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Familia, Subjetividad y posmodernidad

por Lic. Waldo García

Partiendo de los conceptos psicoanalíticos podemos afirmar que la familia cumple una función fundamental en la producción subjetiva.
El ser humano al nacer se encuentra desamparado, por lo tanto será necesaria la presencia de un Otro, que lo determinará como ser del lenguaje, es decir del mundo simbólico.
La familia no es una mera filiación biológica, sino que es fundamental tener en cuenta el orden simbólico, para poder diferenciarse del reino animal. Este orden simbólico instaura una pertenencia social, con sus correspondientes leyes que establecerán lo permitido y lo prohibido.
Pero las leyes, a igual que la construcción de la realidad, se irán constituyendo en cada persona de un modo singular.
Es en este proceso en donde la familia ocupará un lugar fundamental, indicándole al niño lo permitido y lo prohibido. Luego en esta función, se sumarán otras instituciones sociales, en especial la escuela.
El ser humano nace con una  incapacidad funcional, apareciendo su cuerpo fragmentado, con movimientos disociados entre sí. Entonces para constituirse como unidad tendrá que hacer una apropiación de su imagen, para lo cual necesitará establecer identificaciones.
Esa imagen no es solo verse reflejado en un espejo, sino que está relacionado con la mirada del Otro, con el adulto que lo cuida, es decir con la función materna. La imagen se devuelve a través del modo de mirar, a través de la voz, de la palabra y de la manera en que se le habla; de esta manera lo va significando, le otorga un lugar y una identidad, diciendo por ejemplo: “Mi hijo es inteligente”, “es callado”, “que lindo que sos”, etc.
También se debe tener en cuenta el lugar simbólico en donde se espera al niño antes de nacer; por ejemplo: la elección del nombre ( si es el nombre de alguien que murió), si se deseaba a un niño o una niña, o si viene para tratar de salvar a un matrimonio en crisis.
El hijo en un primer momento, es un lugar, producto del deseo de la madre, el hijo viene a completar a la madre ahí donde le falta algo.
Si persiste en la madre este sentimiento de que con su hijo se siente colmada, omnipotente, debido a que él viene a llenar un vacío, se corre el riesgo de que el hijo quede atrapado, sin posibilidad de ser un sujeto deseante.
Entonces al nacer hay una suerte de quedar entrampado en el deseo del Otro. Será necesario que se rompa esa célula narcisista madre – hijo, y para ello es necesario que aparezca la función paterna, que puede ser el padre o alguien que cumpla esa función.
Esta función será la de separar a la madre del niño, introducir la ley, para que surja el sujeto deseante.
Para que el padre pueda ejercer la función de corte, la madre debe correrse del lugar y de esta forma facilitar el vínculo entre el padre y el hijo.
En un segundo momento, fundamentalmente con el comienzo de la adolescencia, esta dependencia primaria se va diluyendo para poder acceder al mundo extrafamiliar. Surgen las identificaciones a ciertos rasgos de los padres, como son la masculinidad, la femineidad, los valores culturales y sociales, etc.
El no cumplimiento de las funciones antes mencionadas se verá reflejada en síntomas, trastornos de conductas y de personalidad. Por lo tanto la familia será una estructura estructurante de un sujeto deseante que podrá acceder a la sociedad.
Reconocer este lugar estructurante de la subjetividad por parte de la familia, no significa desconocer la injerencia de la trama social en algunas situaciones de crisis.
Las instituciones continuadoras de la modelación y socialización del sujeto, hoy se encuentran en crisis; se ven atravesadas por todos los conceptos que caracterizan a la llamada posmodernidad, como por ejemplo: la globalización cultural, el imperio de la imagen, la era del vacío, el fin de las utopías, la ruptura de los lazos sociales, la vuelta al individualismo, la influencia de la televisión, etc.
Estas características hacen que estemos viviendo un momento de transformación, en la cual la familia no está exenta, pero como todo momento de transformación conlleva su momento de crisis, hasta que no se defina el destino que hoy es incierto.
Pero para el tema que nos ocupa podemos tomar dos cambios fundamentales de fin de siglo: uno es el nuevo rol de la mujer y el otro es el desarrollo tecnológico de la comunicación.
La mujer de fin de siglo ha adquirido un rol más activo, lo cual ha implicado un cambio de rol en el hombre, sobre todo dentro de la estructura familiar,en donde la mujer comparte sus obligaciones hacia la familia con sus actividades en la sociedad.
A esto último hay que agregarle el rol de sostén de la familia, a que se ven obligadas a realizar muchas mujeres ante el problema de la desocupación, con la consecuente crisis de autoestima de parte de los hombres. Esto conlleva modificaciones en las maneras de establecerse los vínculos familiares, que no pocas veces son críticos.
Ante la crisis en la transmisión de valores por parte de la familia y de las demás instituciones, ha quedado un campo propicio para ser ocupado por la televisión. La televisión amplía la oferta de modelos identificatorios, que se problematiza ante la imposibilidad de los niños y adolescentes de discriminar la calidad de los mismos, ya que se encuentran en un momento de desarrollo yoico.
Por supuesto que ésto sin caer en la polémica que hace años se sostiene entre integradores y apocalípticos con respecto a la televisión.
Asociado con la televisión, podemos observar cierto funcionamiento familiar ligado a la lógica consumista, en donde el deseo se ve “saturado” y el goce exaltado, acompañado de la inmediatez de los logros.
Otra característica a tener en cuenta es la llamada “familia ampliada”, producto de los divorcios y de la formación de nuevas familias por parte de los mismos, en donde los hijos deben acomodarse a nuevas relaciones familiares.
La crisis económica y laboral produce una mayor prolongación en la permanencia de los hijos a la familia, producto de la imposibilidad de inserción al campo laboral y con su consecuente dificultad de armar un proyecto de vida.
Para finalizar podemos resumir que por un lado tenemos a la familia como estructurante del sujeto, que ante cualquier anomalía va a ser determinante de las patologías.
Pero por otro lado tenemos la crisis social, que atravesando un momento de cambio genera crisis en las familias y produce dificultades en la inserción social del sujeto, lo que deja en claro que cuando la formación subjetiva y/o el modelo social son defectuosos, surgirá las inevitables transgresiones y violaciones de las normas, tanto individuales como sociales,

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Categorías:Psicología Etiquetas: , ,
  1. Klauz Jamfield
    noviembre 25, 2011 en 1:31 am

    Buenas tardes, el artículo es muy interesante y quisiera saber si uso alguna bibliografia en particular, gracias.

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