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Estimulación temprana en no videntes

El ojo como órgano de conocimiento goza de una presencia abrumadora en el campo del lenguaje, cuyo uso habla de algo más en la función del ojo, no solo en el dominio de la visión. Así como el buen sonido no está en el oído, en el caso de Beethoven tenemos un excelente paradigma, la mirada no es el ojo, la visión no agota la mirada. El ciego es capaz de dar cuenta, de reconstruir, imaginar, hablar de todo cuanto del espacio nos procura la visión.
El niño es mirado, y esta mirada el deseo del Otro que da a ver.
El nacimiento de un bebé ciego produce en la pareja y en la familia una fractura, un desequilibrio. La conducta de los padres y su entorno se ve alterada ante la presencia de un niño distinto al esperado.
Este niño, como todos, videntes y no videntes, se caracteriza por nacer en un estado de inmadurez biológica, de prematurez e indefensión que lo dificulta para conocer y desenvolverse en el mundo en forma autónoma.
Será su madre o quien ejerza función materna quien se hará cargo de su cuidado y quien mediatizará entre él y su entorno.
Seguramente si el diagnóstico se ignora durante los primeros tiempos, la actitud de la madre no se verá afectada: acariciará al bebé, lo mimará, le hablará. A medida que el bebé crece, los reflejos arcaicos darán lugar a acciones voluntarias y el diagnóstico de ceguera se hará evidente; seguramente la relación de este bebé y de esta mamá se modificará. La madre comienza a notar que algo raro sucede, que los ojos se bambolean, que no fija la mirada, que la vista se encuentra errática sin conexión con algo en especial (el reflejo de ojos de muñeca persiste más allá de lo normal), no se interesa por los objetos como se esperaría, para él estos son inexistentes.
Al decir de Jerusalinsky: “El papel de la mirada, del toque, de la voz y su modulación específicamente dirigida al bebé, son insustituibles señaladores del lugar del sujeto en una época de la vida en que las partículas lingüísticas verbales aún no le dicen nada al pequeño niño”.(1)
Cuando este mediador falta porque el niño no es mirado o es ciego, el riesgo de que quede excluido del campo del significante (autismo) aumenta.
Diagnóstico.

Es imprescindible diagnosticar rápidamente el grado de agudeza visual  a fin de evitar el riesgo de desconexión tan común en niños ciegos.
Esto  no es difícil de verificar cuando el bebé nace con malformaciones oculares y/o faciales como en casos de: aniridia (ausencia de iris), anoftalmía bilateral, órbitas oculares hundidas, párpados cerrados y disminuidos. En casos donde no hay características faciales u oculares visibles el diagnóstico se complica. Sin embargo existen ciertos signos clínicos que deben ser tenidos en cuenta en el caso de sospechar alguna alteración: ausencia de reflejo fotomotor, fijeza de los globos oculares, nistagmus, ausencia de fijación ocular, ausencia de parpadeo protector e impermeabilidad del haz luminoso. El mayor porcentaje de ceguera congénita es causada por la retinopatía del prematuro.
Se trata entonces de pensar en otros caminos que deben transitar mamá y bebé para descubrir el mundo cuando la vía visual está imposibilitada. Cuando esto ocurre, la vista no funciona como organizador como en el caso de los niños videntes. Las propuestas de juego deben tender a usar los otros recursos que el bebé sí posee.

Función Materna y Aprendizaje.

Durante los primeros tiempos será la madre quien dentro de las actividades de la vida diaria  se encargue de incorporar juegos, caricias, sonidos, ecos a la vocalizaciones del bebé impulsando de este modo al niño a la actividad. Esto incrementará el interés hacia el mundo, éste se volverá significativo. Debemos pensar entonces que la madre y el vínculo con ella es en estos casos, sobre todo, importantísimo, ya que es a través de la madre que el niño va a acceder al conocimiento y al dominio del mundo. Los significantes que la madre le otorgue le mostrarán al niño que él es uno entre todos los objetos del mundo que no puede ver, pero sí tocar, escuchar, oler, chupar, agarrar, etc. Los objetos y las personas deben ser traducidos para el niño a fin de construir una realidad con sentido para este bebé. Esta apropiación de los objetos del mundo al que no puede acceder por medio de sus ojos, será posible solo si el bebé está suficientemente sostenido desde una posición deseante del adulto que ejerce función materna. Si este sostenimiento es escaso, existen como ya dijimos serios riesgos de desconexión; el niño tendería a ser indiferente al mundo exterior y su desarrollo se vería empobrecido, pudiendo detectarse en él conductas estereotipadas o “cieguismo” tales como restregarse los ojos , aleteos, repetición de sonidos vocales, chasqueo de los dedos delante de los ojos, etc. y más adelante, a partir del florecimiento de la función simbólica, escolias y/o verbalismos, es decir , lenguaje semánticamente pobre pero fonológicamente rico.  Estos deben ser tomados como rasgos de desconexión y no como parte de la patología.
Por todo lo dicho se hace necesario actuar rápidamente para dar la orientación necesaria a los padres para que puedan valorar a su hijo por lo que tiene y no por lo que le falta. En la medida en que el bebé se sienta aceptado querrá incorporar los objetos y personas que pertenecen al mundo.
El cuerpo marcado de un niño pequeño, en cualquier zona que sea, es parte de su yo y se vincula de forma estrecha con su constitución psíquica y como sujeto cognoscente. El cuerpo se presentifica. La cuestión es cómo es visto este niño con sus déficits por los otros, qué lugar se le otorga en la cadena significante y cómo se sostienen los restantes sentidos a los que el niño debe apelar, los cuales al no poder ser sostenidos con la mirada, son intermitentes, dispersos, fragmentados (las voces van y vienen de la nada).
Un cuerpo dañado rompe la ley de alianzas. Un trabajo de duelo por el cuerpo imaginado y perdido será necesario, para no etiquetar al niño en un síntoma y permitir a los padres encontrarse con su hijo, y al niño con la realidad de su cuerpo.

Nota:
1) Psicoanálisis en problemas del desarrollo infantil. A. Terusalinsky y col.
    Edit. Nueva Visión, 1988.

  1. Agosto 11, 2008 a las 5:46 pm | #1

    Nuestro hijo, de solo 2 semanitas, ha nacido con micro anoftalmia y tenemos mucha nesecidad de informarnos sobre su educacion, fundaciones, asociaciones, en general todo el mundo relacionado a niños sin vista.

    Salvador

  2. Septiembre 9, 2009 a las 10:12 pm | #2

    Nuestra hija nacion con retinopatia del prematuro, nosotro como padres estamos preocupado por su educacion y a la ves de que alguna fundacion nos brinde su ayuda para darle ya una buena estimulacion temprana.

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