir con  el oficio del buen alumno, en fin como dice la canción:  “chicos bien quietitos, chicos calladitos,.esos… eran los de antes..” ¿Qué nos dicen los niños con sus síntomas?…
*Lic. Liliana Pugliese
Psicóloga
Psicopedagoga

1  Alicia Risueño.“ Mitos y realidades del Síndrome Atencional con Hiperactividad”, Argentina. Bonum 2006

BIBLIOGRAFÍA
Bleichmar, Silvia (1998) “La fundación de lo Inconciente. Destinos de pulsión, destinos del sujeto” Buenos Aires, Amorrortu editores.
Freud, S. Obras Completas (1914). Introducción del narcisismo,  Buenos Aires, Amorrortu editores. Tomo  XIV  1979
Freud, S. Obras Completas (1915 )  Pulsiones y destinos de pulsión, en Obras Completas, Buenos Aires, Amorrortu editores, Tomo XIV 1979
Janin, Beatriz (2007)” Niños desatentos e hiperactivos. ADD/ADHD”. Argentina. Ediciones Novedades educativas
Risueño, Alicia.(2006) Mitos y realidades del Síndrome Atencional con Hiperactividad , Argentina, Bonum

  1. Laura
    Diciembre 21, 2009 en 6:49 pm | #1

    Me parece que estos problemas que tienen los niños es por la manera en que hoy en dia se vive todo muy rapido y sin darle importancia a problemas como estos que sufren los chicos y que en realidad se los toman como punto de partida y se nos olvida en que estan sumergidos en un contexto familiar, educativo, social que estan fragiles para sotenerlos y contenerlos.
    En esta sociedad es mas facil etiquetar las cosas para sacarselas de ensima, me paree que tendriamos que tomar estos problemas como muchos otros con mas resposabilidad ya que los niños son nuestra base para el cambio.

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